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La piricularia amenaza con arrasar otro año el arroz de la Ribera Baixa

Los agricultores advierten de que el Gobierno solo autoriza un fungicida de baja concentración y uso limitado hasta la floración, lo que deja sin protección el mes crítico en que la enfermedad causó estragos en 2025

Arroz afectado por la piricularia en una imagen de archivo.

Arroz afectado por la piricularia en una imagen de archivo. / Levante-EMV

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Joan Gimeno

Joan Gimeno

Sueca

La comarca de la Ribera Baixa, corazón arrocero de la Comunitat Valenciana y cuna de variedades centenarias como la del arroz Bomba o el Albufera, afronta una nueva campaña bajo la sombra de la piricularia sin los medios necesarios para combatirla. El Ministerio de Agricultura ha resuelto autorizar únicamente un fungicida excepcional —Protioconazol 5% + Azufre 62,5%— para el período comprendido entre el 15 de junio y el 15 de agosto, dejando desprotegido el tramo final del ciclo del cultivo, precisamente el mes en que la enfermedad causó sus mayores daños el año pasado.

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Esta decisión ha causado indignación entre los agricultores de la zona, agrupados en AVA-ASAJA, que llevan meses reclamando al Gobierno central un arsenal fitosanitario más amplio y eficaz. "Es un pequeño paso, pero absolutamente insuficiente", lamenta José Pascual Fortea, responsable de la sectorial del arroz de la organización agraria. El nuevo producto, además de autorizarse con apenas un 5% de concentración, solo puede aplicarse hasta la época de floración. A partir de ahí, cuando la espiga comienza a asomar, los arroceros de la Ribera Baixa quedarán otra vez con solo las estrobirulinas como fungicidas disponibles para el resto de la campaña, a pesar de que su eficacia está ya seriamente comprometida por las resistencias que la propia piricularia ha desarrollado frente a ellos.

El contraste con países vecinos resulta especialmente doloroso para un sector que acumula pérdidas históricas. En Italia y Grecia, los gobiernos han autorizado un abanico mucho más amplio de materias activas contra la enfermedad, lo que ha permitido a sus productores mantener rendimientos estables. En València, en cambio, la piricularia provocó en la última cosecha una caída media del 20% en la producción y de hasta el 80% en las variedades tradicionales Bomba, Albufera y, por primera vez, J-Sendra, sembrando dudas serias sobre la supervivencia de estos cultivos emblemáticos que son también seña de identidad de la comarca.

AVA-ASAJA, Cooperatives Agro-alimentàries y la Conselleria de Agricultura, a través del IVIA y Sanidad Vegetal, han trabajado de manera coordinada durante meses para presentar al ministerio propuestas concretas de nuevas materias activas. Incluso se celebró una reunión presencial en Madrid para trasladar las soluciones que el sector reclamaba. El resultado ha sido una única resolución que los agricultores de la Ribera Baixa consideran un parche insuficiente frente a una crisis que, campaña tras campaña, se enquista y se agrava.

Con el inicio de la temporada a pocas semanas, los arroceros valencianos siembran sus parcelas con más incertidumbre que ilusión, conscientes de que, si la piricularia vuelve a golpear con fuerza en agosto, el Gobierno no les habrá dado las herramientas para plantar cara.

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