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Pascua que sabe a gloria en la Ribera

Los negocios tradicionales renuevan su apuesta por recetas de siempre ante la gran demanda de la clientela

El Forn Miguelín de Alberic elabora hasta 4.000 monas de Pascua de forma artesanal estos días

Casa Oliver de Alzira agota sus más de 3.000 longanizas secas, que preparan siguiendo la receta de su abuelo

Casa Oliver de Alzira agota cada año sus 3.000 longanizas de Pascua artesanales

C. Llorca Ibáñez

Laura Florentino

Laura Florentino

Alzira

En la comarca de La Ribera, la llegada de la Semana Santa y la Pascua vuelve a llenar las mesas de tradición, familia y dulces con historia. Entre todos ellos, la mona de Pascua ocupa un lugar central en la cultura gastronómica de la zona, y especialmente en el municipio de Alberic, donde este producto adquiere un carácter propio y diferencial. Y junto a la mona hay otro producto que adquiere gran protagonismo también y profundamente arraigado en la cultura local, la longaniza.

Uno de los referentes indiscutibles en la elaboración del producto dulce es el Forn Miguelín, un horno tradicional que lleva más de medio siglo elaborando monas de manera artesanal. Fundado en torno a 1970 por los abuelos de la actual generación, el negocio ha pasado de padres a hijos manteniendo intacta su esencia: horno de leña, masa madre elaborada durante la noche y productos recién hechos cada día.

4.000 piezas elaboradas en Pascua

Sara Portero Yuste, nieta de los fundadores, explicaba que “es una empresa familiar que ha ido creciendo mucho en las últimas dos décadas, especialmente en campañas como Pascua, cuando se concentra la mayor producción”. En los días de más actividad, el horno puede alcanzar cifras de entre 3.000 y 4.000 piezas elaboradas, especialmente durante los fines de semana. Además, su distribución se extiende a otros municipios cercanos como Tavernes de la Valldigna, Catadau o Llombai.

Algunos de los panquemados elaborados en el Forn Miguelín de Alberic.

Algunos de los panquemados elaborados en el Forn Miguelín de Alberic. / Forn Miguelín

Leyenda de la princesa

La mona de Alberic, conocida en otros lugares como panquemado, cuenta además con una leyenda que refuerza su arraigo cultural. Según la tradición oral, una joven princesa dejó de comer y su padre, el rey, ofreció una recompensa a quien lograra alimentarla. Fue una anciana quien, finalmente, lo consiguió al ofrecerle una mona. Desde entonces, este dulce incorpora en su parte superior una forma que simboliza la corona de la princesa, convirtiéndose en un elemento distintivo frente a otras versiones. Aunque la mona sigue siendo el producto estrella, en los últimos años el horno ha diversificado su oferta con otros dulces como tortas de pasas y nueces o de chocolate, que han ganado popularidad entre los clientes.

Las monas de Pascua del Forn Miguelín de Alberic.

Las monas de Pascua del Forn Miguelín de Alberic. / Forn Miguelín

A pesar del éxito, el futuro de este tipo de negocios no está exento de desafíos. La elaboración artesanal implica un esfuerzo considerable, con jornadas nocturnas que dificultan el relevo generacional. “Algunos hornos han tenido que cerrar al jubilarse sus propietarios por falta de continuidad”, señalaba Yuste, quien reconoce que, aunque en su caso sí existe esa posibilidad dentro de la familia, dependerá también de encontrar mano de obra dispuesta a asumir este ritmo de trabajo.

Casa Oliver: más de ocho décadas de experiencia

La Carnisseria Casa Oliver, ubicada en pleno barrio histórico de La Vila de Alzira, fue fundada en 1935 por Miguel Oliver Colomina y Rosa Ferrer Costa, acumulando ya más de ocho décadas de experiencia en el sector cárnico. Actualmente, el negocio está dirigido por Alfonso y Carmen Oliver Navarro, representantes de la tercera generación de una familia que ha hecho de este oficio un modo de vida. La evolución del negocio refleja la historia familia, desde el primer establecimiento en la plaza San Quintín, pasando por nuevos locales en distintos barrios de la ciudad, hasta consolidarse como un referente en la comarca y con venta en toda España.

Fieles a sus orígenes, en Casa Oliver mantienen una filosofía basada en la calidad de la materia prima y en la selección de proveedores líderes, combinando tradición y exigencia en cada producto. “Nuestra historia es la historia de nuestros abuelos”, explicaban, subrayando el legado transmitido de generación en generación.

Alfonso Oliver, tercera generación de carniceros, cuelga las longanizas frescas en el secadero.

Alfonso Oliver, tercera generación de carniceros, cuelga las longanizas frescas en el secadero. / C. Llorca Ibáñez

"La elaboramos de la misma forma que lo hacía nuestro abuelo"

En estas fechas, su producto estrella es la longaniza de Pascua, elaborada de manera completamente artesanal. Tal como detalla Alfonso Oliver en declaraciones a Levante-EMV, se trata de "un embutido curado fino elaborado con carne magra de cerdo seleccionada y especias tradicionales. Su curación lenta le aporta una textura firme y un sabor intenso y equilibrado”. Este producto, típico de la gastronomía valenciana durante la Pascua, se consume al natural y mantiene intacta la receta tradicional: “La elaboramos de la misma forma que lo hacía nuestro abuelo”.

Más de 600 kilos de longanizas de Pascua

La demanda durante estos días se dispara. La carnicería llega a producir más de 600 kilos, unas 3.000 longanizas de Pascua, reflejo de la fuerte vinculación de este alimento con las celebraciones de Pascua. Un complemento perfecto para las monas y tortas que llenan los campos y merenderos de la Ribera, donde tradición, familia y gastronomía siguen yendo de la mano.

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