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Análisis

Las acequias de Carcaixent: el laberinto que salvó del diluvio

Barranco de Gaianes lleno de agua 29 de diciembre de 2025.

Barranco de Gaianes lleno de agua 29 de diciembre de 2025. / J. González

Javier González Climent

Estudiante de Geografía, Universitat de València. Alzira.

El pasado 28 de diciembre de 2025 vivimos un episodio meteorológico excepcional para ser un mes de diciembre, con registros en la Ribera Alta superiores a 250 l/m² y una actividad de 2.057 rayos en la Comunitat Valenciana -cifra que superó el récord anterior de 2016-, 558 de ellos localizados en la comarca.

Hort de l’Àliga anegado tras el desbordamiento del Barxeta el 29 de diciembre.

Hort de l’Àliga anegado tras el desbordamiento del Barxeta el 29 de diciembre. / J. González

La situación fue especialmente crítica en la cuenca del barranco del Barxeta. Gran parte de la lluviasse acumuló en su cuenca hidrográfica. Recibió una cantidad masiva de agua de sus afluentes. Cuenta con un gran entramado de barrancos de pequeño tamaño procedentes principalmente del macizo del Realenc y, en menor medida, de la Serratella. Vivió una crecida extraordinaria, llegando a desbordarse en tramos de la Pobla Llarga y Cogullada. Fue un episodio “extraño” para el barranco, pues la mayoría de las inundaciones son provocadas principalmente por el Xúquer y sus desbordamientos.

Carretera de acceso a Cogullada anegada de agua el 29 de diciembre.

Carretera de acceso a Cogullada anegada de agua el 29 de diciembre. / J. González

Las acequias, mucho más que canales de riego

Tras un análisis del episodio, se puede observar que la red de acequias jugó un rol vital como infraestructura de seguridad ante inundaciones. En las zonas llanas de la comarca, estas redes milenarias no son solo canales de riego; funcionan como un complejo sistema de evacuación y laminación de agua de lluvias.

Su estructura ramificada es parecida a una red cardiovascular que distribuye el agua -que podría convertirse en escorrentía superficial-, evitando que grandes volúmenes de agua se dirijan de golpe al núcleo urbano o áreas periurbanas. Cobran especial relevancia los “escorredors” -escurrideros en castellano-, los cuales consisten en unos canales diseñados específicamente para recoger los excesos hídricos -de riego o lluvia- y dirigirlos hacia zonas de embalsamiento natural -como balsas o marjales- o bien barrancos -ejemplo es el escurridor de les Foies, que alimenta al barranco Cubella-. Además de su capacidad de transporte, el sistema tradicional fomenta la infiltración. Al distribuir el agua de manera controlada por los campos, se recargan los acuíferos y se reduce el caudal total que circula por la superficie.

Campo de Kakis totalmente anegado de agua al sur de Carcaixent.

Campo de Kakis totalmente anegado de agua al sur de Carcaixent. / J. González Climent

En el caso de Carcaixent, la ingeniería tradicional dirige en su mayoría estos excedentes hacia el Barranco de Barxeta o sus afluentes, el Cubella o Gaianes. Este entramado, donde la gestión del riego y la defensa contra inundaciones son dos caras de la misma moneda, es una joya de la ingeniería “blanda” ante inundaciones. El Barxeta se encuentra vinculado totalmente a la red de acequias (actuando incluso como acequia madre en algunos tramos), recibe caudales de la Acequia Comuna de l’Énova, la del Terç, la de la Coma, la de la Hueta, la Acequia de la Anguilera, la Acequia d’Algirós o la de la Orta. Esta constante aportación es lo que permite que, a diferencia de otros barrancos del término, el tramo final del Barxeta mantenga presencia de agua todo el año.

El asfalto contra la memoria del agua

Sin embargo, en las últimas décadas, la expansión urbanística acelerada en ciudades como Carcaixent, Alzira o València ha provocado una destrucción del patrimonio hidráulico. Hemos desvinculado el comportamiento original del territorio de su realidad actual, limitando la función protectora de las acequias al destruirlas o entubarlas. El resultado final es una red desarticulada que funciona de manera limitada en comparación con la función que desempeñaban hace siglos.

Hoy hablamos de la “infraestructura verde” como la panacea de la sostenibilidad, basada en el desarrollo de infraestructura simulando la naturaleza. Pero, no valoramos aquella infraestructura que tenía un comportamiento similar desarrollado por nuestros antepasados. La eficacia de las acequias actualmente es frágil: depende de un mantenimiento constante. El abandono del campo y la presión urbanística han convertido, en algunos puntos, una herramienta de protección en un obstáculo que provoca desbordamientos imprevistos.

Camí Fondo de Cogullada, anegado de agua el 29 de diciembre de 2025.

Camí Fondo de Cogullada, anegado de agua el 29 de diciembre de 2025. / Javier González Climent

Una urgencia de seguridad civil

Es cierto que, ante episodios de magnitud catastrófica, como la fatídica dana del 29 de octubre, supera el umbral de funcionamiento de esta infraestructura, viéndose superada. Esto impide el desagüe de manera sostenible del agua. Pero ante las lluvias torrenciales, la red de acequias es nuestra primera y mejor línea de defensa en la huerta de València.

La recuperación de este patrimonio es una urgencia de seguridad y valorización de lo nuestro. Los futuros Planes Generales de Ordenación Urbana deben dejar de ver las acequias como una línea en un mapa que se puede borrar y empezar a tratarlas con respeto. Entender y proteger este legado milenario no es mirar al pasado, es la única forma inteligente de asegurar nuestro futuro.

Javier González Climent.

Javier González Climent. / Levante-EMV

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