La Ribera
De Paraguay al corazón de las Fallas de València: El guaraní se abre paso en los talleres falleros
Alcides Galeano ha creado en Alzira una cantera al introducir en la profesión a una treintena de compatriotas que en la actualidad trabajan por toda la provincia

Agustí Perales Iborra
El paraguayo Alcides Galeano llegó a Alzira hace prácticamente dos décadas en busca de una vida mejor. Desde el momento que vio las fallas en la calle se sintió atraído por esas composiciones de cartón-piedra, pero nunca pudo imaginar que, con el tiempo, no sólo regentaría un taller dedicado a la construcción de monumentos falleros sino que, además, abriría la puerta de la profesión a decenas de compatriotas pese a las diferencias culturales, que llegan sin ningún conocimiento de esta tradición y a los que les cuesta entender que trabajan en algo destinado a ser consumido por el fuego.

Alcides Galeano, en su taller, junto a uno de sus trabajadores de origen paraguayo. / Perales Iborra
Galeano cuenta en el equipo que actualmente trabaja en su taller con dos trabajadores paraguayos con los que comparte el guaraní, una lengua de origen indígena que es oficial en Paraguay, donde su uso está muy generalizado, pero no duda en cifrar en más de 30 los paraguayos asentados en Alzira a los que ha introducido en el oficio que hoy trabajan por talleres de artistas falleros de toda la provincia, muchos de ellos de primer nivel.
“Creo que soy como una escuela para los paraguayos, cuando me piden ayuda les digo que vengan porque sé lo que cuesta empezar cuando llegas a otro país. Les enseño primero a hacer las cosas más básicas y cuando algún artista me dice que le hace falta gente se los envío”, comenta Galeano, que destaca que no es el único artista fallero paraguayo que trabaja en Alzira, ya que Néstor Ruiz, que formó parte del equipo de Julio Monterrubio, es compatriota suyo y sigue dedicado a las Fallas, mientras que este año firma su primer monumento, el infantil de la Plaça Germanies de Alzira, un artista que ha pasado por su taller: Édgar Quiñónez.

Juan Carlos Mendoza ha aprendido el oficio en el taller de Alcides. / Perales Iborra
Galeano constata que actualmente hay escasez de mano de obra en el sector: “Faltan carpinteros, escultores, hay gente que estudia, pero no acaba de dar el paso porque es un trabajo muy sacrificado. Los paraguayos, además de empapelar, echar gota o lijar, han ido asumiendo trabajos de carpintería, de escultura, soldadura… hacen todas las facetas de una falla. Lo único que nos faltaría es la pintura”, comenta.
Juan Carlos Mendoza es un paraguayo de 34 años que trabaja en el taller de Galeano. Llegó a Alzira hace tres años y otros compatriotas le pusieron en contacto con el artista fallero, que este año plantará nueve monumentos grandes en Alzira, Gandia, Cullera, Xàtiva, Carcaixent, Algemesí o Castelló. “Él me ha dado la oportunidad de aprender y aquí estamos. He aprendido un poco de todo, carpintería, a empapelar, lijar, dar color… y luego entran los profesionales”, señala, mientras asegura que le gusta la profesión y también le gustaría en un futuro aprender a pintar. Mendoza no oculta la sorpresa que representa para él que las fallas se construyan para quemarlas. “Al principio no me gustaba ver que tu trabajo se quema, pero Alcides me enseñó que es una falla y se tiene que quemar para hacer otra”, relata.

Galeano, a la derecha, junto a otro de los trabajadores con los que comparte el guaraní. / Perales Iborra
Alcides Galeano se declara un enamorado de las Fallas y de su trabajo y las emociones que siente afloran cuando habla de sus obras. Lleva apenas cuatro años como autónomo con taller propio, pero con anterioridad había trabajado y/o colaborado con numerosos artistas. “Llegué al mundo de las fallas gracias a un vecino. Yo trabajaba en el campo cuando llegué a Alzira, un día me preguntó si me gustaban las Fallas y yo le dije que me encantaban. Entonces me dijo que conocía a la persona adecuada con la que podía entrar a trabajar y empecé en el taller de los hermanos Parra”.
En el taller de Iván y Roberto Parra, prosigue, Rosa Pérez fue su “profesora artística”. En el taller de los Parra trabajó durante catorce años. “Pero llegó la pandemia y me tuve que ir a Villamarxant con David Sánchez Llongo, luego estuve con Paco Torres… conozco prácticamente al 95 % de los artistas y he colaborado con muchos, lo que me ha permitido ir conociendo la profesión y aprender técnicas de unos y otros que me podían servir en mi taller”.
Alcides Galeano admite que resulta sorprendente la presencia de trabajadores de otro país en una tradición tan específica como son las Fallas, aunque señala que, posiblemente, los artistas valencianos son más conscientes de la complicada situación que vive el sector y de las dificultades para mantener abierto un taller. “Los materiales son muy caros, hay que hacer muchos números y trabajar mucho para mantenerte. Los trabajadores del taller tienen su sueldo, pero a los autónomos nos cuesta”, confiesa.
Cuando repasa mentalmente sus primeros momentos en Alzira reconoce que, impresionado por las fallas, se decía a sí mismo que algún día podría hacer alguna, “pero no esperaba nunca tener mi taller”. “Ahora que lo tengo soy yo el que saco a la calle estas obras de arte, porque las fallas son como un cuadro, callejero, pero una obra de arte que ves con alegría. Al principio me costó entender que una cosa tan bella se quemara, cuesta explicarlo a los que vienen de fuera, pero yo les digo que ni no se queman el año siguiente no tendremos trabajo”, bromea.
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