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El privilegio real que aún llena los cotos de la Ribera Baixa

Sueca y Cullera concentran la tradición de las cábilas, que permite cazar durante una semana tras el cierre oficial de las tiradas de aves acuáticas

Estas últimas jornadas cinegéticas están estrechamente vinculadas a la gastronomía de la marjal

Los cazadores disfrutan en la semana de cábilas de su afición y de la gastronomía.

Los cazadores disfrutan en la semana de cábilas de su afición y de la gastronomía. / Levante-EMV

Joan Gimeno

Joan Gimeno

Cullera

La semana de cábilas dio comienzo el sábado, inmediatamente después de la última tirada de aves acuáticas en los acotados de la Ribera Baixa. Se trata de una práctica con origen en un antiguo privilegio real, concebido para permitir el acceso a la caza a aquellos aficionados que no podían optar a la subasta de los puestos oficiales.

Municipios como Sueca y Cullera, con una larga tradición cinegética ligada a la marjal y al entorno de l’Albufera, vuelven a ser el principal escenario de esta semana especial, que se desarrolla una vez cerrado el calendario oficial de tiradas. Durante estos días, los cazadores pueden acceder a los vedados sin el sistema habitual de subasta ni la estructura de las jornadas regladas.

La conocida popularmente como Setmana de Cábiles hunde sus raíces en concesiones otorgadas a finales del siglo XVIII, cuando la caza estaba reservada a quienes podían asumir el coste económico de los derechos cinegéticos. Aquella autorización excepcional buscaba equilibrar el acceso a los recursos durante un periodo limitado y con el tiempo se consolidó como una tradición que ha llegado hasta nuestros días, integrada en la normativa vigente.

En Sueca, uno de los principales referentes cinegéticos de la Ribera Baixa, las cábilas mantienen un marcado componente social y familiar. Grupos de cazadores aprovechan estos días para reunirse en las casetas del vedado y cerrar la temporada en un ambiente más distendido, alejado de la presión de las tiradas oficiales, las cuales no han tenido el nivel de caza esperado pero que en Sueca se han considerado como buenas. 

Una situación similar se vive en Cullera, donde la caza de aves acuáticas forma parte del paisaje cultural y de la memoria colectiva del municipio. La semana posterior a las tiradas supone un punto de encuentro para los aficionados locales y un momento clave para poner fin a la temporada en los acotados tradicionales.

Más allá del aspecto estrictamente cinegético, las cábilas están estrechamente vinculadas a la gastronomía de la marjal, con comidas colectivas en las que se elaboran platos tradicionales a partir de las capturas, junto a productos característicos del entorno húmedo.

La semana de cábilas ha servido tradicionalmente para dar a conocer a los aficionados y a los invitados que se acercan una gastronomía especial como es la de la marjal con algunos platos que surgen en esta zona y especialmente en este periodo. Una combinación idílica dicen la de la caza con la gastronomía que hace que los cazadores se sientan durante esta semana como unos privilegiados.

Con el inicio de las cábilas, Sueca y Cullera vuelven a situarse en el centro de una tradición que marca el final de la temporada de caza de aves acuáticas en la Ribera Baixa, combinando historia, costumbre y una fuerte carga identitaria para el territorio.

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