Del lagarto bético al roquero solitario: reintroducen 320 animales rescatados en la Ribera en un año
Sueca, Carlet y Cullera lideran las aportaciones al Centro de Recuperación de El Saler
La concienciación ciudadana y la especialización del personal disparan los avisos para trasladar especies heridas a "La Granja", que ha logrado devolver a su hábitat a ejemplares en peligro de extinción

Personal del Centro de Recuperación de Fauna, con un ejemplar de águila perdicera. / Levante-EMV
Un solo roquero solitario en Cullera, decenas de vencejos, ánades y cernícalos, numerosos erizos en Carlet y, de nuevo, un único ejemplar de curruca cabezinegra en Alzira, un búho real en Montroi, un flamenco común en Sueca, una rana verde en Benicull de Xúquer y un lagarto bético en Rafelguaraf. Son solo algunos de los animales recuperados y liberados en la Ribera a lo largo de 2025. La comarca ha demostrado durante el último año que la protección del medio ambiente y de la biodiversidad local es una prioridad creciente para sus habitantes y sus autoridades. El balance del pasado año arroja una cifra que invita al optimismo: un total de 320 animales silvestres, todos ellos pertenecientes a especies estrictamente nativas, han sido rescatados, atendidos y liberados con éxito tras pasar por las instalaciones clínicas del Centro de Recuperación de Fauna "La Granja" de El Saler. Detrás de estos fríos números estadísticos late una realidad social en transformación, donde la mirada ciudadana hacia el entorno natural se ha vuelto mucho más atenta, empática y protectora, destacan fuentes de Vaersa, empresa pública que gestiona “La Granja” de El Saler. “Hay más concienciación, no solo por las personas que los encuentran. Cada vez hay más información, se sabe cómo actuar y también las brigadas, la policía local y los agentes medioambientales contribuyen a ello”, inciden las mismas fuentes.

Una cría de tejón recuperada. / Levante-EMV
El volumen de recuperaciones va en aumento. En “La Granja”, en 2025, la actividad creció por encima del 20 % respecto al año anterior y esto es el resultado de una red de colaboración cada vez más engrasada entre la sociedad civil, las administraciones locales y los centros de gestión ambiental, una implicación social que dibuja una curva ascendente de animales atendidos año tras año.
El mapa de los rescates nos descubre una comarca profundamente implicada. Sueca se erige como el municipio más activo en la detección de fauna accidentada, con 45 intervenciones registradas a lo largo de 2025. Le siguen muy de cerca Carlet, con 29 ingresos documentados, y Cullera, que suma 25 rescates efectivos. También destacan por su alto volumen de avisos poblaciones de gran peso demográfico y agrícola como Algemesí, con 22 aportaciones, y Alzira, con 19. Estas cifras reflejan no solo la alta probabilidad de interacción entre la fauna y los entornos humanizados —ya sean cascos urbanos o extensas áreas de cultivo tradicional—, sino también la rápida respuesta de vecinos, policías locales y técnicos que activan el protocolo de salvamento al encontrar un ejemplar en apuros.

Una cría de erizo. / Levante-EMV
Si analizamos los protagonistas de estos rescates, las aves que comparten nuestro día a día en los pueblos y campos de la Ribera acaparan el grueso de las estadísticas. El vencejo común se ha coronado como el paciente más habitual, con 112 ejemplares recuperados. Son los reyes del aire y pueden pasar hasta diez meses seguidos volando sin posarse ni una sola vez. Con sus chillidos constantes alegran las calles de numerosos pueblos. Solo aterrizan por un motivo: para reproducirse. Se posan exclusivamente durante la época de cría para construir el nido, incubar los huevos y alimentar a sus polluelos. Y eso se produce justo en el inicio del verano, por eso ellos son los máximos protagonistas de las entradas en estos meses: “No soportan las olas de calor y muchos polluelos se caen del nido”, incide una portavoz de Vaersa. Sus patas son tan extremadamente cortas y débiles que, si caen al suelo plano, les cuesta muchísimo volver a levantar el vuelo y por lo tanto “son incapaces de bajar a la acera y recogerlos”. Las numerosas campañas realizadas por administraciones y entidades, también ambientalistas han extendido la manera de ayudar a estas crías. Es el mismo procedimiento que para el resto de animales: “Tenemos un móvil y un fijo al que poder contactar”, detallan. Hoy día, el contacto a través del móvil facilita mucho las atenciones: “Pedimos que paséis una foto del animal para valorar qué hacer, para saber si mover o no al animal y, si se puede mover, cómo desplazarlo, en qué recipiente ponerlo, etcétera”. La atención se realiza de lunes a domingo y existe personal que se desplaza a recoger a los animales heridos al punto donde se han encontrado.
Caídas desde el nido
Las caídas de los nidos durante los sofocantes meses de verano y los traumatismos en sus primeros intentos de vuelo explican la abrumadora mayoría de atenciones a vencejos. A gran distancia le siguen el ánade real, con 33 individuos liberados, y el cernícalo común, con 32. En el extremo opuesto, las instalaciones han sido un hospital de urgencia para un goteo de casos anecdóticos de los que apenas se ha registrado un ingreso en todo el año, como el lagarto bético, el roquero solitario o el emblemático guión de codornices.
Pero, sin lugar a dudas, los capítulos más críticos y celebrados de esta memoria anual son aquellos protagonizados por especies catalogadas con algún grado de protección especial. En 2025, el hallazgo accidental y posterior salvamento de dos ejemplares de tortuga mediterránea en el término de Montserrat adquirió gran relevancia, dado que la especie se encuentra catalogada "en peligro de extinción". El mismo estatus crítico a nivel autonómico ostenta el galápago europeo, del cual se logró estabilizar y liberar un ejemplar en Sollana tras haber sido víctima de un trampeo accidental. A estos rescates de alto valor de conservación se suma la atención prestada a la lechuza común, clasificada como "vulnerable" en la Comunitat Valenciana, con traslados urgentes de sendos ejemplares hallados en Sollana y l'Alcúdia tras sufrir atropellos.
El trabajo desarrollado en “La Granja” involucra a numerosos profesionales y su principal premisa es “que los animales estén el menor tiempo posible allí, porque no es su hábitat”, destacan desde Vaersa. Se busca “el menor contacto posible para que no se habitúen a los humanos”. Su labor se complementa con otros dos centros en Castelló y en Alicante, donde acaban de estrenar “uno de los mayores voladeros de España y de Europa especialmente pensado para grandes rapaces”. Un esfuerzo conjunto que asegura que, desde el frágil polluelo de vencejo caído en las calles de Sueca hasta las grandes rapaces en recuperación, todos tengan una segunda oportunidad de alzar el vuelo.
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