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Una comunicación pionera desde la Penyeta del Moro de Cullera con el mundo

Un radioaficionado alemán que participa en un programa internacional para emitir desde lugares donde nadie lo había hecho logró 640 conexiones desde las rocas de la bahía

El estado del mar le obligó a abandonar el islote sin poder pasar la noche como había previsto

El radioaficionado alemán Emil Bergmann, durante su breve estancia en la Penyeta del Moro de Cullera.

El radioaficionado alemán Emil Bergmann, durante su breve estancia en la Penyeta del Moro de Cullera. / Consuelo Pérez

Consuelo Pérez Montalvá

Alzira

Cuando el alzireño Santi Pérez recibió un mensaje desde Alemania de un hombre que buscaba ayuda para dormir en La Penyeta del Moro de Cullera pensó que era una broma. Quienes conozcan el enclave saben que se trata de un conjunto de rocas en mitad de la bahía, sobre las cuales hay una baliza instalada en el siglo XIX para señalizar el obstáculo y evitar accidentes de las embarcaciones. Nadie se había planteado nunca la posibilidad de dormir allí, porque no hay espacio para hacerlo. Sin embargo, Emil Bergmann, un radioaficionado alemán, encontró en aquellas rocas un nuevo reto: transmitir por radio al resto del mundo. Para ello, necesitaba que alguien le llevara hasta allí y recurrió a este aficionado a las motos acuáticas.

Santi pensó al principio que era una locura, que no sabía dónde se estaba metiendo, pero el entusiasmo y confianza de Bergmann le convencieron para ayudarle. El primer contacto se produjo en noviembre de 2024 y una vez obtuvo la confirmación, Emil Bergmann empezó a preparar su viaje para el mes de junio siguiente: compró los billetes de avión, preparó antenas especiales y, lo más importante, buscó la forma de dormir allí.

Emil Bergmann colgó la tienda de campaña de la Penyeta.

Emil Bergmann colgó la tienda de campaña de la Penyeta. / Consuelo Pérez

Para entender por qué un ciudadano alemán viaja a Cullera para pasar la noche en medio del mar y emitir por radio, Bergmann explica que la radioafición es un hobby que busca conectar personas de todo el mundo. El término “HAM radio o Radio Amateur” se utilizó por primera vez a principios del siglo XX, mucho antes de que llegaran los teléfonos. La gran diferencia es que con un teléfono sabes perfectamente con quién puedes hablar, sin embargo, cuando emites por radio, la antena que usas, la técnica o las habilidades de cada uno son determinantes para alcanzar a gente de todo el mundo. Para saber con quién conectan, cada operador tiene un código único. En el caso de Emil Bergmann es DL8JJ: “millones de personas se llaman Emil, pero DL8JJ es lo que soy como operador de radio”, explica.

Uno de los programas que siguen los radioaficionados es “Islands on the air” (IOTA) que asigna un número especial a todas las islas del planeta. Su objetivo es establecer contacto por radio con estas islas, pero algunas tienen accesos muy complicados y lleva tiempo llegar ahí para activarlas. Por esta razón, buscan, sobre todo, puntos donde casi nadie ha podido transmitir antes.

Cuando alguien anuncia una activación de uno de estos puntos, miles de operadores tratan de contactar con ellos mientras dura la expedición. Después de agrupar todas las conexiones, el programa otorga diplomas y certificados por sus logros, lo cual les motiva a seguir buscando nuevos retos.

La aventura en la bahía de Cullera

La Penyeta del Moro es tan importante para los radioaficionados porque, hasta entonces, nadie había estado allí lo suficiente para hacer conexiones significativas. Emil Bergmann fue el primero en encontrar la forma de hacerlo, aunque le costó más de tres meses de preparación. “Es fácil llegar, pero no es tan fácil quedarse y hacer conexiones, por eso tuve que buscar una solución para estar más de una hora y eso lleva mucho tiempo”, cuenta Emil Bergmann.

Su primera preocupación fue encontrar una manera de dormir en un sitio prácticamente cubierto por el mar. La solución fue una tienda de campaña especial que podía colgar directamente del peñón. Pero esto no es tan fácil, no vale solo con tenerla, hay que saber montarla en un espacio reducido, sobre el mar y expuesto al viento. A pesar de la preparación, hay factores imposibles de controlar. A medida que avanzaba la tarde, el oleaje comenzó a subir y las olas entraban directamente en la tienda. Bergmann tuvo que llamar para que le recogieran antes de que la situación empeorara.

También se acercó a la Penyeta del Moro la Guardia Civil. La central había recibido varias llamadas de personas que lo habían visto desde la costa. Pensaban que estaba pescando o realizando algún tipo de protesta y que, con el mal estado del mar, se había quedado atrapado. Los agentes se sorprendieron por el riesgo que se llega a asumir por una afición.

“Sé que estoy loco, pero muchas veces la gente quiere saber qué es lo que hago. Es un hobby que poca gente conoce”.

Emil Bergmann

— Radioaficionado alemán que emitió desde la Penyeta del Moro de Cullera

Según Emil Bergmann, estas intervenciones policiales son comunes: “Sé que estoy loco, pero muchas veces la gente quiere saber qué es lo que hago. Es un hobby que poca gente conoce”.

Finalmente, no pudo pasar la noche allí como estaba previsto; sin embargo, el día fue un éxito para él al conseguir realizar 640 conexiones, “y eso es mucho, porque quienes lo intentaron antes no estuvieron más de una hora”, comenta.

El mundo de las expediciones internacionales

Los destinos más buscados por estos radioaficionados son aquellos a los que no puede acceder mucha gente o países donde no existen operadores locales, especialmente en África. “Hay países muy pobres donde no hay gente que opere, entonces gente como yo, de países con más dinero y educación, preparamos las expediciones para activar los puntos y que la gente pueda recolectar los países de su lista” explica Bergmann.

En el ranking internacional de los países más buscados está Corea del Norte en primer lugar. Al ser una dictadura, nadie ha conseguido emitir desde allí porque los consideran espías. “El día que alguien consiga convencer al presidente y autorice a alguien a transmitir desde allí, será impresionante”, concluye Francisco Pajuelo, un veterano de las expediciones internacionales amigo de Bergmann, que se identifica con los códigos IU3PMA en Italia y EA3GFT en España.

El radioaficioado Francisco Pajuelo, con su emisora.

El radioaficioado Francisco Pajuelo, con su emisora. / Consuelo Pérez

Ser considerados espías no es nuevo para ellos. Tanto Francisco Pajuelo como Darío Grossi (IZ4UEZ) coinciden en que la expedición más problemática fue la de Burkina Faso en octubre de 2024. Después de llevar días retransmitiendo, una patrulla policial les confiscó todos los equipos y les hicieron presentarlos a los servicios de inteligencia porque pensaban que eran espías. Todas las embajadas fueron informadas y en tres días se solucionó todo, ya que tenían los permisos requeridos por ley. “Sin embargo, la embajada italiana nos pidió que abandonáramos el país esa misma tarde, pero nos negamos y, en cuanto la policía nos devolvió el material, volvimos a emitir”, recuerda Darío Grossi.

El pasado otoño también hubo problemas con la expedición organizada a Guinea Ecuatorial. Según Francisco Pajuelo, tenían todos los permisos y autorizaciones, pero un mes antes de irse el gobierno del país les prohibió la expedición y “tuvimos que organizar la expedición a Sierra Leona en un mes”, dice Francisco Pajuelo.

Una vez empiezan las retransmisiones, cada miembro tiene su función: “Lo bonito es que no es solo coger un micrófono y hablar. Está el que trabaja en telegrafía, el que conecta en digitales, el que conecta en altas frecuencias… Yo, por ejemplo, sigo la parte más técnica en caso de problemas”, comenta Francisco Pajuelo.

Su intención es contactar con el máximo número de radioaficionados a nivel internacional en las diferentes modalidades que utilizan. Cada año intentan hacer más que el anterior.

Emil Bergmann empezó en este hobby cuando vivía en Bulgaria, en plena Guerra Fría. La radio era uno de los pocos hobbies autorizados y le permitió conectar con gente de todo el mundo y descubrir que, detrás de esa guerra, había gente amable con la que hablar. Esa experiencia es lo que le llevó a seguir haciendo lo que hace.

Durante años se consideró a los radioaficionados “los locos de la radio”, porque hacían cosas que el resto de gente no podía. Hoy, sin embargo, los gobiernos los consideran “la última red de comunicaciones posible”. “Cuando la gente ve a alguien con una antena lo considerarán loco, pero el día de mañana, en una calamidad donde no llegue internet, ese loco puede ser el único que le diga al resto del mundo que hay algún problema”, reflexiona Francisco Pajuelo.

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