Semana de la Economía de Alzira: "La empresa tiene que evolucionar; la que no lo hace, muere"
El CEO de Anitín Panes Especiales, Agustín Blay; Frank Mateu, CEO de Pimat, una empresa de Alberic que ha evolucionado de la pintura a los aislamientos; el CEO de Sofás Valencia, también de Alberic, Álvaro Murillo y el de JJ Matriz Capital, José Manuel Costa, exponen sus experiencias sobre emprendimiento

Agustí Perales Iborra

“De 0 a 100”. Bajo ese lema, cuatro empresarios de la Ribera han expuesto sus experiencias sobre emprendimiento en la tercera jornada de la Semana de la Economía de Alzira. Los ponentes fueron el CEO de Anitín Panes Especiales, Agustín Blay; Frank Mateu, CEO de Pimat, una empresa de Alberic que ha evolucionado de la pintura a los aislamientos; el CEO de Sofás Valencia, también de Alberic, Álvaro Murillo; y el de JJ Matriz Capital, José Manuel Costa.
Todos ellos han hablado de sus inicios en el mundo empresarial. Mateu ha asegurado ser un auténtico “kamikaze” y que eso le condujo al emprendimiento. “Cuando decides emprender, no lo haces solo por el éxito económico. Encuentras la realización a partir de aportar algo a la sociedad, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de empresas no dura más de cinco años”.
En tono humorístico, Blay ha asegurado que, desde niño, “siempre había querido ser rico”. No obstante, Anitín no se creó de la noche a la mañana. “Es cierto que yo no veía el riesgo en aquella época. Sí que tenía ilusión y, a pesar de que he sido muy pesimista, adquirí una actitud mental más positiva con el tiempo. Pero empecé sin dinero, hipotecando la casa de mis padres y con la confianza que me prestaron algunas personas para, por ejemplo, conseguir una nave”, ha indicado.
Crisis
Costa, por su parte, ha recordado que la crisis de 2008 le pilló de vacaciones y vio en ella una oportunidad. “Sin ella, no habría sido empresario. Yo llegué a ser directivo de una multinacional, me fui a las Maldivas y cuando volví no quedaba nada. Y, pese al escenario, decidí apostar por crear una consultoría inmobiliaria, consciente de que, si superaba aquel momento, estaría bien posicionado para el futuro”, ha explicado.

Un instante de la conferencia. / PERALES IBORRA
Murillo, en cambio, ha subrayado que la suya es una historia de necesidad. “El inicio del camino fue supervivencia pura y dura. Yo tenía que vender sí o sí para que mi familia no perdiera sus posesiones, salvar lo poco que teníamos. Pero cuando entré en el sector me gustó. Pasé de hacer casi de todo a ahora poder delegar. De hecho, no sabría cómo fabricar un sofá, pero vendo muchísimos cada año porque sí he sabido delegar y gestionar para que cada persona esté en su sitio y todo funcione”, ha apuntado.
Aunque los suyos son claros casos de éxito empresarial, rehúyen del concepto. “Para mí, el único éxito es levantarte cada día y hacer lo que te gusta”, ha señalado Blay. Todos han coincidido también a la hora de señalar tanto las dificultades que existen para encontrar mano de obra especializada como el hecho de que saber adaptarse a las circunstancias es clave para la supervivencia de los proyectos. “La empresa es la que tiene que evolucionar; la que no lo hace, muere”, ha recalcado Costa.
Remembranzas de la pandemia
Los cuatro ponentes han tenido también un momento para rememorar cómo les fue durante la irrupción de la pandemia. “Nosotros, por suerte, la vimos venir. Tenemos mucho negocio en Italia y, cuando nos enteramos de cómo estaba la cosa allí, nos preparamos para ello”, ha recordado Blay. A Mateu, en cambio, el COVID-19 no le llegó en el mejor escenario: “Me acababa de gastar todo lo que tenía en una escuela privada y, claro, si no abrías, no podías ingresar. Pero tú sabes que todo son ciclos y, ahora, tenemos lista de espera para entrar”.
En el caso de Costa y su línea de negocios, la clave para superar aquella época de incertidumbre se encontró en “proteger la caja”. “Es cierto que no sabíamos muy bien qué hacer o cómo actuar, así que lo primero fue aprovisionarnos bien y recortar gastos para poder salir adelante”, una afirmación en la que el resto ha coincidido.
Murillo, por su parte, recordaba, con cierto humor también, cómo vio una doble oportunidad: “Sabía que había que aguantar como fuera; pensamos que, con tantos meses con todo el mundo encerrado, los chiquillos acabarían destrozando los sofás de casa y nos llegaría el momento. Efectivamente, la demanda creció. Mientras, nos tuvimos que reinventar. Buscamos patrones por internet y nos pusimos a hacer mascarillas con las telas que teníamos”.
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