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La gran afluencia convierte el paraje de la Murta de Alzira en epicentro de los rescates aéreos

Concentra los fines de semanas un elevado número de senderistas, ciclistas o escaladores debido a su fácil acceso, incluso para familias

Miembros del GERA, durante un rescate en la Murta.

Miembros del GERA, durante un rescate en la Murta. / CPBV

Rubén Sebastián

Rubén Sebastián

Alzira

El paraje de la Murta y la Casella de Alzira se ha convertido en uno de los puntos que concentra más rescates aéreos de la geografía valenciana. Su accesibilidad y el hecho de que sea un entorno familiar generan una gran afluencia, especialmente los fines de semana. A mayor número de personas, crece también el riesgo de que se produzcan accidentes o extravíos.

Fue esta circunstancia, además de su ubicación aproximada en el centro de la provincia, lo que propició que la capital de la Ribera Alta se convirtiera en base permanente del Grupo de Rescate en Altura (GERA) del Consorcio Provincial de Bomberos a mediados de 2022.

Tras la pandemia, el paraje alzireño vivió un auténtico ‘boom’ de rescates. La necesidad de contacto con la naturaleza tras el confinamiento elevó el número de visitantes y, en consecuencia, crecieron los rescates. Sin embargo, «desde entonces se ha estabilizado», detalla Vicent Alapont, coordinador del GERA.

Por norma general, los rescatadores trabajan entre semana en accidentes en puntos de difícil acceso, como barrancos, y al llegar los fines de semana es la afluencia parajes de montaña la que puede movilizarles. «Aunque nos encanta nuestro trabajo, si alguien pasa por Tulell y ve que el helicóptero está en la base suele ser una buena señal», afirma Alapont. De media, realizan alrededor de tres intervenciones por semana a lo largo y ancho de la provincia.

Sin embargo, cuando no se encuentra allí, quiere decir que se ha producido una emergencia. Una persona desorientada o que se ha lesionado son los perfiles más habituales, aunque el bombero todavía recuerda que su primer rescate fue el de una persona que había sufrido un infarto en el Pas del Pobre. El helicóptero del GERA suele portar a seis profesionales: tres se quedan en el vehículo, un rescatador y un médico descienden desde el aire para ofrecer auxilio y un segundo rescatador podría desplegarse sobre el terreno si fuera necesario. Completada su labor, se traslada al afectado a la base, desde donde una ambulancia puede trasladarlo al hospital si así lo requiere la situación.

Las dos caras de la moneda

El hecho más evidente que sitúa la montaña alzireña entre los lugares con más rescates de la provincia es su fácil acceso. «Cualquiera, hoy en día, coge el coche, lo deja en el aparcamiento y se pone a pasear por la Murta. Es, de hecho, una actividad muy propia de las familias, sobre todo cuando llega el fin de semana. Aunque también atrae la atención de escaladores o ciclistas», expone Alapont, que añade: «A más personas, el riesgo de que suceda una situación de emergencia es mayor. Aunque, paradójicamente, esta circunstancia también evita muchas intervenciones. Si una persona o grupo se desorientan, es fácil que pasen unos minutos y se encuentren con alguien que les guíe».

Rescate en helicóptero, a la altura de l'Ouet.

Rescate en helicóptero, a la altura de l'Ouet. / CPBV

Pese a su accesibilidad, el experto establece una serie de recomendaciones que le daría a cualquiera que quiera adentrarse en este u otro paraje de montaña. Por un lado, «hay que ser realistas con las posibilidades de cada uno, que una persona vaya al gimnasio o salga a correr por el pueblo no quiere decir que esté preparado para ir por el monte». De igual modo, en salidas grupales, la ruta y el ritmo a seguir se deben adaptar a la persona menos capacitada. No es lo mismo si hay una persona mayor o un niño en la ecuación, que si no lo hay, por ejemplo.

Entre los consejos que Alapont considera que todo excursionista debe saber se encuentra, también, portar suficiente agua y ropa de abrigo «porque, aunque el clima sea suave, en la montaña hace frío si te pilla la noche». Llevar el móvil cargado y no utilizarlo para actividades superfluas es otra de esas cosas a tener en cuenta, aunque «llevar un aparato específico de GPS puede ser un gran aliado». Por último, «hay que avisar a un amigo o familiar de la ruta que se va a hacer y no cambiarla, para que tenga constancia».

El temor a la factura

La persona que se desorienta desempeña, aunque no lo sepa, un papel fundamental a la hora de facilitar el rescate. Un aviso a tiempo puede facilitar, y mucho, las cosas. «Ahora estamos en una época en la que hay menos horas de sol. Si te lo piensas mucho, se hace de noche y, si eso sucede, el helicóptero ya no vuela. Tendríamos que salir a pie y una labor de minutos puede convertirse en una de horas, con las consecuencias que eso puede tener para quien necesita socorro», argumenta Alapont.

Uno de los motivos que retrasa la llamada a los servicios de emergencias, como el mismo rescatador reconoce, es «el bulo de que luego se les va a pasar la factura». «Hay comunidades autónomas que sí cobran por un rescate en helicóptero, pero la nuestra no. Somos un servicio que está para atender la emergencia y, si la situación lo requiere, hay que pedir ayuda», concluye.

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