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Un Mercado de Abastos olvidado en Alzira

Paco Martí

Paco Martí / Levante-EMV

Paco Martí Furió

Militante socialista

¿Somos realmente conscientes en Alzira y en toda la Ribera del Xúquer de lo que representa un mercado comarcal de abastos?

No hablamos solo de un edificio, sino de una pieza clave para sostener el comercio de proximidad, la economía rural y la dignidad de quienes trabajan la tierra.

Una imagen del interior del Mercado de Abastos de Alzira, este miércoles.

Una imagen del interior del Mercado de Abastos de Alzira, este miércoles. / Levante-EMV

Hace más de cuatro décadas, una corporación municipal socialista tuvo la visión de trasladar el mercado al polígono industrial, en un enclave estratégico y bien comunicado, para que agricultores, minoristas, bares y restaurantes contaran con un punto logístico donde intercambiar productos frescos, recién recolectados. Aquella iniciativa fue moderna, útil y pensada en clave comarcal.

Hoy, tras el avance imparable de las grandes superficies, ese modelo necesita respaldo institucional. Las cadenas han reducido el peso de los mercados tradicionales, aunque todavía sobreviven gracias a fruterías, tenderos y hosteleros que apuestan por género cercano. Ellos permiten que el pequeño productor mantenga margen, identidad y futuro.

Sin embargo, el Mercat d’Abastos de Alzira, además de estratégico, fue uno de los edificios públicos afectados por la dana en el municipio. Y aquí llega la parte más incómoda: según mis informaciones, ni el Ayuntamiento de Alzira, ni la Generalitat, ni la Diputación han liderado con determinación la solicitud de inversiones para su rehabilitación integral.

Se habla con frecuencia de proteger al agricultor y de blindar el producto de proximidad, pero cuando toca gestionar ayudas europeas, estatales o autonómicas, el compromiso parece diluirse.

El mercado no es un negocio particular; es un bien común imprescindible. Necesita una reforma estructural, actualización de instalaciones y una estrategia ambiciosa en el nuevo pliego de condiciones. Resulta paradójico que responsables públicos que conocen de primera mano el impacto de las grandes superficies no impulsen con mayor firmeza este proyecto.

Si no se actúa con urgencia y visión de futuro, los agricultores de la Ribera Alta quedarán a merced de los gigantes comerciales. Sin un centro de distribución comarcal renovado y apoyado con recursos públicos, el campo irá apagándose lentamente. Y cuando desaparezca, ya será tarde para discursos.

Los propios asentadores están muy preocupados y no debe permitirse que este espacio histórico y funcional cierre sus puertas por dejadez administrativa o por falta de voluntad política.

Su desaparición supondría un golpe casi irreversible para centenares de familias que viven directa o indirectamente del campo. Mantenerlo activo es defender empleo, tradición, soberanía alimentaria y equilibrio territorial.

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