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Vecinos de Cullera critican la instalación de un pipicán junto a sus casas

Residentes en la calle Almirante alertan de malos olores "insoportables e insostenibles"

El ayuntamiento defiende que la creación de una zona canina controlada permitirá un seguimiento más eficaz de la limpieza y anuncia que en breve se pondrá en marcha el control de ADN de mascotas

El pipicán que ha generado malestar entre los residentes.

El pipicán que ha generado malestar entre los residentes. / Joan Gimeno

Joan Gimeno

Joan Gimeno

Cullera

Vecinos de las denominadas fincas rojas y de edificios colindantes de Cullera han expresado su malestar por la instalación de un pipicán en un jardín próximo a las viviendas de la calle Almirante, una actuación municipal que, según aseguran, está generando “molestias constantes” en el entorno residencial.

Los residentes afirman que los malos olores derivados del uso del espacio para perros se han vuelto “insoportables e insostenibles”, una situación que, indican, se agrava con las altas temperaturas y la escasa distancia entre la zona habilitada para mascotas y las fachadas de los edificios. “Tenemos las ventanas prácticamente encima y el olor entra directamente en casa”, señalan algunos de los afectados, que consideran que la ubicación elegida “no es la más adecuada” para este tipo de equipamientos urbanos.

El vecindario subraya además el cambio de criterio que, a su juicio, se ha producido en pocos meses. “Hemos pasado de ver un cartel de prohibido entrar perros en el jardín a tener un pipicán en el mismo espacio”, explican, mostrando su desconcierto por la transformación del uso de la zona verde.

Aun así, los vecinos reconocen que la instalación puede ajustarse a la legalidad vigente en materia de espacios públicos y áreas caninas. Sin embargo, recalcan que el cumplimiento normativo no evita el problema de convivencia que, según relatan, están sufriendo a diario. “No cuestionamos que sea legal, lo que decimos es que aquí está generando un perjuicio claro a quienes vivimos alrededor”, apuntan.

Los residentes insisten en que su postura no es contraria a la existencia de espacios para perros en la ciudad, sino a su ubicación concreta. Por ello, la principal petición que trasladan es el traslado del pipicán a otro punto donde cause menos impacto en el vecindario. “Solo pedimos que se busque un lugar donde moleste menos. No queremos enfrentamientos con nadie”, subrayan.

Asimismo, lamentan la falta de interlocución con el consistorio. Según indican, han intentado concertar una reunión con el alcalde de Cullera para exponer la situación de primera mano, pero hasta la fecha no han obtenido respuesta. “Necesitamos que nos escuchen y que vean el problema sobre el terreno”, reclaman.

Entre las posibles soluciones, los afectados plantean no solo el cambio de ubicación, sino también medidas intermedias mientras tanto, como un refuerzo de la limpieza, tratamientos específicos para neutralizar olores o mejoras en el mantenimiento del recinto.

La respuesta municipal

Por su parte, desde la concejalía de Bienestar Animal defienden la actuación y aseguran que el proyecto se ha desarrollado teniendo en cuenta criterios técnicos. Según explican fuentes municipales, la ubicación del pipicán se ha valorado conjuntamente con el área de Salud Pública para garantizar la salubridad del espacio.

El concejal de Bienestar Animal, Víctor López, ha señalado que a los vecinos que se han acercado a la zona de obras se les ha ido informando de las actuaciones previstas, que, según indica, buscan regularizar un espacio que se encontraba degradado. En este sentido, advierte de que “se está cayendo en la desinformación y el alarmismo”, al tiempo que subraya que la creación de una zona canina controlada permitirá un seguimiento más eficaz de la limpieza.

Para ello, el ayuntamiento prevé contratar personal específico encargado de realizar tareas periódicas de limpieza en el recinto, además de reforzar el mantenimiento de los jardines y la instalación de papeleras. El objetivo, según López, es aumentar la salubridad del entorno, evitar la acumulación de excrementos y proteger tanto la salud de los animales como la de las personas usuarias del espacio público.

El edil también ha indicado que el área será objeto de vigilancia por parte de la Policía Local, que realizará visitas periódicas para comprobar el cumplimiento de la normativa. Además, ha avanzado que en un plazo breve se pondrá en marcha el ADN canino local, una herramienta que permitirá identificar a los propietarios de los perros y sancionar a quienes no recojan los excrementos o incumplan la ordenanza.

López ha concluido señalando que en otros municipios donde se han implantado este tipo de áreas caninas “han resultado un éxito”, y que el Ayuntamiento de Cullera apuesta por dotarlas de un servicio de limpieza regular para transformar un espacio hasta ahora degradado en una zona acondicionada y controlada.

El concejal ha manifestado su predisposición para entrevista se con todos aquellos vecinos qué así lo deseen, en presencia de los técnicos municipales, para poder aclarar cualquier duda al respecto del proyecto.

La situación vuelve a poner sobre la mesa la complejidad de encajar los distintos usos del espacio público en zonas residenciales consolidadas, donde la convivencia entre equipamientos urbanos y el descanso vecinal requiere planificación, diálogo y consenso.

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