El joven de Gavarda que mantiene el vuelo de una tradición milenaria
El halconero de 19 años, Kiko Benavent, emplea sus aves en ámbitos como el control de plagas, la concienciación ambiental o la grabación de anuncios

Kiko Benavent durante la grabación del spot de la Real Federación Española de Balonmano. / Levante-EMV

«¿Cuándo me vas a llamar? Yo ahora me voy a cazar con las águilas y a dar un paseo por el campo, por lo que no regresará a casa hasta la noche». En tan solo veinte segundos de charla se puede apreciar la profunda pasión que el halconero y vecino de Gavarda, Kiko Benavent, tiene por sus aves. Su grave voz refleja su experiencia en la cetrería, pero, al observar sus fotografías, se revela a un joven de 19 años con las mismas inquietudes que cualquier otro adolescente. Sin embargo, este vecino ha cambiado los videojuegos y las consolas por una tradición milenaria a la que se entrega en cuerpo y alma.
Benavent se enamoró de las aves hace cerca de ocho años, pero fue con 15 años cuando decidió dar el paso y adquirir su primera ave para adentrarse en el mundo de la cetrería. «Primero estuve unos años estudiando y formándome para comprar la primera ave. No pude tener un ave antes porque no tenía tiempo ni recursos para ello, pero lo tenía en mente desde hacía bastante tiempo», explica. Y llegó la oportunidad y ese primer animal dio paso a las tres águilas, la lechuza y el halcón que posee actualmente. Para él, son «sus mascotas» y las cuida como su mayor tesoro, ya que se han convertido en un miembro más de su familia. Por ello, el poco tiempo del que dispone lo dedica íntegramente a estas aves. «Salgo muy poco de fiesta y hago algún viaje. Mi día a día es estudiar y estar con los animales, pero soy muy feliz», reconoce. Cada día les dedica en torno a tres horas. Añade: «Cada animal tiene su forma de ser y de volar, por lo que se manejan de manera distinta dependiendo del tamaño».
Benavent compagina su Formación Profesional en el ciclo de Gestión Forestal y Educación Ambiental con el cuidado de los animales con el objetivo de aplicar los conocimientos adquiridos al manejo de las aves, ya que, como él mismo reconoce, son fundamentales para generar conciencia entre la ciudadanía. «Despiertan mucho interés, sobre todo entre los niños, por lo que son muy utilizadas en algunas charlas y talleres ambientales», insiste.

Kiko Benavent junto a otros compañeros. / Levante-EMV
La profesión de halconero va, como él mismo reconoce, mucho más allá de las competiciones o exhibiciones. En palabras del joven, «el vuelo de las aves se puede gastar para muchas más cosas». Uno de los usos más desconocidos, pero bastante importante es la presencia de los halcones en aeropuertos. «La colisión de un ave con un avión puede tener consecuencias muy graves», reconoce el joven. El impacto de una bandada de palomas, cuervos, gaviotas o estorninos puede comportar que los pilotos deban llevar a cabo un aterrizaje de emergencia. «Creemos que estos impactos son inusuales, pero son más frecuentes de lo que pensamos», insiste. Para evitar estas situaciones es fundamental el papel del halconero. La presencia de este depredador y de su propietario puede disuadir a otras aves en el aeropuerto. «Hacemos vuelos disuasorios, que no duran más de 15 minutos, pero son muy efectivos», señala.
Los halcones también pueden alejar a este tipo de aves de otros terrenos, como los campos de fútbol o las fábricas de pienso. Como el propio halconero explica, «si una paloma o cualquier ave come pienso, puede acabar contaminándolo, por lo que si las águilas sobrevuelan este espacio, las aves terminarán huyendo».
El joven también utiliza sus animales para combatir plagas en la agricultura. Con solo una llamada, Benavent acude a cualquier campo con su águila para controlar la cantidad de conejos y evitar, así, daños en la cosecha.
Grabación de un «spot»
A pesar de la gran cantidad de usos y actividades en las que ha participado, Benavent recibió hace unos meses una llamada muy inesperada y especial. La Real Federación Española de Balonmano se puso en contacto con él para grabar el anuncio en el que animan a las «Guerreras» en su camino hacia el Mundial.
«Fue una casualidad enorme formar parte del anuncio ‘Entre la tierra y el cielo’. Soy miembro de la Asociación Española de Cetrería y Conservación de Aves Rapaces, por lo que me llamaron para ayudarles a volar las águilas», explica. Benavent enseñó a las jugadoras la fuerza y la belleza de estos animales. «Era la primera vez que participaba en un evento de estas características. Es complicado trabajar con animales y manejar el miedo, tanto de las aves como de las jugadoras, que no sabían cómo cogerlo», recuerda. Sin embargo, el joven reconoce que fue una gran experiencia y espera que lleguen nuevas oportunidades. «Es una afición muy sacrificada, pero también muy satisfactoria», concluye. A pesar de su breve edad, Benavent tiene muy claro cuál es su futuro. Él busca mantener el vuelo de una tradición milenaria.
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