Los vecinos de la urbanización de l'Énova que carece de luz fían su día a día a las placas fotovoltaicas: "Es dramático cuando no hay sol"
El medio centenar de familias que vive en La Besana han recurrido a paneles con baterías y generadores para suplir la falta de suministro eléctrico

Levante-EMV
El horizonte no se acaba desde La Besana. La urbanización, ubicada en una zona alta de l’Énova, en el Port del Sapo, cuenta con unas vistas sin límites. Tampoco las problemáticas de sus vecinos parecen tener fin. Tras más de veinte años desde el inicio de las obras, con la fase de urbanización casi acabada y cincuenta de las más de ochenta parcelas ocupadas, la falta de autorización para poner en marcha el transformador eléctrico del complejo lastra su legalización.
Los vecinos viven sin suministro eléctrico y reciben agua de obra. No tienen licencia de primera ocupación, porque la zona residencial no ha sido recepcionada por el Ayuntamiento de l’Énova porque no está acabada. La urbanización carece de servicio de mantenimiento y sus parques, zonas verdes y calles están abandonadas.

Teodoro Fayos muestra la vista desde su terraza y señala las placas de los tejados. / Perales Iborra
Cincuenta familias viven en La Besana. Compraron sus parcelas, con o sin casa, y se instalaron allí con la perspectiva de que los suministros llegarían pronto, porque estaban en trámite. Pero la compleja situación administrativa y urbanística han dilatado la solución. “Conocíamos la situación pero siempre hemos pensado que se solucionaría en un plazo corto, siempre nos han dado esperanzas”, cuenta Davinia Fons. Ella reside allí desde hace un año y medio. Cuenta con familia en la urbanización, y se ha traído con ella a la suya. Su hija de ocho años disfruta de vivir en una área residencial, “con casas con jardines y con piscina” y en un ambiente “tranquilo”. De día. Al anochecer, las cosas cambian: “Nos gusta mucho caminar y vamos a pie a todos los sitios, pero en otoño e invierno, cuando empieza a oscurecer, es un problema. Cuando la recojo del colegio o de las extraescolares tenemos que volver a casa con la linterna del móvil porque no hay luz en las calles”.
En La Besana hay familias con niños de todas las edades. “Hay unos quince niños en toda la urbanización”, dice Davinia Fons. “Algunos ya estudian ESO y van y vienen solos y para las madres y los padres es una preocupación que vayan a oscuras”. Al tío de Davinia, Teodoro Fayos, la oscuridad de la urbanización le produce “tristeza”. “Parece un cementerio, las calles solo están iluminadas por la luz de las casas”, deplora.

Parques infantiles, zonas verdes y calles carecen de mantenimiento y están en mal estado. / Levante-EMV
A falta de fluido eléctrico, muchos optaron por las placas solares, que destacan en gran parte de los tejados. Es el caso de Teodoro y de Davinia. “Tenemos una instalación de vivienda aislada con baterías”, concreta la mujer. De tres baterías han pasado a cinco. “En invierno hay menos horas de sol y a las 4 o 5 de la tarde ya es de noche y necesitamos usar más horas las baterías”, justifica. La situación empeora si llueve: “Durante cuatro o cinco días sin sol, las baterías se cargan muy poco y tenemos que vigilar el consumo de electricidad que hacemos, y priorizar. Solemos apagar el calentador, que es lo que más gasta”, explica. Otros vecinos tienen generadores para suplir los días sin sol: “Yo ya no me conectaré, me instalé placas y me he comprado un motor, no necesito la luz”, dice una mujer que aguarda desde 2018 a que se acabe la urbanización.
Inseguridad y ocupación
Otro residente, José Román, lamenta la situación: “No estamos ante un tema urbanístico, sino ante un problema social. Aquí residen familias con niños en condiciones inhumanas, sobre todo en invierno. Aún con placas solares, la situación es dramática cuando durante varios días no luce el sol”, dice. Román, como Fayos, incide en la noche: “Las calles permanecen a oscuras y los residentes sufren el problema añadido de la inseguridad por miedo a las ocupaciones ilegales”.

Las calles permanecen en penumbra, solo alumbradas por la luz interior de cada parcela. / Levante-EMV
Como ayer informó Levante-EMV, hace un par de meses fueron ocupadas dos viviendas. “Eran una pareja y una persona, que se instalaron en las casas inacabadas en busca de cobijo, de una manera discreta, pero las ocupaciones nos preocupan, por si generan efecto llamada o se produce vandalismo”. Los vecinos cuentan con un grupo de whatsapp a través del cual se comunican si ven “un coche sospechoso o alguna persona desconocida”, indica Davinia Fons, quien asegura que los residentes se han planteado contratar a una empresa de seguridad para que vigile la urbanización, que está abierta y cuenta con dos accesos.
Además, han tenido que instalar en cada vivienda contadores de agua porque la que llega a la urbanización desde el depósito de la Comuna es suministro de obra y les presentan una factura global del consumo de toda la urbanización. “Hacemos la lectura del consumo de cada casa y lo dividimos para pagar de forma proporcional”, explica Davinia Fons. Los vecinos han ido llegando a La Besana buscando un entorno más natural y tranquilo, procedentes de l’Énova, de Xàtiva, de Algemesí, de Madrid y también del extranjero. Hoy por hoy todos ellos comparten problemas —algunos durante más tiempo que otros—, pero también “buen aire y buena vista”, como destaca Teodoro Fayos.
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