Los arrastres de la dana transforman el suelo agrícola de la Ribera: pérdida de nutrientes en Turís y Montroi y costra de arcilla en Sueca y Cullera
El Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias analiza los efectos de la riada del 29 de octubre de 2024 en los campos de la comarca y diseña un plan de rescate para recuperar la productividad de los cultivos

Arrozal de la zona más próxima a l'Albufera tras la dana. / Germán Caballero
La dana del 29 de octubre de 2024 marcó un antes y un después para la agricultura valenciana y se ensañó con especial crudeza con la comarca de la Ribera. Con lluvias que en puntos concretos de hasta 772 l/m2, el agua no sólo inundó los campos, sino que transformó físicamente el terreno. Las cifras globales hablan de más de 53.000 hectáreas afectadas en toda la provincia, de las cuales casi el 90% eran tierras de cultivo, principalmente de árboles frutales y cítricos que son el motor económico de esta comarca. Para entender lo que ocurrió con la tierra, el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) ha realizado un estudio minucioso en un área que abarca unos 6.500 km2 con más de 12.000 análisis químicos, lo que ha permitido diseñar un plan de rescate para que los agricultores puedan recuperar la productividad de sus parcelas.
El impacto de la riada en el suelo se divide en dos grandes realidades. En la Ribera Alta, con más pendientes y montañas, el agua bajó con una fuerza destructiva enorme, provocando una gran erosión. La corriente arrancó la capa superior de la tierra, la más rica en nutrientes, dejando el suelo más pobre y arenoso. Turís, Montserrat o Montroi sufrieron especialmente este proceso, perdiendo la estructura de sus campos de viñedo, olivar y frutales. Por contra, en la Ribera Baixa, el agua llegó a una llanura y perdió velocidad y todos los materiales que arrastraba se depositaron en el suelo en forma de lodo y barro, un proceso conocido como sedimentación. Sueca, Sollana, Albalat de la Ribera o Cullera vieron cómo sus campos de arroz y cítricos quedaban cubiertos por capas de sedimentos. Un caso intermedio y muy complejo fue la confluencia del Xúquer y el Magre, afectando gravemente a Alberic, Algemesí y Alzira, donde la forma del río en meandros hizo que el agua se desbordara con facilidad, y dejó depósitos masivos de limos, un tipo de barro muy fino especialmente peligroso porque, al secarse, forma una costra dura que impide que la tierra respire, como explica el informe del IVIA.
A pesar de la devastación, los análisis científicos han traído noticias esperanzadoras sobre la salud de la tierra. El estudio, que se presentó el pasado 31 de marzo en la Muntanyeta dels Sants de Sueca, confirma que los suelos de la Ribera son extremadamente resistentes y han mantenido su fertilidad natural. No se ha detectado contaminación peligrosa por metales pesados (plomo, cadmio o zinc), ya que el enorme volumen de agua que circuló ayudó a diluir cualquier sustancia tóxica que pudiera venir de polígonos industriales o zonas urbanas. Incluso en zonas cercanas a gasolineras en Alzira o l'Alcúdia, los niveles de hidrocarburos se han mantenido bajos y dentro de los límites de seguridad. Esto garantiza que los alimentos producidos en la zona, como las naranjas o el arroz, siguen siendo totalmente seguros para el consumo humano, cumpliendo con todas las normas de seguridad alimentaria de la Unión Europea.

Campo de caquis del Marquesat inundado a causa de la dana. / Levante-EMV
Las soluciones que diseña el IVIA
Para los campos que han quedado cubiertos de barro, en gran parte de la Ribera Baixa y las zonas bajas de la Ribera Alta, el IVIA plantea soluciones muy claras. Si la capa de lodo es muy gruesa o contiene plásticos y basura, lo mejor es retirarla con maquinaria. Pero si es fina y limpia, se recomienda mezclarla. Es fundamental también añadir abono natural, como estiércol maduro o compost, para devolverle la vida microbiana al suelo y ayudar a que el barro se integre mejor. En el caso de los cítricos, una tarea urgente es limpiar bien el tronco y el cuello de los árboles, y eliminar el barro pegado, ya que esa humedad constante favorece la aparición de hongos que pueden pudrir la madera y matar el árbol.
En las zonas de la Ribera Alta donde el agua se llevó la tierra, el objetivo es el contrario: evitar que se pierda más suelo en el futuro. El IVIA recomienda no labrar de forma profunda, ya que eso rompería la poca estructura que le queda al terreno. En su lugar, se propone dejar crecer hierba en el suelo o colocar cubiertas vegetales, que actúan como un escudo que frena el golpe de las gotas de lluvia y ayuda a que el agua se cuele hacia las raíces en lugar de correr por la superficie arrastrando la tierra. Además, como se han perdido nutrientes con la erosión, se aconseja un abonado suave y progresivo, preferiblemente orgánico que se libere poco a poco.
Parcelas piloto para impulsar la recuperación del suelo más afectado
La directora del estudio del IVIA, Ana Quiñones, explica que algunas de las soluciones propuestas se ejecutaron de forma urgente tras la dana o se han ido realizando a petición de los agricultores para permitirles sacar adelante sus cosechas. La limpieza de las acequias y cauces de riego o desagüe fue uno de los primeros trabajos, también se han dragado los arrozales más próximos a l’Albufera. No obstante, son trabajos puntuales que no cubren la totalidad de las 400 parcelas agrícolas afectadas por la dana. Quiñones indica que el IVIA tiene previsto seleccionar en las próximas semanas aquellas explotaciones más afectadas y diseñar para ellas tratamientos concretos que expondrán al resto de los agricultores como parcelas piloto para orientar sobre los trabajos a realizar para recuperar el estado óptimo del suelo.
Los arrozales de Sueca y Sollana protegieron l’Albufera
Un papel fundamental en esta catástrofe lo han jugado los arrozales de Sueca y Sollana. Al ser terrenos inundables por naturaleza, actuaron como una esponja gigante que retuvo gran parte del barro y los sedimentos, evitando que llegaran con tanta fuerza al lago de la Albufera o a las zonas de casas. Esto ha tenido un coste físico en las infraestructuras: se han tenido que limpiar más de 260 kilómetros de acequias que estaban totalmente taponadas por el lodo para asegurar que el agua pueda volver a circular correctamente para el riego. También se ha detectado que el fondo del lago de l’Albufera ha perdido hasta 10 centímetros de profundidad en algunas zonas debido al material acumulado, lo que obligará a realizar trabajos de dragado para recuperar su capacidad.
Suscríbete para seguir leyendo
- Cullera impulsa una renovación integral del Pont de la Bega que reparará daños y eliminará dos de los seis carriles
- Así era Alzira en la época medieval
- Un incendio calcina el garaje de buggies del club de golf La Galiana de Carcaixent
- Las obras de regeneración ya dibujan el perfil histórico de las playas del litoral del sur de Cullera
- Una fuga de agua 'muy grave' en Alzira provocará esta tarde que se reduzca la presión en toda la red
- La presencia de una bandera que exhiben los ultras en una competición infantil genera polémica en Carcaixent
- La megadraga comienza a devolver la arena al litoral sur de Cullera en el mayor plan de regeneración de su historia
- La promotora inicia las obras de las 123 VPP que provocaron colas de Alzira y logra también licencia para 450 plazas de garaje