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La megadraga comienza a devolver la arena al litoral sur de Cullera en el mayor plan de regeneración de su historia

La Bonny River inicia el vertido de un millón de metros cúbicos de arena en las playas del Marenyet y l’Estany, activando la fase clave de una obra de 16,3 millones que permitirá recuperar tres kilómetros de costa perdidos por la regresión marina

La megadraga Bonny River inicia el vertido de un millón de metros cúbicos de arena en las playas del Marenyet y l’Estany

Joan Gimeno

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Joan Gimeno

Joan Gimeno

Cullera

La silueta de una gran embarcación trabajando frente a la costa sur de Cullera ha comenzado ya a transformar el paisaje litoral del municipio. La megadraga Bonny River ha iniciado este viernes el vertido de arena sobre las playas del Marenyet y l’Estany, un paso decisivo dentro del ambicioso proyecto de regeneración impulsado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico para frenar décadas de erosión y devolver a este tramo del litoral la configuración que tenía a mediados del siglo pasado.

Con este movimiento entra en su fase central una de las mayores actuaciones de recuperación costera desarrolladas en la Comunitat Valenciana en los últimos años. No se trata únicamente de una aportación extraordinaria de arena, sino de una intervención integral diseñada para reconstruir el equilibrio sedimentario de una franja litoral que, durante décadas, ha ido perdiendo terreno frente al mar.

El proyecto afecta a cerca de tres kilómetros de costa, entre el sur de la desembocadura del Xúquer y la gola de l’Estany, uno de los puntos donde la regresión marina había mostrado con mayor crudeza sus efectos. En algunos sectores, el mar había llegado a devorar prácticamente toda la playa seca, reduciendo el espacio útil y comprometiendo tanto el uso turístico como la propia protección natural del frente costero.

Una operación de ingeniería en alta mar

La protagonista visible de esta nueva fase es la Bonny River, una draga de succión en marcha considerada una de las embarcaciones especializadas más importantes que operan actualmente en Europa para este tipo de actuaciones.

Sus dimensiones explican la envergadura del proyecto: 158,2 metros de eslora, una capacidad de carga de decenas de miles de metros cúbicos por ciclo y un sistema de bombeo hidráulico de alta presión que le permite trasladar grandes volúmenes de arena desde el fondo marino hasta la línea litoral.

Las retroexcavadoras trabajan en la distribución de arena en el litoral.

Las retroexcavadoras trabajan en la distribución de arena en el litoral. / Joan Gimeno

La operativa se desarrolla a unos dos kilómetros de la costa, donde la embarcación extrae arena de un banco submarino previamente seleccionado tras estudios geotécnicos y ambientales realizados por el ministerio. El material, compatible con la granulometría natural del litoral cullerense, es impulsado mediante tuberías hasta la playa, donde maquinaria terrestre se encarga de su distribución y modelado.

En total se depositarán cerca de un millón de metros cúbicos de arena, una cifra que da dimensión al proyecto: equivale aproximadamente al volumen de 400 piscinas olímpicas o a cubrir más de un centenar de campos de fútbol con un metro de espesor de sedimento.

Recuperar el perfil perdido

El objetivo técnico es claro: devolver al litoral sur de Cullera la morfología que tenía en torno a 1950, antes de que las alteraciones en la dinámica marina y la pérdida continuada de sedimentos transformaran radicalmente estas playas.

Para ello, el proyecto contempla la creación de nuevos arenales con una anchura variable de entre 40 y 100 metros, dependiendo de cada tramo. La nueva playa no sólo ampliará el espacio de uso ciudadano, sino que funcionará como una infraestructura natural de protección frente a futuros temporales.

Los estudios previos realizados por los técnicos del ministerio determinaron que la pérdida de playa en esta zona no podía resolverse únicamente con aportes periódicos de arena. Era necesario rediseñar el comportamiento del litoral para hacerlo más resistente a largo plazo.

Tres espigones para frenar la fuga de sedimentos

La actuación arrancó el pasado 16 de enero con la construcción de tres grandes espigones, que actualmente encaran su fase final.

Estas estructuras tienen unas dimensiones de 195 metros, 280 metros y 222 metros construidos con grandes bloques de escollera, los espigones cumplen la función estratégica de interrumpir la deriva litoral dominante que históricamente arrastraba la arena hacia el norte, impidiendo que el nuevo aporte desaparezca en pocos años.

Su papel técnico es doble. Por un lado, reducirán la energía del oleaje durante episodios de temporal. Por otro, permitirán estabilizar la nueva playa y consolidar el sedimento depositado por la draga.

Los ingenieros consideran esta combinación —espigones y aporte de arena— como la única fórmula capaz de garantizar resultados duraderos.

Un cordón dunar como defensa natural

La intervención no termina en la playa seca. El proyecto incluye también la creación de un nuevo cordón dunar, concebido como una segunda línea de defensa natural frente al mar.

Ese sistema dunar permitirá actuar como reserva estratégica de arena y amortiguar el impacto de temporal, proteger la primera línea de costa así como favorecer la recuperación de hábitats litorales.

La intención municipal es completar esta fase con revegetación mediante especies autóctonas adaptadas al medio dunar, reforzando así el carácter sostenible de la actuación.

Una inversión récord

El coste total de la actuación asciende a 16,3 millones de euros, financiados con fondos europeos Next Generation dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.

Desde el ministerio se considera una de las mayores inversiones realizadas actualmente en España en materia de restauración litoral. El proyecto de Cullera forma parte, además, de una estrategia más amplia para adaptar la costa valenciana al nuevo escenario climático, marcado por el aumento del nivel del mar y la intensificación de temporales.

El calendario de obra mantiene como fecha máxima prevista de finalización el 30 de junio, siempre que las condiciones meteorológicas permitan cumplir el ritmo de trabajo.

Hasta entonces se sucederán varias fases simultáneas: vertido de arena, nivelación del terreno, ajuste de los espigones y consolidación del nuevo perfil litoral.

Si los plazos se cumplen, una circunstancia que parece garantizada, Cullera llegará al verano con una imagen radicalmente distinta en su frente marítimo sur.

Una playa recuperada para varias generaciones

Para muchos vecinos, esta obra tiene también una lectura emocional. Durante décadas, el Marenyet y l’Estany fueron símbolo del retroceso del litoral. Cada temporal se llevaba un poco más de playa.

Ahora, por primera vez en mucho tiempo, ocurre lo contrario: el mar deja de ganar terreno.

La llegada de la Bonny River representa precisamente eso: el inicio de la reconquista de una costa que Cullera llevaba años esperando recuperar.

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