Una devoción a prueba de derribos
Vecinos de Algemesí logran que el ayuntamiento reubique la imagen centenaria de Sant Miquel amenazada por la demolición de la casa que lo alberga

La casa con la hornacina del santo y la contigua van a ser demolidas para abrir la calle Sant Miquel y prolongarla. / Perales Iborra
Algemesí es un pueblo muy devoto. Su fiesta de la Mare de Déu de la Salut ha sido reconocida como patrimonio inmaterial de la Unesco no sólo por la riqueza cultural que representa sino también por ser modelo de implicación popular para mantener una tradición muy propia. Sant Miquel, aún siendo un arcángel, no ha llegado tan alto, pero cuenta también con unos devotos con gran fervor en Algemesí, especialmente los que viven en el barrio de Sant Miquel. Su fe no mueve montañas, pero sí voluntades y han conseguido retrasar la demolición de la casa que acoge la hornacina con la figura del santo —arrasada tras la dana— hasta asegurarse de que la imagen será reubicada en la barriada.
La imagen de Sant Miquel tiene historia. Es casi centenaria. Se encargó tras la Guerra Civil a un artesano en València. Los vecinos del barrio promovieron la compra y recogieron dinero entre las casas y a través de rifas para pagar la escultura, de gran belleza y realizada toda de madera. La figura llegó para dar visibilidad a la devoción del barrio de Sant Miquel, formado por la calle de Sant Miquel, la Placeta del mismo santo y las calles Isabel la Católica y José Segura, que ya venía de atrás, según nos cuenta una vecina de la zona, Vicenta Borràs Bretó. Tiene 93 años muy bien llevados y nos atiende en ‘el congreso’, como lo llama una vecina joven: un garaje pequeño abierto a la calle donde las mujeres se reúnen para conversar. Ella fue festera de Sant Miquel cuando fue joven. No vivió la llegada del santo al barrio, pero conoce la historia: ”Fueron a por él tres mujeres en un ‘carro mut’, con un macho y ruedas de camión, a traerlo desde el taller del artesano”. Otra guardiana de la memoria es Carmina Girbés Juan, más joven. Ella ha heredado la veneración de su madre, Asunción, que asumió la labor de defensora de la Festa de Sant Miquel cuando los vecinos más mayores ya no podían seguir.

Vicenta Borràs Bretó, a la derecha, junto a otra vecina del barrio de Sant Miquel de Algemesí. / Teresa Juan-Mompó
Antes de la talla de madera estaba el retablo: una composición en azulejos más antigua que representa al Arcángel y que presidía el Forn de Sant Miquel. Fue retirado cuando se cambió el horno de leña y aún se conserva, asegura Vicentica. El vecindario quería, no obstante, tener una imagen del santo en la calle, y así surgió la idea de encargar una escultura. Uno de los promotores fue Ramón Nácher, suegro de la propietaria de la casa donde está la imagen. “Él construyó la hornacina en su casa para acoger al santo”, dice Carmina Girbés. Joaquina, con 94 años, vivía en esta casa hasta la dana del 29 de octubre de 2024. “La casa quedó totalmente afectada por la dana. A Joaquina la tuvieron que sacar los bomberos. No se puede ni rehabilitar, así que la compró el ayuntamiento” con la intención de demolerla (junto con la casa de al lado, abandonada) para dar continuidad a un proyecto de años: unir la calle Sant Miquel con la calle Prolongación de Sant Miquel, creando una única calle, explica el concejal de Més Algemesí Josep Bermúdez, vecino del barrio.
En cuanto el vecindario conoció esta noticia se movilizaron para impedir que la imagen de Sant Miquel desapareciera. Carmina Girbés se puso al frente de los vecinos y fue a hablar con el concejal de Urbanismo, Borja Revilla, para trasladarle su voluntad de conservar el santo. “Querían llevárselo a la ermita de Sant Onofre, cerca del cementerio viejo, que está abandonada y muy lejos”, comenta. Los vecinos han conseguido cambiar esta idea inicial y el Ayuntamiento de Algemesí se ha comprometido a “construir una capillita en la esquina” para el santo. Mientras eso llega, una vecina lo acogerá en su casa: “Lo pondrá de cara a la ventana, para que lo podamos ver desde la calle”, dice Carmina Girbés.

La talla es casi centenaria y fue realizada en madera por un artesano de València. / Perales Iborra
Objetivo: Recuperar la Festa de Sant Miquel
Un final feliz. Aunque los vecinos del barrio de Sant Miquel tienen aún una espinita clavada: recuperar la Festa de Sant Miquel. Antaño tenían su propia anda con la imagen del Arcángel, que quedó dañada al derribar la casa que la guardaba, hace 30 años. Se quedaron sin procesión, pero la fiesta de calle siguió hasta hace trece años, cuando falleció la madre de Carmina Girbés. “He ido tres veces al ayuntamiento a pedir que nos den permiso para cortar la calle y poder hacer una fiesta, una cena o una merienda, aunque sea. Pero nos dicen que no porque por allí pasa el camión de los toros, y la fiesta es el 29 de septiembre, en plena Setmana de Bous”, explica. Ahora, los vecinos se reúnen en un tramo de la Placeta de Sant Miquel: “Somos mujeres mayores y un señor de 101 años, viene la chica del horno y canta algunas canciones y nos tomamos un refresco”. “Por la mañana, ponemos un ramo, tiramos una traca, vamos a la misa que pagamos nosotros y luego almorzamos juntos y damos vivas a Sant Miquel”, añade Carmina Girbés.
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