Algemesí
Un taller creativo reutiliza en Algemesí los fangos de la dana para elaborar loza artesanal y tierra de cultivo
El artista Rafael Tormo coordina esta propuesta avalada por el Ministerio de Cultura que reflexiona sobre la riada y conciencia sobre el territorio
Algemesí es el primer municipio de la Ribera que acoge este proyecto, que también se desarrolla en los pueblos afectados en l’Horta Sud

C. Llorca Ibáñez
El barro es uno de los elementos más significativos de la tragedia de la dana. El barro lo llenó todo y permaneció meses y meses en las calles, en las casas, en los objetos, a pesar de las intensas labores de limpieza. El barro es, también, la tierra de la que surge la vida y ese enfoque es el que impregna el proyecto “Deconstrucció d’allò inabastable. Enfangar-se per transformar”, del artista de Beneixida Rafael Tormo Cuenca. Se trata de una propuesta que ha sido reconocida y subvencionada por el Ministerio de Cultura y que invita a reutilizar los fangos de la dana como materia para crear, por un lado transformándolos en arcilla que se emplea para fabricar de modo artesanal una gran vajilla de loza y, por otro, como tierra de cultivo orgánica en alquerías y campos de los municipios afectados por la dana del 29 de octubre de 2024.
El proyecto lleva ya algún tiempo en marcha y ahora toca tierra en Algemesí, en el Espai d’Art Municipal ubicado en el Casino Lliberal. Una docena de personas de diferentes edades hunden sus manos en el fango para “embarrarse, que no no quiere decir ensuciarse, sino implicarse”, explica Rafael Tormo: tomar conciencia con esta propuesta artística, que plantea dar una segunda vida a los fangos recogidos en los pueblos devastados por la riada y aprovechar este proceso para reflexionar y enraizar de nuevo con nuestro territorio. Es una experiencia que ha emocionado a algunos de los participantes y que supone la “reconciliación con la tierra, con el barro que tanto nos ha molestado”, describe Àlex Villar, comisario del Espai d’Art de Algemesí. Es un momento “de sanación y de autoconciencia de que somos gente de ribera”, añade.

Rafael Tormo, en el centro, muestra una de las piezas de arcilla a los participantes en el taller. / C. Llorca Ibáñez
Esta es una de las tres vertientes del proyecto, la de transformar los fangos sucios en arcilla para hacer artesanía. “Una parte del barro recuperado será tamizada, depurada y ajustada hasta convertirse en arcilla trabajable”. Este proceso es lento y manual. “Implica tocar, amasar, esperar; supone asumir la fragilidad del material y del cuerpo”, explica Tormo, quien quiere que la actividad trascienda del trabajo manual y permita pensar sobre las soluciones a la dana, también sobre los porqués de la inundación: “poner en duda la gestión del territorio y la memoria común”.
De este proceso nacerá una vajilla colectiva: platos, boles, jarras, elaborada durante los talleres por los participantes. “No se trata solo de producir objetos, sino de generar un tiempo compartido, un espacio de escucha y una reorganización afectiva”. Después, “la cocción fija la memoria del barro: aquello que era devastación se transforma en apoyo. El barro, antes destructivo, sostendrá el alimento y la celebración”, describe el programa del taller.
Tierra de cultivo para dar fruto
Otra vertiente de la propuesta ha consistido en limpiar los fangos para crear tierra orgánica, regenerada y preparada para el cultivo, que se ha utilizado para el cultivo de verduras y frutas en un huerto de una alquería entre Picanya y Albal: “El barro deja de ser residuo y se convierte en sustrato. Aquello que arrasó los huertos vuelve a producir alimento”, detalla Tormo. Esta iniciativa la ha desarrollado junto a la Fundación Del Camp a la Taula y en ella han participado vecinos de Albal, la Torre, Catarroja o Paiporta.

Fango de la dana recuperado como tierra orgánica y preparado para el cultivo de hortalizas enramadas en Albal. / Levante-EMV
Celebración final
Por último, la tercera vertiente del proyecto es una celebración final: los frutos que dé esta tierra se emplearán para preparar un banquete, “una cena comunitaria final”, para la cual se empleará la vajilla creada por los participantes en las diferentes sesiones de los talleres. “El proyecto culmina en un encuentro colectivo: Los alimentos cultivados con la tierra regenerada, servidos en la vajilla elaborada con la arcilla transmutada, y compartidos en un espacio de exposición donde se mostrarán procesos, registros, voces y sedimentos del trabajo”.
Todo el proceso se recogerá en una publicación que documentará los talleres y procesos materiales, las conversaciones sobre territorio y vulnerabilidad, los relatos de los participantes, las transformaciones físicas y simbólicas del barro y también la reflexión estética y política sobre la catástrofe y la lentitud: “El libro no será solo registro, sino otro estrato del proyecto: sedimentación escrita de una práctica colectiva”.

Una docena de personas de todas las edades han participado este jueves en el taller de Algemesí / C. Llorca Ibáñez
“Se educa de espaldas al territorio”
Rafael Tormo ya lleva años pensando sobre la gestión del territorio y sobre la falta de atención que prestamos a nuestro entorno: “Se educa de espaldas al territorio”, dice. Sus reflexiones surgieron tras la pantanada de Tous, y subraya que, a pesar de que tras la catástrofe se legisló la prohibición de construir en terrenos con riesgo de inundación, el crecimiento urbanístico en zonas como la Ribera y l’Horta ha ignorado estas advertencias. Para Tormo, persiste la idea errónea de que “la naturaleza es un simple recurso a disposición del hombre, cuando la realidad es que nuestra especie no puede subsistir de forma aislada”. Por esto, considera inviable seguir promoviendo” un modelo de crecimiento basado en el extractivismo que ignore nuestra conexión intrínseca con el entorno natural”. De esta manera de ver las cosas surge el proyecto “Deconstrucció d’allò inabastable”, que ya se ha desarrollado en diferentes municipios de l’Horta Sud y que en breve visitará l’Alcúdia.
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