Cincuenta familias viven desde hace veinte años en una urbanización inacabada y sin luz en l’Énova
La demora de la conselleria en validar el transformador lastra la finalización de La Besana, un área residencial que quedó paralizada por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria
Las obras se retomaron 17 años después y se han dado por concluidas a falta de regularizar el suministro eléctrico

Agustí Perales Iborra
A la luz del día, la urbanización La Besana de l’Énova es una zona residencial más, con sus casas completas y bien cuidadas, sus parcelas por construir y algunas viviendas a medio hacer. Quizás, llama la atención la gran presencia de placas solares en los tejados, que podría ser un signo de concienciación de los vecinos, aunque no es sólo por eso, es una necesidad, un medio de supervivencia, porque La Besana, que empezó a construirse en 2005, carece de suministro eléctrico. Lo que se ve de día, de noche se desdibuja, se invisibiliza. Así se sienten muchos de los residentes, tras más de veinte años persiguiendo la finalización de las obras y la conclusión de la urbanización.
El alcalde de l’Énova, Tomás Giner, se declara tan damnificado como los residentes: “Se ha dilatado muchísimo. Los perjudicados son los propietarios, sin duda, pero también el ayuntamiento, porque a causa de toda la problemática que arrastra nos da mucho trabajo administrativo”. Son veinte años de trámites, dilaciones, cambio de agente urbanizador, parálisis de las obras… Hoy por hoy ya está toda la urbanización acabada y solo falta la autorización de la Conselleria de Medio Ambiente para poder utilizar (o no) el transformador eléctrico que instaló el primer agente urbanizador hace veinte años. Según explica el alcalde, existen dudas acerca de si este equipo —“que no se ha puesto en marcha en todo el tiempo que lleva instalado”, destaca el munícipe— podría adecuarse a la actual normativa y a los criterios de eficiencia energética. En todo caso, “es el departamento de Energía y Minas de la conselleria el que debe autorizar el uso del transformador”, dice Giner. En noviembre de 2025, el alcalde y técnicos municipales se reunieron con responsables de este departamento, y desde entonces “no hemos tenido respuesta”. Si la conselleria invalida el uso del convertidor, el agente urbanizador actual, la empresa Omicron, deberá sustituirlo y colocar uno nuevo para, a continuación, solicitar a Iberdrola que tramite la conexión de la luz para toda la urbanización.

Teodoro Fayos señala las placas solares presentes en la mayoría de los tejados de La Besana. / Perales Iborra
Aparte de la falta de iluminación, existen otros problemas en La Besana. Las obras comenzaron en pleno “boom” inmobiliario y el agente urbanizador, que aglutinó a tres empresas, desarrolló al mismo tiempo la urbanización y la construcción de viviendas. Esto es algo que “no es normal”, dice el alcalde de l’Énova. La empresa quebró y las obras quedaron paralizadas. Salió a concurso de acreedores y en 2013 se realizó la cesión al agente actual, Omicron. “Se habían ejecutado las obras sin seguir el proyecto. Al 90 % ejecutadas, la conselleria había cerrado el expediente. Habían pasado más de quince años, las normas urbanísticas han cambiado por completo y se ha tenido que legalizar todo”, explica Giner. Este proceso ha representado una importante carga administrativa para el Ayuntamiento de l’Énova. “En vez de tener ingresos por la venta de los terrenos, no hemos tenido más que gastos, todo el trabajo derivado del proceso, con un técnico a tiempo parcial destinado por la Mancomunitat de la Ribera Alta… Cada dos por tres tenemos peticiones de informes urbanísticos porque hay mucha compraventa de parcelas y se acumula el trabajo y satura el servicio urbanístico municipal”, se queja Tomás Giner.

Vista de La Besana, con ventanas tapiadas para evitar la ocupación y instalaciones fotovoltaicas para proveerse de luz. / Perales Iborra
Alrededor de cincuenta familias viven en La Besana “de forma clandestina, irregular”, indica Giner. La obra inconclusa presenta problemas jurídicos: "Solo pueden usar la vivienda si tienen licencia de primera ocupación, y el ayuntamiento solo la puede dar una vez recepcionada la urbanización", explica el primer edil. “La gente compraba con idea de ir a vivir allí lo más pronto posible, pero no ha sido así”, añade. En la urbanización existen un total de 82 parcelas, de las que algo más de una quincena son del Sareb. Entre estos solares hay algunos con casas casi acabadas y otras en las que solo están los cimientos y algunos pilares y paredes. Hace pocos meses se registraron casos de ocupación en algunas de las casas semiacabadas, y el agente urbanizador “envió a una empresa para que tapiara las ventanas y vallara los accesos”, comenta a este periódico Teodoro Fayos, uno de los vecinos de la urbanización. Con esta actuación se ha zanjado el problema de la ocupación, de momento.
Ante la falta de suministro eléctrico, la gran mayoria de los residentes han optado por instalar placas solares. "No estamos ante un tema urbanístico sino ante un problema social", denuncia uno de los vecinos, José Román. "Aquí residen familias con niños en condiciones inhumanas, sobre todo en invierno, pues aún con las placas solares la situación es dramática cuando durante varios días no luce el sol. Por las noches, las calles permanecen oscuras y los residentes sufren el problema añadido de la inseguridad por miedo a las ocupaciones ilegales", se lamenta.
El Ayuntamiento de l’Énova confía en que no tarde mucho la comunicación de la conselleria sobre el transformador eléctrico, único elemento que queda para poder recepcionar la obra y poder declararla acabada para que Iberdrola pueda ofrecer suministro eléctrico a la zona residencial y que ésta brille desde lo alto del Port del Sapo.
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