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Proyectos que bloqueó la crisis aún lastran el urbanismo 20 años después en pueblos de la Ribera, la Costera o la Vall d'Albaida

La urbanización con 50 familias sin luz en l’Énova, solares vacíos en la zona de expansión de Alzira y promociones inacabadas o sin comercializar en Bellús, Lloc Nou d'En Fenollet o l’Alcúdia de Crespins son un foco de problemas

La urbanización La Besana de l'Énova se queda a oscuras cada tarde al no contar con suministro eléctrico

Levante-EMV

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Alzira/Xàtiva

El «boom» inmobiliario marcó el desarrollo de la urbanización La Besana de l’Énova. El ímpetu de los planes urbanísticos de los 2000 se plasmó en este proyecto, que arrancó al mismo tiempo la urbanización y la edificación de las viviendas y que se desinfló poco después con la quiebra del agente urbanizador y la paralización de las obras. Dos promotores y veinte años después, las cincuenta familias que residen en La Besana aún esperan una autorización de la Conselleria de Medio Ambiente para activar el transformador eléctrico instalado en 2005 que les daría luz. Siguen con agua de obra y carecen de servicio de mantenimiento porque el Ayuntamiento de l’Énova aún no ha recepcionado las obras por estar inacabada.

Si de algo ha valido este abandono es para fomentar el espíritu de supervivencia y, de paso, la eficiencia energética. Los vecinos se han visto forzados a instalar placas solares para poder contar con luz y calor. Algunos también tienen generadores para suplir los días sin sol en invierno. El mantenimiento y limpieza de las calles lo realiza (o no) cada propietario. Y se han instalado por su cuenta contadores en cada vivienda para hacer un reparto proporcionado de la factura del agua.

Cincuenta vecinos viven desde hace veinte años sin luz en una urbanización de l’Énova

Agustí Perales Iborra

A estas circunstancias se suma la denuncia de uno de los propietarios más antiguos, Francisco Garrigues, que asegura que la urbanización poco tiene que ver con el proyecto inicial del PAI: «Dentro de la urbanización estaba previsto construir 54 casas, pero se han construído entre veinte y treinta más en parques y suelo dotacional. Hay casas que están construidas en zonas verdes, en el ayuntamiento nos dicen que para qué queremos zonas verdes si tenemos jardines, pero es que estaban incluídas en el proyecto inicial», aseguraba a este periódico.

El alcalde de l’Énova, Tomás Giner, dice que hoy por hoy ya está toda la urbanización acabada y solo falta la autorización de la conselleria para poder utilizar el transformador eléctrico . Según explica, existen dudas acerca de si este equipo —«que no se ha puesto en marcha en todo el tiempo que lleva instalado»— se adecuará a la actual normativa y a los criterios de eficiencia energética. En noviembre de 2025, el alcalde y técnicos municipales se reunieron con responsables de Energía y Minas, y desde entonces «no hemos tenido respuesta». Si la conselleria invalida el uso del convertidor, el urbanizador deberá colocar uno nuevo para, a continuación, pedir a Iberdrola que tramite la conexión de la luz para toda la urbanización.

Tras esto, el ayuntamiento podrá ya recepcionar la obra y dotar de servicios municipales la zona y los vecinos —algunos tras casi veinte años allí— podrán obtener su licencia de primera ocupación.

16 años de parálisis en Tulell

Esta urbanización de l'Énova no es el único proyecto urbanístico que bloqueó la crisis y que todavía colea. El desarrollo de la principal zona de expansión urbana de Alzira, el sector Tulell, llamado a convertirse en la nueva imagen de la ciudad ya que la ordenación proyecta una decena de rascacielos, tropezó con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y, con las obras de urbanización finalizadas, acumula prácticamente 16 de parálisis total, al menos, por lo que respecta a la construcción de vivienda. Sí se han ocupado las parcelas de suelo dotacional con infraestructuras educativas o deportivas, y también alguna pastilla comercial.

Una imagen del sector Tulell de Alzira, solares vacíos y, al fondo, una finca tapiada.

Una imagen del sector Tulell de Alzira, solares vacíos y, al fondo, una finca tapiada. / Teresa Juan-Mompó

Aunque todo apunta que este año se va a romper esta dinámica, dado el interés de al menos un par de promotoras por construir, el que ha sido considerado en ocasiones un barrio fantasma, especialmente por las noches, ha generado diferentes problemas por la acumulación de maleza en los numerosos solares vacíos, que ha llevado al ayuntamiento a dictar sucesivas órdenes de ejecución e incluso a asumir de forma subsidiaria la limpieza; la presencia de promociones que se abandonaron cuando sólo se había construido el sótano, que ha derivado en la repetida acumulación de agua en un caso -y con ella las quejas por la proliferación de mosquitos- y, en otros, la presencia de okupas, además de los repetidos problemas de vandalismo en el aparcamiento subterráneo construido a lo largo del bulevar central.

El Ayuntamiento de Alzira asumía en abril de 2010 las obras de urbanización de este sector de 422.000 m2, un área de expansión urbana con capacidad para albergar 7.000 viviendas, aunque la crisi frenó en seco su ocupación a pesar de que, al calor de la efervescencia urbanística previa, diferentes promotoras habían llegado a tramitar licencias para construir 3.553 pisos. Únicamente se ha construido cuatro bloques. Los tres más próximos a la plaza de la Generalitat, que se edificaron de forma simultánea a las obras de urbanización, sacaron al mercado 132 pisos, mientras que la crisis inmobiliaria estalló con las obras de una torre de 13 alturas y 72 viviendas en marcha. La finca se acabó a duras penas, ha permanecido cerrada a cal y canto y la Sareb trató de reactivar la venta de pisos hace unos años, aunque hoy sigue cerrada.

Promociones sin vender

En los últimos estertores de la burbuja inmobiliaria, cuando los pequeños ahorradores ya comenzaban a sufrir los efectos de la crisis, un grupo empresarial obtuvo un préstamo de 5 millones de euros de la antigua Bancaja -antes de que la entidad financiera fuera rescatada con dinero público- para comprar un terreno y construir un complejo residencial de 1.800 m2 con spa, piscina climatizada, locales comerciales y gimnasio en la entrada de Chella. Una decena de familias pagaron anticipos por la compraventa de los pisos, pero se quedaron en la estacada junto a la constructora y los subcontratistas de la obra por culpa de los impagos de la empresa promotora, que obligaron a paralizar los trabajos. Dos promotores y un exdirector de banco fueron condenados por la supuesta apropiación de 800.000 €. La promoción continúa a día de hoy abandonada y sin terminar.

En Bellús, recientemente ha trascendido un anuncio de una inmobiliaria en Wallapop que vende una promoción de 11 viviendas adosadas inacabadas por 560.000 euros. La promotora entró en quiebra con la crisis inmobiliaria de 2008 y las casas siguen paradas desde entonces.

Edificio Vilanova, en la Avinguda de la Pau en l’Alcúdia de Crespins.

Edificio Vilanova, en la Avinguda de la Pau en l’Alcúdia de Crespins. / Perales Iborra

Algo similar ocurre con el Edificio Vilanova de l’Alcúdia de Crespins, una promoción de viviendas de protección oficial impulsada por una empresa mixta compartida por la Generalitat y el grupo Llanera, SL en la época de Rafael Blasco como conseller. 41 viviendas que llevaban vacías desde 2011 salieron recientemente a subasta instada por la Sareb para intentar recuperar parte de los 3 millones de deuda que dejó la promotora del proyecto a raíz del impago del crédito. Solo 4 de los pisos han despertado algún interés en la fase de pujas. En el bloque conviven 11 propietarios que pudieron comprar las viviendas cuando se acabaron y que denuncian el deterioro del edificio por el impago de las cuotas de la comunidad, de las que la Sareb se desentiende.

En Llocnou d’en Fenollet, un bloque de 24 viviendas que se quedó en el limbo durante la crisis ha salido hace poco a la venta por 2,1 millones de euros con varios inquilinos dentro. Algunos como Juan Ramón Ferrer, enfermo de cáncer, firmaron un contrato con la constructora que edificó el bloque en 2009, pero la propiedad acabó embargada y en manos de una firma de gestión de activos inmobiliarios tóxicos, que ha intentado desahuciar a los moradores.

En el mapa de inmuebles de la Sareb llama la atención el caso del Palomar, un pequeño pueblo de 560 habitantes de la Vall d'Albaida en el que se contabilizan al menos 24 viviendas en manos de la entidad. El alcalde, lamentó el bloqueo de muchos pisos que se quedaron pendientes de terminar con el estallido de la crisis financiera de 2008 y que fueron asumidos por los bancos tras la quiebra de las promotoras. El consistorio ha desplegado varios intentos para tratar de conseguir que salgan al mercado, dada la demanda existente.

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