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Tres perros atacan a un ciclista en Alzira: “Era como un documental de lobos que van en manada a por un ciervo, pero el ciervo era yo"

La persecución se prolongó unos 800 metros por les Valletes de Gallo tras una mordedura inicial en un muslo

"Claro que temí por vida, no sé qué me hubiera pasado si los perros me tiran al suelo o si me llegan a bloquear las piernas”

Una motocicleta circula por uno de los caminos de la urbanización Valletes de Gallo, en una imagen de ayer.

Una motocicleta circula por uno de los caminos de la urbanización Valletes de Gallo, en una imagen de ayer. / Perales Iborra

Alzira

“Tuve mucha suerte, me empeciné en escapar y, gracias a Dios, lo conseguí. Era como un documental de lobos que van en manada a por un ciervo cada uno por un lado, pero en este caso el ciervo era yo. Claro que temí por vida, no sé qué me hubiera pasado si los perros me tiran al suelo o si me llegan a bloquear las piernas”. Es el testimonio de un ciclista aficionado de Alzira que sufrió un ataque de tres perros cuando se ejercitaba por los caminos de les Valletes de Gallo. La secuencia duró poco más de un minuto, en el que recorrió los 800 metros más angustiosos de su vida. El parte de lesiones físicas se reduce afortunadamente a un desgarro por una mordedura inicial de un mastín en un muslo, que ha tardado un mes en curar tras haberse infectado la herida, pero la enorme tensión vivida le dejó algunas secuelas como ansiedad, pesadillas o tener que recurrir a tranquilizantes para dormir en los días posteriores. Pudo ser peor.

Herida que le provocó la mordedura sufrida.

Herida que le provocó la mordedura sufrida. / Levante-EMV

S. C. G., de 58 años, relata que el ataque se produjo cuando circulaba por un camino de les Valletes de Gallo el pasado 6 de enero. Acababa de pasar por la puerta de un chalet en el que tres perros se agolpaban muy nerviosos ladrando contra la valla a su paso. “Yo seguí y, cuando habían pasado unos 30 segundos y ya ni me acordaba de los perros, al llegar a una pequeña subida, me alcanzaron por detrás, en silencio, y un mastín enorme de unos 60 kilos me mordió en el muslo derecho. No entiendo cómo se escaparon porque cuando paso por delante el chalet estaba cerrado”, relata el ciclista, que inició en ese momento un intento de huida con momentos de auténtico pánico, hasta que alcanzó la carretera de salida de la urbanización, en la que con la pendiente a favor pudo dejar atrás a los perros.

"No sabía que era un perro"

“Cuando me dio el mordisco no sabía que era un perro, pensaba que era una rama o algo, pero a girarme lo vi e intenté apartarme”, recuerda el ciclista, mientras explica que empezó a pedelear “todo lo fuerte que podía”, pero en un camino de subida no podía alejar a los perros en ese primer tramo. “Un perro que parecía un Husky se me ponía por delante intentando evitar que pudiera avanzar y otro mastín algo más pequeño, de unos 40 kilos, me entraba por la izquierda y con las patas intentaba pararme. Tenía miedo de que me mordieran las piernas y me bloquearan de forma que no pudiera seguir pedaleando, porque si paraba estaba perdido”, expone S.C.G.

"Tenía miedo de que me mordieran las piernas y me bloquearan de forma que no pudiera seguir pedaleando, porque si paraba estaba perdido”

En esa huída optó por embestir al perro que le cerraba por delante, que se apartó, lo que le permitió ganar unos metros antes de volver a situarse ante él, por lo que el ciclista volvió a repetir la maniobra varias veces. “En esos primeros 200 metros los llevaba bajo de la bici prácticamente, era inexplicable, veía los colmillos de los tres debajo de mi y en esa huida casi me caigo”, señala, mientras expone que su larga experiencia en la conducción de motocicletas y como ciclista le ayudó a mantener el equilibro y evitar peores consecuencias.

“Fue todo muy rápido, en cero coma… la idea era no parar de pedalear, pero pensé primero en gritar, llamar al dueño, ver qué camino de bajada podía coger para salir de allí, alejarme del chalet si es que estaban protegiendo la casa…”, repasa, mientras señala que tras esos primeros 200 metros encontró una bajada que le permitió ganar distancia. Pero su pesadilla no había acabado todavía. El camino se volvió a poner cuesta arriba y los perros le volvieron a alcanzar. “Vi otra vez el mastín a mi lado, ya llevaría unos 400 metros desde que había mordido y la escena se volvía a repetir, con el Husky metiéndose por delante de la bici y yo le encaraba con la rueda y se retiraba, lo que me permitía ganar metros”, detalla el ciclista, mientras explica que otra ligera bajada le volvió a dar unos instantes de alivio, aunque no había finalizado la persecución. “Cuando ya pensaba que me había deshecho de ellos, veo que el más grande seguía detrás, a unos cinco metros, y los otros le seguían, pero al final llegué a la bajada que te saca de la urbanización hacia el barranco de l’Estret”, donde consiguió alejarlos definitivamente, recuerda.

"Me siento con la responsabilidad de denunciar lo sucedido, ya no por mi, pero sería muy grave que esos perros pudieran atacar a otra persona y hacerle daño de verdad"

S. C. G. acudió al hospital para que le curaran la herida y, acto seguido, a la comisaría de la Policía Nacional para denunciar lo sucedido. Una patrulla se desplazó a les Valletes de Gallo y, según relata el ciclista, llegó a hablar con el propietario de los perros, que confirmó que sí estaban vacunados, una información fundamental, según le habían indicado los médicos.

El ciclista se muestra sorprendido de la agresividad mostrada por los perros. “Me siento con la responsabilidad de denunciar lo sucedido, ya no por mi, pero sería muy grave que esos perros pudieran atacar a otra persona y hacerle daño de verdad. Si se vuelven a escapar y cogen a un senderista, a un niño con una bici... y muestran la misma agresividad, hablamos de otra cosa”.

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