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Cien años de paellas frente al mar en Cullera

La histórica arrocería Ulises Piga nació como barracón de playa en 1926, se transformó en restaurante con el desarrollo turístico de los años sesenta y mantiene un siglo después su tradición culinaria

La terraza del restaurante llegaba hasta la arena antes de la construcción del paseo marítimo.

La terraza del restaurante llegaba hasta la arena antes de la construcción del paseo marítimo. / Levante-EMV

Joan Gimeno

Joan Gimeno

Cullera

Cullera no se entiende sin su playa y su playa tampoco se entiende sin el aroma de una paella recién cocinada. Esa relación entre mar, fuego y arroz cumple este año un siglo de historia en uno de los establecimientos más emblemáticos del municipio: el restaurante Ulises Piga, conocido en sus orígenes como Casa Piga, celebra 100 años cocinando frente al Mediterráneo.

Una imagen histórica del establecimiento.

Una imagen histórica del establecimiento. / Levante-EMV

 Su historia se remonta a 1926, cuando en la playa de San Antonio aún no existía el actual Paseo Marítimo y el paisaje estaba dominado por arena, barracas y veraneantes que empezaban a descubrir Cullera como destino estival. Allí, a pie de playa, la familia ya cocinaba paellas y arroces a leña para visitantes y bañistas, en una escena que hoy forma parte de la memoria colectiva de la localidad.

Paellas sobre la arena

En sus primeros tiempos, la actividad se desarrollaba literalmente sobre la arena. Cada temporada se montaba y desmontaba un barracón de madera, una construcción sencilla pero llena de vida que se convertía en punto de encuentro de veraneantes y vecinos.

El restaurante se ha caracterizado tradicionalmente por cocinar las paellas a leña.

El restaurante se ha caracterizado tradicionalmente por cocinar las paellas a leña. / Levante-EMV

La filosofía era clara y directa, como la cocina de la época: producto fresco y proximidad absoluta. En el propio recinto se criaban pollos y conejos vivos, y eran los propios clientes quienes elegían el animal que se utilizaría para su paella. Aquella forma de cocinar, hoy impensable desde el punto de vista logístico, simbolizaba una relación directa entre producto, cocinero y comensal, y consolidó la fama de la casa como sinónimo de autenticidad.

Un grupo de comensales disfrutan de una paella en Casa Piga.

Un grupo de comensales disfrutan de una paella en Casa Piga. / Levante-EMV

El humo de la leña, el sonido del mar de fondo y las paellas al fuego definieron durante décadas la identidad del negocio, ligado desde el principio al ritmo de los veranos y al crecimiento turístico de Cullera.

De barracón a edificio emblemático

El gran punto de inflexión llegó en 1962, cuando se construyó el edificio donde hoy se ubica el restaurante. Aquella obra supuso la consolidación definitiva de un proyecto familiar que ya era conocido entre generaciones de visitantes habituales de la playa de San Antonio.

Desde entonces, Ulises Piga ha vivido la transformación de Cullera: del veraneo de mediados del siglo XX al turismo moderno, del chiringuito estacional al restaurante de referencia. Sin embargo, el establecimiento ha sabido evolucionar sin romper con su esencia, manteniendo como eje central la cocina arrocera tradicional.

Una imagen antigua de la fachada del local.

Una imagen antigua de la fachada del local. / Levante-EMV

Aunque en la actualidad ya no forma parte del Club de Producto gastronómico Artesanos del Arroz, sí fue uno de sus impulsores fundacionales, reflejo de su papel histórico en la defensa y promoción de la cultura del arroz en la ciudad.

Un siglo de tradición arrocera

Cien años después de aquellas primeras paellas sobre la arena, Ulises Piga continúa siendo un referente gastronómico en Cullera. Su propuesta sigue girando en torno a los arroces valencianos, a los productos del entorno y a una forma de entender la restauración donde la historia pesa tanto como la carta.

El restaurante representa una parte viva del patrimonio inmaterial del municipio: la tradición de cocinar arroz junto al mar, la transmisión familiar del oficio y la vinculación entre gastronomía y territorio. Porque en Cullera, donde el mar marca el horizonte, hay lugares que no solo dan de comer: cuentan la historia de cómo se ha vivido. Y Ulises Piga lleva un siglo contándola, plato a plato, frente a las olas.

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