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La ciudad que despierta antes que el festival: así es la zona de acampada del Zevra de Cullera

Más de 6.000 personas convierten el recinto de descanso en un pequeño municipio efímero con bungalows, glamping, servicios, restauración y actividades las 24 horas

"El festival dura cuatro días, pero los amigos que haces en el camping duran todo el año"

Tres jóvenes montan una tienda en la zona de acampada.

Tres jóvenes montan una tienda en la zona de acampada. / Levante-EMV

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Joan Gimeno

Joan Gimeno

Cullera

Cuando los escenarios todavía permanecen en silencio y las puertas del recinto principal aún no se han abierto, el corazón del Zevra Festival ya late con fuerza a escasos metros de la playa de Cullera. Allí, en la zona de acampada, comienza mucho antes la experiencia de un evento que cada verano transforma la ciudad en uno de los principales destinos musicales de Europa.

Lejos de ser un simple espacio para dormir, el camping se ha convertido en una auténtica ciudad efímera donde conviven durante varios días miles de jóvenes procedentes de decenas de países. Es el lugar donde nacen amistades, se organizan comidas improvisadas, se intercambian banderas y se habla una mezcla de idiomas que convierte el recinto en un pequeño reflejo de la diversidad europea.

Un grupo de jóvenes accede al recinto del festival este viernes.

Un grupo de jóvenes accede al recinto del festival este viernes. / Levante-EMV

La edición de este año cuenta con 6.000 plazas de acampada, 600 plazas de glamping destinadas a quienes buscan una mayor comodidad y 100 bungalows completamente equipados. A ello se suma un gran comedor con capacidad para 800 personas, zonas de restauración, duchas, aseos, puntos de recarga para teléfonos móviles, supermercado, asistencia sanitaria, consignas, vigilancia permanente y espacios de descanso protegidos del sol.

La evolución del camping ha sido una de las transformaciones más importantes del festival desde sus primeras ediciones. Lo que comenzó como una sencilla zona para instalar tiendas de campaña ha ido creciendo hasta convertirse en un recinto diseñado para que los asistentes puedan permanecer varios días sin necesidad de abandonar el festival.

Durante las veinticuatro horas del día el recinto mantiene actividad constante. Mientras unos regresan al amanecer tras los conciertos, otros comienzan la jornada desayunando, participando en actividades de animación o preparando la siguiente noche de música.

Tres jóvenes descargan un vehículo con los enseres para alojarse en el camping.

Tres jóvenes descargan un vehículo con los enseres para alojarse en el camping. / Levante-EMV

El objetivo de la organización ha sido crear un espacio cómodo y seguro que reduzca desplazamientos y favorezca la convivencia entre asistentes llegados desde muy diferentes lugares.

Un mosaico de nacionalidades

Aunque el público español continúa siendo mayoritario, el camping refleja cada vez más el carácter internacional que ha adquirido Zevra. Entre las tiendas de campaña es habitual encontrar banderas de Francia, Italia, Portugal, Reino Unido, Irlanda, Alemania, Países Bajos y Bélgica, además de numerosos jóvenes procedentes de distintos países de Latinoamérica que aprovechan sus vacaciones para asistir al festival.

También llegan grupos de estudiantes Erasmus que pasan el verano en España y aprovechan la cita de Cullera para reunirse con amigos de diferentes universidades europeas.

Los idiomas se mezclan en los pasillos del camping mientras las camisetas de clubes de fútbol, las banderas nacionales y los altavoces portátiles convierten el recinto en una auténtica torre de Babel donde la música termina siendo el idioma común.

Mucho más que dormir

La zona de acampada funciona como una prolongación del propio festival. Durante el día se organizan actividades de entretenimiento, encuentros entre asistentes, juegos, sesiones musicales y espacios de descanso que permiten recuperar fuerzas antes de volver a los escenarios.

Numerosos jóvenes han ocupado la zona de camping con tiendas y banderas.

Numerosos jóvenes han ocupado la zona de camping con tiendas y banderas. / Levante-EMV

El glamping, por su parte, ofrece una alternativa para quienes buscan una experiencia más cómoda, con tiendas ya montadas, camas, iluminación y otros servicios que han incrementado notablemente su demanda en las últimas ediciones.

Los bungalows completan la oferta para grupos que desean disfrutar del festival sin renunciar a una mayor privacidad.

Convivencia entre miles de personas

Mantener operativo un recinto con miles de residentes temporales exige una compleja organización logística.

Equipos de limpieza trabajan de forma permanente para mantener las instalaciones, mientras los servicios de seguridad y asistencia sanitaria permanecen activos las 24 horas.

El abastecimiento de agua, la recogida selectiva de residuos, los puntos de información y los protocolos de emergencia convierten el camping en una infraestructura comparable a la de un pequeño municipio durante los días de mayor ocupación.

Historias que comienzan bajo una tienda de campaña

Para muchos asistentes, el camping termina siendo uno de los mejores recuerdos del festival. "Venimos desde Lyon cinco amigos. Los conciertos son increíbles, pero lo mejor es todo lo que pasa entre concierto y concierto. Aquí conoces gente de todas partes y acabas compartiendo el desayuno con personas que hace unas horas ni siquiera sabías que existían", comenta Clément Dubois, un joven francés que visita Zevra por segunda vez.

Desde Portugal, Inês Ferreira, de Oporto, explica que "el camping tiene un ambiente muy especial. Todo el mundo viene con ganas de disfrutar y siempre encuentras a alguien dispuesto a ayudarte si necesitas cualquier cosa."

Por su parte, Marco Bianchi, llegado desde Milán, asegura que "hemos estado en varios festivales europeos y aquí sorprende la cercanía con la playa. Durante el día puedes descansar, darte un baño y volver al camping antes de empezar otra noche de conciertos."

También entre los asistentes españoles la experiencia va mucho más allá de la música. Lucía Martínez, llegada desde Zaragoza, resume el ambiente con una frase que se repite cada verano: "El festival dura cuatro días, pero los amigos que haces en el camping duran todo el año".

Un festival que también se vive de día

La organización considera la zona de acampada una pieza esencial de la experiencia Zevra. No solo facilita la estancia de miles de jóvenes, sino que genera un ambiente de convivencia que diferencia al festival de otros grandes eventos musicales.

Durante unos días, ese espacio situado junto a la playa deja de ser un simple camping para convertirse en una pequeña ciudad donde conviven miles de personas unidas por la música, la convivencia y el deseo de disfrutar de una experiencia que empieza mucho antes del primer concierto y termina bastante después del último acorde.

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