Opinión
Yo sí te creo: El compromiso socialista frente al acoso

Paco Martí. / Levante-EMV
Paco Martí Furió
"Yo sí te creo". Estas cuatro palabras no son un simple eslogan de mi partido, el PSOE; son un imperativo ético frente a la hostilidad del machismo. Cuando una mujer decide quebrar el hermetismo de su dolor, se activa un compromiso que trasciende la retórica. No esperamos al veredicto de los tribunales ni al atestado policial para actuar: la suspensión de militancia y la exigencia de dimitir de cualquier cargo público son los mecanismos inmediatos de una organización que entiende que la justicia social es inexistente sin el feminismo.
La ley es clara: la víctima tiene derechos y debe ser protegida desde el primer momento. No por ideología, sino por justicia social y por una deuda histórica con quienes han sido ignoradas durante demasiado tiempo.
Cuando una mujer denuncia acoso o vejaciones, no lo hace a la ligera ni por impulso. Detrás de esa decisión suele haber noches sin dormir, miedo a las consecuencias, dudas constantes, presión social y un profundo desgaste emocional. Denunciar implica romper el silencio, exponerse, revivir el daño y asumir el riesgo de no ser comprendida. Hace falta una enorme fortaleza para dar ese paso.
Por eso la normativa vigente sitúa a la mujer en el centro, reconociendo su derecho a ser escuchada, acompañada, cuidada y defendida, incluso antes de que exista una resolución judicial firme. La protección temprana no es una condena anticipada, es una red de seguridad necesaria para evitar más sufrimiento y posibles represalias.
Desde el PSOE, partido en el que milito, la defensa de la víctima ha sido siempre una prioridad. Lo ha sido en las leyes impulsadas desde un Gobierno progresista, con avances que han permitido visibilizar el acoso, reforzar la prevención y garantizar que las mujeres no estén solas cuando deciden hablar.
Como socialistas, tenemos una máxima clara: "Somos socialistas porque somos feministas". Por ello siempre debemos actuar con responsabilidad política que significa anteponer la dignidad de quien sufre frente a cualquier cálculo o comodidad.
Habrá quien invoque la presunción de inocencia, y con razón en el ámbito penal. Pero ese principio no puede convertirse en una excusa para desproteger a la víctima ni para retrasar el apoyo que necesita. La ley prioriza su bienestar porque el daño ya existe y porque el silencio siempre ha jugado en su contra.
Duele especialmente cuando una mujer no recibe respaldo en su entorno político o laboral, y más aún cuando el silencio llega desde otras mujeres por intereses, miedos o conveniencias. Ese abandono también hiere.
Creer a la víctima es un acto de humanidad. Defenderla es una obligación democrática. Y hacerlo, como defendemos desde el PSOE, es el único camino para construir una sociedad más justa, más decente y verdaderamente igualitaria.
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