La icónica Pastelería Llopis de Alzira cierra a la espera de encontrar nueva ubicación
La confitería abandona su sede histórica en la calle Faustino Blasco para expandirse con nuevos obradores y recetas actualizadas

Un cliente hace su compra, este viernes, en la pastelería Llopis en el centro de Alzira. / Teresa Juan-Mompó
Casi 50 años después de su apertura, la Pastelería Llopis echa el cierre. Baja la persiana el negocio artesano, ubicado en un edificio construído a propósito para albergar un obrador innovador entonces, junto al trazado de las antiguas murallas de Alzira, en el arranque de la Vila, en la calle Faustino Blasco. Cierra todo un icono para esta ciudad, para sus vecinos y para la Ribera, pues el prestigio alcanzado por esta pastelería, dulce y salada, regentada hasta 2017 por su impulsor, Paco Llopis, perdura ocho años después de que asumiera la sociedad el empresario Miguel Ángel Sepúlveda, originario de Murcia.
El establecimiento 'medio-centenario' echa el cierre, pero no el negocio. Sepúlveda, propietario de la mercantil Pastelería Llopis S.L., tiene otras ideas para esta empresa, y ante la voluntad de la familia Llopis de vender el edificio donde se encuentran la pastelería y el obrador, ha anunciado el cierre hasta que encuentre una nueva ubicación donde abrir de nuevo el comercio. Será una nueva etapa que estará marcada por la separación del obrador de las pastelerías; en plural, sí. El año pasado Sepúlveda abrió un nuevo establecimiento de Llopis en Carcaixent: “Fue un reto para la empresa, una prueba piloto de abrir un local independiente del obrador. Ha habido mucho aprendizaje y nos ha ido bien”, dice. Este mes de abril abrió otro despacho, cerca del Parc de l’Alquenència “en previsión de que teníamos que abandonar la sede principal y queríamos contar con un local abierto en Alzira”. Llopis ya hace años que se subió al tren de las nuevas tecnologías y vende “por la web, el teléfono y el whatsapp”, así que la nueva pastelería de Alzira también se abrió como punto de recogida de los encargos realizados en el obrador del centro. Y puede que vengan más: “Estamos buscando nuevas instalaciones. Vamos a montar un obrador, o varios, para adaptarnos a los nuevos tiempos, a la demanda de productos sin gluten, por ejemplo. Un obrador central abastecerá a las tiendas. Nos quedaremos en el entorno de la Ribera”, adelanta Sepúlveda.

El edificio de la Pastelería Llopis cuenta con cinco alturas todas dedicadas al negocio. / Teresa Juan-Mompó
Dulcería de altura
La Pastelería Llopis es un negocio singular. Está localizado en un edificio de cinco alturas. “Se diseñó para la pastelería. En la planta baja está la tienda; en el entresuelo, el almacén. El primer piso es para el obrador. El tercer piso era todo para trabajar el chocolate y en el cuarto piso había una nevera enorme. El quinto acoge un despacho”, cuenta Paco Llopis. El pastelero, hijo y nieto de horneros, se jubiló con 70 años, tras un tiempo intentando dar continuidad a su pastelería. Su búsqueda acabó cuando encontró a Miguel Ángel Sepúlveda, que adquirió la sociedad al completo, asumiendo a la totalidad de los trabajadores (diez) y respetando su antigüedad. Ahora, la verticalidad del establecimiento “es un problema para rentabilizar el negocio a nivel de productividad, de equipamiento, de instalaciones”, señala Sepúlveda.

Las tarteras estaban ayer a rebosar de pasteles a falta de un día para el cierre definitivo. / Teresa Juan-Mompó
Menos azúcar y porciones más pequeñas
En el traspaso del negocio, Llopis cedió hasta sus formularios, cuadernos de su puño y letra donde había ido recogiendo sus recetas, tan apreciadas. Elaboraciones que perduran aún en las vitrinas de Llopis, hasta mañana domingo. “Ya hemos agotado todas las materias primas y ya hemos cerrado el obrador, ya no elaboramos más”, aseguraba ayer Sepúlveda. A partir de ahora a estas fórmulas artesanales les aguarda una transformación para adaptarse a los gustos de los consumidores actuales: “Mantendremos la esencia tradicional, pero buscamos unos pasteles más equilibrados, no tan calóricos ni tan dulces”, explica. Las nuevas tendencias de consumo “piden reducir la proporción de azúcar, hacer convivir las elaboraciones de siempre con otros productos, con raciones más pequeñas”.

Los escaparates anuncian el cierre y las ofertas en la compra de productos por liquidación. / Teresa Juan-Mompó
La vista puesta en Sant Donís
A la nueva Pastelería Llopis le esperan “uno o dos años de reestructuración”. “Estamos centrados en recuperar el obrador lo antes posible. A lo largo del mes de septiembre queremos abrir para estar preparados para Sant Donís, que es muy importante para nosotros”, indica Sepúlveda. De momento, las tres tiendas y el obrador cierran este domingo, en época de verano y vacaciones. Los trece trabajadores entran en un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) con la vista puesta en septiembre. Y también la clientela, la fiel y la esporádica, aguarda a recibir nuevas noticias de las nuevas aperturas a través de las redes sociales, donde esta histórica pastelería anunciará el inicio de su etapa más moderna.
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