Una afición histórica de altos vuelos
Castelló acoge la mayor muestra de maquetas de aviones de la Guerra Civil española realizadas por un aficionado de la Pobla Llarga

Richard Garrigues González
Con catorce años, Vicent Soler Fayos, recibió un regalo que le marcaría para siempre. Un compañero canario del internado de Xest le regaló una maqueta de avión: “Tardé dos años en acabarla”. Tras este primer avión han venido muchos más, hasta completar una colección que alcanza los 460 (más otros cien en espera de ser montados). Es la mayor colección de aviones de la Guerra Civil española. “¿De España? ¿Del mundo?”, le pregunto. “No lo sé, no conozco a nadie más que se dedique a hacer maquetas de aviones de la Guerra Civil española”, me contesta.

Vicent Soler Fayos en la sala de exposiciones de la Biblioteca de Castelló de la Ribera. / Levante-EMV
Vicent Soler Fayos nació en Castelló: “Allí vivía en un piso muy pequeño, de setenta metros cuadrados y tenía una hija pequeña”. “En 2002 cambié de casa a la Pobla Llarga, a una casa más grande y a partir de ahí empecé a hacer maquetas”, cuenta. Ahora tiene 69 años y se acaba de jubilar. Toda su vida se ha dedicado al montaje, pero de otros vehículos, coches, en la factoría de Ford en Almussafes. “No he subido nunca a un avión”, confiesa (aunque su hija le prepara una sorpresa que incluye un vuelo, añade). “Cuando era pequeño jugaba a que mis manos eran aviones”, dice. ¿Sería una premonición de lo que vendría después?
La biblioteca de Castelló acoge hasta el 15 de mayo la mayor colección de maquetas de aviones de la Guerra Civil. Es una ocasión única para dejar volar la imaginación y recrea — gracias a estas 229 réplicas de un total de 75 modelos de aviones—, aquella época dura y “desconocida”, según Soler. “Más aún si hablamos de la aviación, que fue muy importante en la contienda”, añade. Cada réplica está acompañada por un pequeño cartel manuscrito donde Soler identifica cada avión y describe hechos históricos y anécdotas.

El SM 79 5 gris, Falchi delle Baleari, modelo que participó en el bombardeo de Manuel y Xátiva. / Vicent Soler Fayos
Entre los modelos más significativos está el Savoia Marchetti SM 79 5 gris, conocido como “La Pava” en tierras de la Ribera Alta y la Costera, donde descargó sus bombas el 12 de febrero de 1939, casi al final de la Guerra Civil Española, en una operación de la Aviación Legionaria italiana, ataque que mató a más de 100 personas. “Eran trimotores muy rápidos. Ni siquiera vieron las bombas que tiraron. No gastaban escolta de caza y no abatieron ninguno en toda la guerra”, explica.
La muestra está organizada por años: de 1936 a 1939. “Los amos del aire eran los alemanes. Hitler le vendió muchos aviones a Franco”, dice. Y el ejército alemán aprovechó la alianza para entrenar a sus oficiales: “Cada ocho meses enviaban a pilotos nuevos que probaban los aviones en combate real”. Cada vez traían mejores aviones, “en España probaron dos aviones que después utilizaron en la Guerra Mundial”: el Stuka, avión bombardero en picado con sirenas (llamadas “las trompetas de Jericó”) en el tren de aterrizaje para asustar a la población. “Dicen que lo gastaron en la batalla del Ebro. Luego fue a la batalla de Francia y a Polonia”. También probaron aquí el Messerschmitt BF199, del que fabricaron numerosas versiones a lo largo de los años. Entre los aviones del frente republicano destacan los rusos: los Polikarpov enviados por la URSS: el I16 y el I15 son “los mejores aviones de la Guerra Civil”, dice.

Soler designa a esta mesa de la exposición como "El timo francés", por la baja calidad de los aviones galos. / Vicent Soler Fayos
La muestra reúne maquetas de dos tamaños: miniaturas de escala 1:72, las mayoritarias, y otras más grandes, de 1:48. Llaman la atención de los más pequeños, pero también despiertan gran interés en los adultos por la completa información y descripciones de las tarjetas que acompañan a cada modelo. Vicent Soler ha recopilado 75 de los cerca de 110 tipos de aviones que participaron en la Guerra Civil. “Algunas referencias han desaparecido ya”, lamenta. Las ilustraciones y fotos son su fuente de información, además de los libros y documentos históricos, a los que es muy aficionado.
Compra las maquetas a una tienda de Polonia que se suministra de una empresa de la República Checa. Pertrechado con lupa, cutter y alicates, desmonta pieza a pieza los aviones que le llegan para poder caracterizarlos con pintura y calcomanías. Después los vuelve a montar con pegamento especial que funde el plástico y les aplica barniz. Es un proceso delicado y laborioso que le apasiona. Y así lo transmite con sus palabras entusiasmadas, que le devuelven hojas y hojas de comentarios positivos en el libro de la exposición.
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