Opinión
La dejadez en la Urbanización Lloma Molina de Catadau

Zahorra amontonada en algunos viales. / Levante-EMV
Carlos Sánchez Moya
Algunos vecinos que residimos en la Urbanización Lloma Molina (Catadau) estamos hartos de sufrir a diario las deficiencias de la urbanización, año tras año, por la dejadez y la falta de mantenimiento por parte del Ayuntamiento de Catadau.
Han pasado muchos años —unos 50 años— desde que el ayuntamiento de la época empezó a vender parcelas. Y desde entonces, lo que deberían ser calles en condiciones (y todo lo demás) se ha ido quedando atrás. Hay socavones por todas partes. El alumbrado público es insuficiente o está mal. Los desbroces y la limpieza —especialmente en las zonas donde están los contenedores— dejan mucho que desear. El cableado de telefonía (además de obsoleto) cuelga a una altura peligrosa para los vehículos. Falta vigilancia para evitar ocupaciones. Y la presencia de la Policía Local es prácticamente nula cuando se trata de controlar la velocidad excesiva.
Las cosas se arreglan a medias… y a veces ni eso. Se parchea con soluciones poco eficientes, con un gasto de dinero que parece un despilfarro, porque los baches vuelven a aparecer con las siguientes lluvias.
Ahora, además, con la excusa de la DANA y enmascarando el problema de fondo, llevamos meses viendo montones de zahorra acumulados en las calles. Aproximadamente cuatro meses. Están ahí, dificultando todavía más un tránsito que ya era complicado, sin que se ejecute ningún trabajo real. Y mientras tanto, la situación empeora.

Estado de algunos de los caminos. / Levante-EMV
Tras muchas reuniones con el equipo de gobierno actual, y también con los anteriores, vemos cómo pasa el tiempo y la urbanización se deteriora cada vez más. No se destinan medios económicos suficientes. Se anuncian planes de asfaltado que no se ejecutan, con el coste que eso supone (y el dinero desaprovechado). Y, por si fuera poco, los Planes Generales de Ordenación han trastocado parte del trazado: calles que pasan de urbano a rústico y viceversa, cañadas reales donde se ha permitido construir… y otras medidas que no han tenido en cuenta la opinión de una gran parte de vecinos y propietarios.
Da la sensación de que solo se escucha, al menos aparentemente, a la asociación de vecinos existente, que además gestiona el agua potable de la urbanización. Pero cada vez menos vecinos nos sentimos representados por esa asociación frente al consistorio, porque parece alinearse para que las cosas sigan igual (o peor), en lugar de empujar para avanzar y tener, con el paso del tiempo, una urbanización más digna. No al revés.
Todo esto hace que Lloma Molina sea una urbanización deficitaria. Y lo que más duele es que distintos equipos de gobierno —el actual y los que han pasado— no se tomen en serio esta parte del municipio ni cumplan con obligaciones que deberían ser inherentes a quien gestiona presupuestos públicos. Porque los propietarios de la urbanización también somos partícipes de esos presupuestos, pero vemos que nunca se reinvierte aquí la parte que corresponde.
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