Memoria histórica
La última identificación de la fosa 112 de Paterna pone nombre a otros seis represaliados de la Ribera
Los restos de estos vecinos de Cullera, Sueca, Albalat, Benifaió y Sollana, cinco agricultores y un chófer asesinados en 1939, descansarán en sus municipios de origen gracias al impulso de sus descendientes

Familias de los represaliados enterrados en la fosa 112 en la inauguración del memorial. / Levante-EMV
La fosa 112 de Paterna ha guardado durante casi ochenta años los restos de casi un centenar de represaliados por el franquismo. Muchos de ellos de la Ribera. Desde hace ocho años, los 98 cuerpos rescatados de las dos sacas enterradas en esta fosa están siendo identificados poco a poco gracias a la incansable labor de la Asociación de Familiares de Víctimas del Franquismo de la Fosa Común 112 de Paterna, que preside Carmen Gómez, nieta de uno de los asesinados, el alcalde republicano de Tavernes de la Valldigna, Vicente Gómez Marí.
Ya se han completado tres procesos de identificación desde 2018, cuando se realizó la exhumación. El cuarto proceso acaba de realizarse y ha permitido reconocer a seis hombres de la Ribera cuyos restos serán entregados el próximo 31 de mayo a sus familias en el cementerio de Paterna. Todos ellos saldrán de Paterna (a excepción de uno de ellos) para descansar junto a sus familias en los cementerios escogidos.

Carmen Gómez en la fosa 112 antes de empezar la exhumación. / Miguel Angel Montesinos
La cuarta identificación permitirá retornar a familias de la Ribera a sus seres queridos, desaparecidos algunos de ellos demasiado jóvenes. Es el caso de Amadeo Lechiguero Ferrando, de Sueca, que fue ejecutado con 23 años. Era labrador y murió en la remesa del 30 de noviembre de 1939, la primera de las dos que contenía la fosa 112. Sus restos aguardarán en Paterna hasta que esté acabado el memorial en el cementerio de Sueca. Su hermano estaba enterrado en la fosa del camposanto suecano y ahora están en fase de identificación. Los familiares quieren reunir a los dos hermanos en el memorial del cementerio de Sueca, ya que los padres desaparecieron tras la Guerra Civil y no se tiene rastro de ellos, explica Carmen Gómez.
La identificación ha permitido reconocer a otro suecano, Salvador Oller Piera, ejecutado a los 31 años de edad en la misma remesa que su conciudadano, el 30 de noviembre de 1939. Chófer de profesión, su familia ha decidido trasladar sus restos al cementerio de Riola.
El resto de represaliados, además de compartir comarca de origen, también se dedicaban al mismo oficio: la agricultura. Juan Bautista Boloix Llop era agricultor en Albalat de la Ribera. Fue detenido y asesinado también en la remesa de noviembre de 1939. Su familia ha manifestado el deseo de retornar sus restos a su pueblo y será enterrado en el camposanto albalatense. Miguel Miralles Serer, de Benifaió, tenía la misma edad cuando fue ejecutado, aunque fue un mes después, en la remesa del 9 de diciembre de 1939. Los otros dos ribereños son Vicente Salón de las Nieves, de Cullera, que fue asesinado a los 39 años de edad en la remesa del 30 de noviembre de 1939 y que será enterrado en el Cementerio General de València y Francisco Folch Peris, de Sollana, asesinado a los 38 años también en la primera saca y que permanecerá en el cementerio de Paterna.
Cien cuerpos en una fosa de 2 por 2
La fosa 112 es un espacio de dos metros por dos metros donde se enterraron un centenar de cuerpos, los correspondientes a dos remesas de ejecuciones, o sacas, como las denominaban los verdugos. La primera tuvo lugar el 30 de noviembre de 1939: “Tiraron a los cincuenta hombres, tiraron por encima una capa de tierra y una capa de cal y la dejaron abierta a la espera de la siguiente”, cuenta Carmen Gómez. La siguiente, también de cincuenta, llegó poco después: “Tenían que hacerla el 8 de diciembre, pero era La Purísima y en días de precepto no las hacían”, explica la presidenta de la asociación. Así que la retrasaron al 9 de diciembre de 1939.

Memorial construido en el lugar que ocupaba la fosa 112 del Cementerio de Paterna. / Levante-EMV
Los trabajos de identificación han sido desarrollados por Fisabio (Fundació per al Foment de la Investigació Sanitària i Biomèdica de la Comunitat Valenciana) y han permitido dar certezas a las familias sobre la identidad de sus seres queridos. “Sabíamos que estaban allí, desde la guerra. Y las familias han estado todos estos años trayendo flores y visitando la fosa”, comenta Gómez. Tras la exhumación, las familias construyeron un memorial en el lugar que ocupaba la fosa, donde han dejado constancia de los cien hombres ejecutados y han ubicado una escultura inspirada en una poesía que uno de los represaliados, Felipe Agustí Altur, de Tavernes de la Valldigna, envió a su hija justo antes de morir. El memorial, inaugurado en octubre de 2025, es un “recuerdo de todos los niños y niñas que se quedaron huérfanos” aquellos días.
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