La pelea por la primera línea de playa en Cullera: la zona reservada al alquiler alimenta la “guerra de las sombrillas”
Veraneantes veteranos lamentan que el espacio acotado para alquilar hamacas les aleja del mar y dificulta su acceso al baño

Bañistas a primera hora de la mañana en la playa de Cullera junto a la zona reservada para el alquiler. / Joan Gimeno

La conocida como "guerra de las sombrillas" continúa generando opiniones encontradas entre los usuarios de las playas de Cullera. Aunque la práctica de reservar espacio con sombrillas, toallas o sillas sigue produciéndose durante las primeras horas del día, la percepción de los bañistas es que el fenómeno ha perdido intensidad respecto a años anteriores. El debate se centra ahora también en el espacio destinado al alquiler de hamacas y sombrillas, un servicio que cuenta tanto con defensores como con detractores.
Entre los usuarios de la playa podemos encontrarnos con posiciones muy diferenciadas. Los hay que les parece que el servicio de hamacas y sombrillas de alquiler ocupa demasiado espacio mientras que otros defienden dicho servicio para poder acudir a la playa simplemente a disfrutar de la misma. José, vecino de Algemesí y habitual de la playa desde hace años, considera que el incremento de las zonas destinadas al alquiler influye directamente en la búsqueda de los mejores espacios junto al mar. "Están poniendo demasiadas hamacas y eso hace que tengamos que vernos obligados a reservar sitio porque, si no, como somos gente mayor, tenemos que instalarnos mucho más atrás y eso dificulta bastante nuestros movimientos", explica mientras disfruta de una jornada de playa.
Están poniendo demasiadas hamacas y eso hace que tengamos que instalarnos mucho más atrás y dificulta bastante nuestros movimientos

José, vecino de Algemesí, arrastra sus bártulos sobre la arena. / Joan Gimeno
Una prestación cada vez más demandada
Desde el otro lado, quienes trabajan en el servicio rechazan las críticas y defienden la utilidad de una prestación cada vez más demandada por los visitantes. Luis S., trabajador del servicio de alquiler, asegura que "nosotros lo que hacemos es prestar un servicio que existe prácticamente en todas las playas de la Comunitat Valenciana. Hay muchas personas que quieren disfrutar del sol y del mar sin tener que cargar con sombrillas, hamacas o sillas desde casa. Es una comodidad para el usuario y un servicio que contribuye a mejorar la oferta turística de la playa. Hay veces en las que los propios playeros se enfrentan con nosotros como si fuésemos responsables de algo cuando solo nos dedicamos a trabajar para su bienestar".
Más espacio entre zonas acotadas
Una postura más intermedia mantiene José Vicente Garcés, vecino de Guadassuar y veraneante habitual en Cullera. "No estamos en contra del alquiler de hamacas y sombrillas. Entendemos que es un servicio necesario, pero pensamos que la distancia entre unas zonas y otras debería ser mayor para facilitar que quienes prefieren instalarse con su propio material puedan hacerlo con mayor comodidad y seguir disfrutando de la playa como se ha hecho toda la vida".
Frente a estas opiniones, también hay quienes consideran que el servicio aporta comodidad y tranquilidad. Es el caso de Araceli Gutiérrez, vecina de Sueca y propietaria de una segunda residencia en Cullera desde hace más de medio siglo. "Para mí es una ventaja. Vengo, alquilo una hamaca y una sombrilla y puedo disfrutar del día sin tener que cargar con todo el material. Además, siempre tienes la tranquilidad de que el responsable de la zona puede echar un vistazo a tus pertenencias mientras te das un baño", señala.
Para mí es una ventaja. Vengo, alquilo una hamaca y una sombrilla y puedo disfrutar del día sin tener que cargar con todo el material.
Pese al debate, quienes conocen la evolución de las playas coinciden en que la situación actual dista mucho de la que se vivía hace apenas cinco o diez años. Entonces eran habituales las carreras a primera hora de la mañana para ocupar la primera línea de playa, con centenares de personas esperando incluso antes del amanecer para colocar sombrillas y sillas. Hoy esa imagen prácticamente ha desaparecido y la cantidad de personas que continúa realizando esta práctica es muy reducida, concentrándose principalmente en el tramo final de la playa de San Antonio, junto a la calle Cabanyal, una zona tradicionalmente vinculada a propietarios de segundas residencias que llevan décadas veraneando en Cullera.

Sombrilla y sillas "solitarias" junto al espacio reservado al alquiler. / Joan Gimeno
De hecho, muchas de las personas consultadas por este periódico aseguran que llevan entre tres y cinco décadas disfrutando de los veranos en la ciudad. Todos coinciden en un aspecto: la playa ha cambiado con el paso del tiempo y el incremento de los servicios ha transformado también la forma de disfrutar del litoral. Sin embargo, el equilibrio entre la oferta turística y el espacio de uso libre continúa siendo el principal punto de debate cada vez que el verano alcanza su máxima ocupación.
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