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Campos de Algemesí y l’Alcúdia ensayan tratamientos para mejorar la fertilidad y la producción tras la dana

Las cooperativas Copal y Canso y las organizaciones AVA-ASAJA y la Unió Llauradora probarán en sus parcelas cómo restaurar el perfil del suelo y la carga orgánica tras la erosión y la sedimentación que ocasionó el temporal

Representantes de las cooperativas y de organizaciones agrarias, así como agricultores de la comarca asistieron a la presentación en Carcaixent.

Representantes de las cooperativas y de organizaciones agrarias, así como agricultores de la comarca asistieron a la presentación en Carcaixent. / C. Llorca Ibáñez

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Alzira

Las cooperativas de Algemesí (Copal) y l’Alcúdia (Canso) han ofrecido sus campos para poner allí en práctica soluciones que permitan recuperar los terrenos dañados tras la dana. También las organizaciones AVA-ASAJA y la Unió Llauradora han puesto a disposición del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) las parcelas de sus asociados y del centro experimental de AVA-ASAJA, la Finca Sinyent en Polinyà de Xúquer, extendiendo el campo de experimentación a la Ribera Baixa, con diferentes explotaciones en municipios como Riola, Benicull o Albalat de la Ribera

La estación experimental agraria de Carcaixent acogió este lunes una presentación del estudio desarrollado por el IVIA tras la dana del 29 de octubre de 2024. El informe sobre el impacto de la dana en los suelos agrícolas —presentado de forma general en abril en la Muntanyeta dels Sants de Sueca— describía los efectos del temporal en las zonas de cultivo. Para ello, se acometió un exhaustivo estudio sobre un área de unos 6.500 km² con más de 12.000 análisis químicos para evaluar el estado de los suelos y diseñar un plan de recuperación. Pese a la gravedad de los daños, el estudio confirmó que los suelos mantienen su fertilidad natural y no presentan contaminación peligrosa por metales pesados ni niveles preocupantes de hidrocarburos, lo que garantiza la seguridad de los alimentos producidos en la zona.

Los efectos sobre la tierra variaron según la geografía: en la Ribera Alta, el agua descendió con gran fuerza erosionando la capa superior del suelo, la más rica en nutrientes, mientras que en la Ribera Baixa la pérdida de velocidad del agua provocó la acumulación de lodos y sedimentos sobre los campos, tal como publicó Levante-EMV. En zonas como Alberic, Algemesí o Alzira, la confluencia del Xúquer y el Magre agravó el problema con depósitos masivos de limos que, al secarse, forman una costra que impide la correcta oxigenación del terreno.

Técnicos del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) durante la jornada.

Técnicos del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) durante la jornada. / C. Llorca Ibáñez

Ahora, el IVIA está llevando a cabo unas jornadas para transferir a las entidades agrarias y los labradores este informe y las recomendaciones para poder mejorar la calidad del suelo, con la propuesta de poder experimentar en sus terrenos las soluciones ya diseñadas por el IVIA y definidas en el estudio. En la sesión de Carcaixent, la propuesta se centró en los cultivos de cítricos y frutales. Según el estudio presentado en abril, el IVIA propone actuar de forma diferenciada en función del tipo de daño. Para los campos cubiertos de barro, en la zona de sedimentación —aguas abajo del Xúquer y del Magre—, se recomienda retirar con maquinaria las capas gruesas o con residuos, e incorporar al terreno las capas más finas y limpias. En ambos casos resulta esencial añadir abono orgánico, como estiércol maduro o compost, para restablecer la actividad microbiana del suelo. En los cultivos de cítricos, una actuación prioritaria era la limpieza del tronco y el cuello del árbol para eliminar el barro adherido y prevenir la aparición de hongos que pueden pudrirlos. Para las zonas de la Ribera Alta donde la erosión se llevó la capa fértil —aguas arriba— se desaconseja la labranza profunda y se apuesta por cubiertas vegetales que protejan el suelo frente a futuras lluvias, complementadas con un abonado orgánico suave y progresivo.

Según el responsable de Innovación y Transferencia de AVA-ASAJA, Carlos Montesinos, que participó este lunes en la jornada, “casi todas las parcelas de esta zona están ya mezcladas”, porque es uno de los primeros trabajos realizados por los agricultores que sufrieron la dana. Así que, de aquí al verano, se centrarán en “mirar cómo evoluciona el perfil del suelo, comprobar distintos parámetros y compararlos con los resultados del estudio que realizó el IVIA entre marzo y mayo de 2025”

Comienza ahora “un nuevo monitoreo en la zona de sedimentación desde l’Alcúdia a Riola”. En los campos donde aún no se ha trabajado, “si la capa superficial de tierra no tiene contaminantes, se incorporará al terreno”, detalla. Además, se aplicará fertilización sostenible y orgánica a todos los campos como medida general y “se valorará cómo resulta la aplicación en todas las zonas afectadas”. 

Campo de caquis del Marquesat inundado a causa de la dana

Campo de caquis del Marquesat inundado a causa de la dana. / Levante-EMV

Esta segunda medida es especialmente importante en las tierras altas de la Ribera, donde hubo arrastres de la capa superficial. “Se trata de recuperar la cubierta vegetal que se ha perdido en las zonas de erosión y aplicar también estiércol y compost” para enriquecer las tierras. Con estas medidas esperan restaurar la capacidad productiva de los terrenos afectados, con el objetivo de mejorar las condiciones de fertilidad y optimizar el uso de los suelos agrícolas más perjudicados, y garantizar la sostenibilidad futura.

La dana del 29 de octubre de 2024 causó un impacto devastador sobre la agricultura valenciana, con especial incidencia en la comarca de la Ribera. Las precipitaciones, que alcanzaron en algunos puntos los 772 litros por metro cuadrado, dejaron más de 53.000 hectáreas afectadas en toda la provincia, de las que cerca del 90% correspondían a tierras de cultivo, principalmente de árboles frutales y cítricos. Se analizaron las zonas erosionadas (la Plana de Utiel, Requena, Cheste y Chiva) y las zonas con sedimentación (la Rambla del Poyo, l’Horta Sud y la Ribera) en parcelas elegidas al azar, en zonas problemáticas junto a depuradoras y estaciones de servicio, parcelas con más del 50 % de afectación y otras cedidas por los agricultores, así como en puntos no afectados para comparar, sin que se hayan encontrado diferencias significativas en cuanto a la composición de la tierra. Se estudiaron la textura (parámetros físicos), los componentes químicos (metales pesados e hidrocarburos) y el pH y la materia orgánica, entre otros valores.

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