Sant Joan logra con una falla de vareta sobre cultivos perdidos el premio a la más sostenible de Alzira
Recupera la antigua técnica de construcción de monumentos y apuesta por el arte experimental y el respeto al medio ambiente y al vecindario

Una gran berenjena hecha de vareta es la figura principal de la falla Sant Joan. / C. Llorca Ibáñez
Teresa Juan-Mompó
Una gran berenjena es el motivo principal de la falla Sant Joan, que un año más, y ya van tres, ha sido reconocida como la falla más verde y sostenible de toda Alzira. Más que el verde, el color que domina el monumento es el color madera, natural, y es que la gran berenjena está realizada con vareta, recuperando una técnica que fue, durante años, el método tradicional para construir los monumentos falleros.
La falla de Sant Joan va de eso, de recuperar, concretamente la de 2026 se centra en los cultivos perdidos y la recuperación de semillas de productos que antaño eran habituales en los campos alzireños y que hoy en día cuesta encontrar, según explica el vicepresidente de Cultura de la comisión, Vicent Ordaz. El lema es “Arrels de seda” y ahonda en la agricultura tradicional, de la mano de la Estación Experimental Agraria de Carcaixent, cuyo trabajo de recuperación de simientes les ha servido de inspiración y que forma parte de la falla, con una pequeña muestra de semillas recuperadas. Cuenta con el patrocinio de la frutería-verdulería alzireña García Torrent, que ha ayudado a costear el monumento y, a cambio, ellos le hacen publicidad en sus carteles. Evoca, en definitiva, la “huerta valenciana, tan rica y llena de vida, presidida por una berenjena, como fruto de gran belleza, que simboliza nuestras raíces”, comenta.

Muestra de semillas recuperadas en la Estación Agraria de Carcaixent en la falla alzireña. / C. Llorca Ibáñez
El monumento es obra del estudio Quemadera, constituido por Javier García, arquitecto, y Víctor Visa, licenciado en bellas artes. Ellos han sido los artífices de las dos fallas, que están en sintonía en el uso de la madera como elemento principal, y los elementos sostenibles al cien por cien que tanto peso han tenido en la obtención del premio en el certamen de Alzira. Para Ordaz, el galardón supone “mucho orgullo”: “No aspiramos a ser la falla más bonita. Preferimos optar por el respeto al medio ambiente y ser originales”, dice. Detrás del monumento hay todo un proyecto cultural, que se basa “en un documento de más de noventa páginas”, destaca y que se materializa en un completo programa de actividades que se suceden a lo largo del ejercicio fallero. Entre las realizadas está la visita al banco de semillas de la Estación Experimental Agraria de Carcaixent, la visita a la Reial Séquia de Carcaixent (pendiente), “vestigio de la arquitectura hidráulica valenciana”, la visita en bici a huertos históricos de la Vall de la Casella guiados por el geógrafo de Carcaixent Paco Tortosa o la exposición de fotos de Juanmi Araque, Hayack, sobre el paisaje tradicional ligado a la agricultura de la Ribera.
La falla más antigua, accesible y sensible
La falla Sant Joan de cosas antiguas sabe un rato: es la comisión más antigua de Alzira, con 87 años cumplidos en activo. Ahora hace doce años que decidieron cambiar el rumbo y apostar por monumentos respetuosos con el medio ambiente y que tuvieran un carácter más experimental. Además hacen gala también de ser respetuosos con sus vecinos y con colectivos sensibles: el monumento dispone de pictogramas y audioguía para poder entender la falla, y existe la posibilidad de utilizar globos azules para advertir de la presencia de personas con TDAH o con trastorno del espectro autista, más sensibles al ruido, para evitar que se tiren petardos mientras visitan el monumento. Estas facilidades se suman a la traducción de los carteles a 4 idiomas. Todo ello les ha reportado obtener el premio a la falla más cívica y respetuosa con el vecindario (compartido este año con las comisiones Luis Suñer y Sant Roc).

Vista del monumento infantil, "Jugant amb cucs". / C. Llorca Ibáñez
La seda, un cultivo ampliamente extendido en la Ribera antes de la llegada de la naranja, es el motivo que inspira los dos monumentos, aunque es el infantil el que evoca las marañas de los nidos de gusanos de seda. Se trata de un cubo de madera con hilos de colores y ‘ninots’ suspendidos entre la ‘telaraña’. “Es una falla para jugar, reír e imaginar” que ha sido patrocinada por el presidente Miguel Ángel Pellicer y su pareja y que permite a los niños el juego a través de los acertijos de sus versos.
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