La Banda Sinfónica Santa Cecilia de Cullera se encomienda a la épica de “Aquae Flaviae” para conquistar València
La formación afronta uno de los mayores desafíos de la temporada con una de las obras más complejas y espectaculares del repertorio bandístico contemporáneo

La Banda Sinfónica Santa Cecilia de Cullera, en una imagen de archivo. / Levante-EMV

La Banda Sinfónica Santa Cecilia encara la recta decisiva de la temporada con la mirada puesta en dos de las citas más relevantes de su calendario artístico: la clausura del Certamen de Cullera y el prestigioso Concurso de Bandas Ciudad de València. Para ambos compromisos, la formación ha elegido una obra de enorme envergadura musical y simbólica: la Sinfonía número 3 “Aquae Flaviae”, del compositor Martínez Gallego, una de las partituras más exigentes, evocadoras y reconocidas del panorama sinfónico actual.
La elección no es casual. La pieza representa uno de los mayores retos interpretativos para cualquier gran banda sinfónica y supone una declaración de intenciones por parte de la agrupación cullerense, decidida a exhibir su madurez sonora, su precisión técnica y su capacidad expresiva sobre algunos de los escenarios más exigentes del circuito bandístico valenciano.
Inspirada en la histórica ciudad portuguesa de Chaves, en la región de Trás-os-Montes, la obra toma su nombre del antiguo topónimo romano de la localidad y se adentra en la esencia de un enclave marcado por su pasado monumental, sus aguas termales y su papel estratégico como fortaleza fronteriza. No en vano, el significado de Chaves —“llaves”— alude a la importancia defensiva de esta ciudad, considerada durante siglos puerta de entrada al reino de Portugal.
Martínez Gallego recoge toda esa herencia histórica y cultural en una composición monumental que combina fuerza narrativa, lirismo y riqueza tímbrica en una partitura concebida para gran banda sinfónica. La obra fue encargada originalmente por la Orquesta de Sopros de la Academia de Artes de Chaves, que la llevó como pieza principal al World Music Contest (WMC) de Kerkrade, en los Países Bajos, considerado el certamen bandístico más importante del mundo.
Allí, “Aquae Flaviae” no solo cautivó al público, sino también al jurado internacional, llevando a la formación portuguesa a conquistar el primer premio, un triunfo que convirtió la sinfonía en una referencia inmediata dentro del repertorio contemporáneo y consolidó el prestigio internacional de su autor.
Una obra de casi 24 minutos y cuatro movimientos sin pausa
La sinfonía se estructura en cuatro movimientos enlazados, interpretados sin interrupción a lo largo de cerca de 24 minutos, lo que exige a los músicos una concentración absoluta y un altísimo nivel de resistencia física y mental.
Desde el punto de vista musical, la partitura destaca por un lenguaje ecléctico, moderno y profundamente modal, en el que el compositor introduce de manera brillante elementos del folclore popular portugués. Tres melodías tradicionales articulan buena parte de la arquitectura temática de la obra: “Cantigas da Segada”, que funciona como tema principal y motor de la narración sonora; “Ó que pinheiro tão alto”, de carácter lírico y evocador; y “Ai cantai raparigas”, motivo recurrente que aporta cohesión interna al conjunto.
La obra incluye además pasajes inspirados en algunos de los símbolos arquitectónicos de Chaves, como el legendario Puente de Trajano, y se mueve entre atmósferas de solemnidad, tensión bélica, espiritualidad y celebración popular, convirtiéndose en un auténtico viaje sonoro por la memoria histórica de la Península Ibérica.
Un desafío artístico para demostrar el potencial de la Santa Cecilia
La dirección de la Banda Sinfónica Santa Cecilia ha apostado por esta obra consciente de la dificultad que entraña, pero también de la oportunidad que representa para poner en valor el crecimiento artístico de la formación.
Bajo la dirección de Marcel Ortega, los músicos se encuentran inmersos en un intenso proceso de ensayos para pulir cada detalle de una partitura que exige virtuosismo individual, equilibrio colectivo y una gran profundidad interpretativa.
La complejidad de sus texturas, la riqueza de sus dinámicas y la intensidad emocional de sus contrastes convierten a “Aquae Flaviae” en una de esas piezas capaces de marcar un antes y un después en la trayectoria de una banda. No se trata únicamente de una obra de concurso, sino de una auténtica prueba de fuego para medir la excelencia musical de cualquier agrupación que se atreva con ella.
Con esta ambiciosa apuesta, la Santa Cecilia busca no solo competir al máximo nivel, sino también ofrecer al público una experiencia musical de gran impacto, capaz de emocionar tanto a expertos como a aficionados.
La formación ha realizado un llamamiento a socios, seguidores y amantes de la música a acompañarles en este importante desafío artístico, convencida de que la interpretación de “Aquae Flaviae” será uno de los momentos más destacados del curso musical y una nueva demostración del compromiso de la banda con la excelencia, la tradición y la innovación sonora.
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