Noche de San Juan: Cullera y Sueca mantienen viva la magia entre baños, deseos y antiguos rituales frente al mar
La prohibición de encender hogueras no impedirá que miles de personas vuelvan a reunirse en las playas de la Ribera Baixa para celebrar una de las noches con mayor carga simbólica del calendario, donde el agua ha tomado el relevo del fuego como gran protagonista

Grupos de amigos, en la playa de Cullera, una noche de San Juan. / Joan Gimeno

Con o sin hogueras, la noche del 23 al 24 de junio sigue ocupando un lugar privilegiado en el calendario festivo de la Ribera Baixa. Cada verano, miles de personas acuden a las playas de Cullera y del litoral de Sueca para celebrar la llegada del solsticio con una fiesta que combina convivencia, simbolismo y antiguas creencias populares que han sobrevivido al paso de las generaciones. Pese a los cambios que ha experimentado la celebración durante las últimas décadas, la Noche de San Juan conserva buena parte de su esencia. Familias enteras, grupos de amigos y visitantes convierten la arena en un gran espacio de encuentro donde la cena al aire libre, la música y la espera hasta la medianoche forman parte de un ritual que trasciende el simple inicio del verano. Este año la celebración llega condicionada por las playas de Sueca, El Perelló y el litoral sur de Cullera que se encuentran cerradas por las obras de regeneración.
Si existe un momento esperado por todos los asistentes, ese es el de las doce de la noche. Cuando el reloj marca el cambio de día, cientos de personas se acercan a la orilla para cumplir con una tradición que sigue profundamente arraigada en la comarca: el baño de medianoche.
La creencia popular sostiene desde hace siglos que las aguas del Mediterráneo adquieren durante esa noche propiedades purificadoras. Algunos se sumergen completamente; otros prefieren mojarse únicamente los pies o caminar lentamente por la orilla mientras dejan que las olas rompan sobre sus piernas. Para muchos, ese sencillo gesto simboliza dejar atrás las preocupaciones, atraer la salud y recibir con optimismo el nuevo ciclo que comienza con el verano.
No faltan tampoco quienes mantienen otros rituales transmitidos de generación en generación. Hay quienes escriben un deseo para el solsticio que comienza, quienes recorren descalzos la arena convencidos de que el contacto con el mar y la tierra favorece la buena fortuna o quienes esperan el paso de varias olas, según cuentan los más viejos del lugar tres olas, antes de formular en silencio un deseo.
Estas costumbres, de origen ancestral y vinculadas a antiguas celebraciones paganas del solsticio de verano, siguen muy presentes en una comarca donde el Mediterráneo forma parte de la identidad colectiva. La noche de San Juan continúa siendo, para muchos vecinos, un momento de renovación, de encuentro familiar y de celebración compartida junto al mar.
Durante décadas, además, el fuego acompañó a todos estos rituales. Las playas de Cullera, El Perelló, Les Palmeres, Mareny de Barraquetes o Mareny de Vilxes se iluminaban con centenares de pequeñas hogueras alrededor de las cuales se reunían familias y amigos. Era habitual esperar la llegada de la medianoche para saltar las llamas tres, siete o nueve veces, según la tradición de cada familia, como símbolo de purificación y buena suerte.
Aquella imagen forma parte del recuerdo de varias generaciones de vecinos de la Ribera Baixa. Las hogueras eran uno de los elementos más característicos de la celebración y constituían el complemento perfecto al baño nocturno, en una combinación de fuego y agua que resumía el sentido simbólico de la fiesta.
Sin embargo, la celebración ha ido evolucionando al mismo ritmo que la normativa destinada a proteger el litoral valenciano.
En la actualidad, los ayuntamientos de Cullera y Sueca mantienen la prohibición de encender hogueras en todas sus playas, una medida adoptada en aplicación de la normativa de prevención de incendios y de protección medioambiental derivada del Plan de Acción Territorial de la Infraestructura Verde del Litoral (PATIVEL). Esta restricción impide recuperar uno de los rituales más tradicionales de San Juan: el salto sobre las llamas.

Dispositivo de seguridad en la playa, en una imagen de archivo. / Joan Gimeno
Los ayuntamientos reforzarán durante toda la noche los dispositivos de seguridad para garantizar el cumplimiento de esta prohibición. Agentes de la Policía Local, Guardia Civil, Protección Civil y personal de emergencias vigilarán el litoral con el apoyo de drones y vehículos todoterreno para evitar que se encienda fuego sobre la arena.
Sueca tendrá prácticamente la mitad de sus playas cerradas dentro del proyecto de regeneración de las mismas. En el caso de Cullera, además, la celebración coincidirá con el mantenimiento de las restricciones en parte del litoral sur debido a las obras de regeneración de las playas del Marenyet y l'Estany. El ayuntamiento recuerda que existen zonas con acceso limitado al baño y recomienda a los asistentes respetar tanto la señalización como las indicaciones del dispositivo especial preparado para una de las noches con mayor afluencia de público del verano.
Las llamas han desaparecido del paisaje costero, pero el espíritu de la noche de San Juan continúa intacto. El Mediterráneo sigue siendo el gran escenario de una tradición que, en la Ribera Baixa, mantiene viva la costumbre de recibir el verano mirando al mar, compartiendo mesa con familiares y amigos y confiando, aunque solo sea por una noche, en que los viejos rituales todavía son capaces de traer un poco de buena suerte.
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