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Algemesí recupera el Viernes Santo una liturgia medieval que la Iglesia prohibió hace 60 años

La canción que acompaña el Oficio de Tinieblas, una celebración en la que quince cirios se apagan de forma progresiva, pervive pese al tiempo en que no se ha utilizado en las celebraciones de Semana Santa

Algemesí recupera esta Semana Santa el Oficio de Tinieblas, un rito medieval desaparecido arraigado en el imaginario local

C. Llorca Ibáñez

Alzira

Algemesí se quedará en tinieblas este Viernes Santo. La parroquia de Sant Jaume Apòstol se convertirá, en un día tan destacado en el calendario religioso, en un escenario donde el tiempo parecerá detenerse y se volverá a tiempos pasados para revivir una liturgia religiosa  que alcanzó su máximo esplendor tras el Concilio de Trento, en el siglo XVI, pero hunde sus raíces en la tradición medieval: el Oficio de Tinieblas. Este 2026, entre los muros de la basílica de Algemesí, esta liturgia que durante siglos marcó el pulso de la cristiandad volverá a emerger del olvido. Será a las 10,30 horas del Viernes Santo, para buscar un momento que no entorpezca las procesiones y permita asistir a la mayor gente posible. El Concilio Vaticano II prohibió el rito y años después, en 1988, el Papa Juan Pablo II lo rehabilitó y adaptó la liturgia a los tiempos más modernos. La celebración renace hoy en Algemesí gracias al impulso de un grupo de seglares y al respaldo de la comunidad parroquial, según explica el promotor de la recuperación, el musicólogo Josep Lluís Domingo Sancho.

Josep Lluís Domingo, impulsor de la recuperación de la liturgia medieval, junto al 'Tenebrari' de Algemesí.

Josep Lluís Domingo, impulsor de la recuperación de la liturgia medieval, junto al 'Tenebrari' de Algemesí. / C. Llorca Ibáñez

Un rito de luces que se apagan

El Oficio de Tinieblas es, en esencia, una oración de espera y duelo. Tradicionalmente, consistía en la unión de las horas canónicas de Maitines y Laudes, que en los monasterios se rezaban durante la madrugada de la Semana de Pasión. En las parroquias, la costumbre lo situaba en el Miércoles de Pasión o dentro del Triduo Pascual, adaptándose al sentir de cada comunidad.

El elemento más distintivo de esta ceremonia es el tenebrario, un imponente candelabro triangular que sostiene quince cirios y que, en Algemesí, data del siglo XIX y es de madera tallada. Su estructura no es mera ornamentación, es un lenguaje visual que narra la Pasión de Cristo. Según explica Domingo, hay once cirios que representan a los apóstoles “que permanecieron tras la traición de Judas”; y los cuatro restantes “simbolizan a las mujeres que siguieron a Jesús: María Salomé, María de Cleofás, María Magdalena y la Virgen María”. Nota característica de la ‘Litúrgia de Tenebres’ es la oscuridad progresiva: “A medida que se recitan los salmos y las lecturas, las velas se apagan una a una. Este gesto simboliza el abandono paulatino que sufrió Jesús por parte de sus seguidores y el avance de la tiniebla sobre el mundo”, relata el erudito de Algemesí. Y lo más importante, lo que dio origen a la recuperación de este rito: ‘Maria sola’. “Al final, solo un cirio blanco permanece encendido en el vértice superior. Este cirio recibe el nombre de ‘Maria sola’, representando la fe inquebrantable de la Madre de Dios, quien permaneció firme al pie de la cruz cuando todos los demás se habían dispersado”. Esta imagen está vinculada con la Dolorosa, de gran advocación en el municipio y que cuenta con una placeta en el acceso a la basílica por la Porta de l'Aire, donde "están representados en unos paneles cerámicos los siete dolores de la Virgen; entre ellos, los que hacen alusión a la pasión del Señor". Y conecta, incluso, con otra tradición local reconocida como Patrimonio de la Humanidad por formar parte de las danzas de la Mare de Déu de la Salut, el Ball dels Tornejants, donde los siete danzantes aluden a los siete dolores de la Virgen.

‘Maria sola’ es también una pieza musical que Josep Lluís Domingo descubrió cuando preparaba su tesina. Investigaba sobre canciones tradicionales transmitidas por vía oral y dio con la tonada: “Maria sola, la casa s’assola…”, muy popular en Algemesí. A partir de ahí empezó su investigación sobre la canción, que le llevó a descubrir que era la base del Oficio de Tinieblas y que estaba vinculada “con el candelabro de quince brazos que se conservaba en la parroquia”, nos cuenta.

Feligresas de la basílica observan el tenebrario, elemento principal del recuperado Oficio de Tinieblas.

Feligresas de la basílica observan el tenebrario, elemento principal del recuperado Oficio de Tinieblas. / C. Llorca Ibáñez

El "Strepitus": El estruendo de los fieles

Después del paréntesis para explicar cómo comenzó el hallazgo volvemos al ritual y llegamos a uno de los momentos más sobrecogedores del oficio, que ocurre tras el último rezo. El cirio de ‘Maria sola’ es ocultado detrás del altar mientras el que preside la celebración reza un Padre Nuestro. “En ese instante, el templo queda sumergido en una oscuridad total, evocando la muerte de Jesús, que sumió el mundo en tinieblas. Y el silencio absoluto, como en las escrituras, es roto por un ruido ensordecedor: el ‘terratrèmol’ o strepitus, que simboliza el derrumbe del templo que describe la Biblia”, explica. Los fieles de Algemesí “participan activamente golpeando los bancos o el suelo con los pies, creando un estruendo que simboliza el terremoto y los fenómenos naturales que, según las escrituras, ocurrieron tras la muerte de Jesús”. El ruido cesa de golpe cuando el oficiante vuelve a mostrar el cirio blanco, ‘Maria sola’, “una señal de esperanza” que se retira a la sacristía hasta que se consuma totalmente frente al reliquiario, a la espera de la Resurrección en la Vigilia Pascual, describe.

Polifonía y canto gregoriano acrecentan la atmósfera mística

La recuperación de este oficio en Algemesí es “un ejercicio de memoria cultural”, asegura Domingo. La figura de ‘Maria sola’ está profundamente arraigada en el imaginario local. Persiste en la memoria de mayores y no tanto la canción tradicional cuya letra evoca el final de la Pasión: «Maria sola / la casa s'assola / Maria Inés / la casa s'ha encès». Que según el musicólogo describe las circunstancias por las que pasó María con la muerte de su hijo Jesús: “La palabra ‘casa’ hace referencia al cuerpo de Jesús en la cruz, mientras que ‘Inés’ (del griego hagnos, pura, o del latín agnus, cordero) une la pureza de María con el sacrificio del ‘Cordero de Dios’”.

La atmósfera mística de esta recuperada liturgia se completará con la música de la Capella Musical de Sant Jaume: cuarteto de voces polifónicas para cada salmo en valenciano, cantores de Schola Gregoriana para las antífonas en latín; todo ‘a capella’, porque el Viernes Santo no deben sonar instrumentos. Como tampoco deben sonar las campanas, que estarán este día invertidas y con un crespón negro en la maroma; en su lugar, “se utilizará la carraca para marcar la liturgia”. A los cantores se suma la participación de fieles locales para leer las lecturas y otras oraciones, así como diferentes presbíteros del municipio. Entre las sombras, resonarán motetes realizados para el Oficio de Tinieblas de maestros como Tomás Luis de Victoria, Johann Sebastian Bach o el valenciano Ginés Pérez, intercalados con las Lamentaciones de Jeremías y el Miserere, elevando la experiencia litúrgica a un nivel de alta solemnidad artística.

Aunque el Concilio Vaticano II apartó este rito del culto mayoritario en los años 60 buscando una modernización litúrgica, el interés popular y el respaldo de papas como San Juan Pablo II y Benedicto XVI han permitido que comunidades como la de Algemesí lo rescaten. Este Viernes Santo, sobre las 10,30 horas, tras el tradicional calvario de las 7 de la mañana, los fieles de Sant Jaume vuelven a reunirse para presenciar cómo la luz de una sola vela desafía a la oscuridad, manteniendo viva una tradición que se niega a desaparecer en el paso de los siglos.

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