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Cullera tenía el mar a más de 20 km de distancia durante la Edad de Hielo

La investigación que ha identificado el yacimiento de la Cueva del Volcán del Faro como un refugio climático en la etapa más dura del Pleistoceno también revela la línea de costa retrocedía en las fases más frías

Una campaña de excavaciones en el yacimiento del Volcà del Far a cargo de expertos de la Universitat de Vaència.

Una campaña de excavaciones en el yacimiento del Volcà del Far a cargo de expertos de la Universitat de Vaència. / Universitat de València

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Inés Hernández Lladró

Alzira

Cullera, la capital turística de la comarca, no siempre ha tenido el mar Mediterráneo tan cerca ni el clima que actualmente atrae a miles de visitantes druante todo el año. El estudio liderado por la Universitat de València que ha revelado la existencia de un refugio climático entre 35.000 y 19.000 años antes del presente en el yacimiento Hort de Cortés‑Volcán del Faro de Cullera, uno de los yacimientos paleolíticos más importantes de la fachada mediterránea, también ha permitido concluir que durante el último Máximo Glacial (LGM), la etapa más fría de la Edad de Hielo, la distancia hasta la línea de costa era de 25 kilómetros

La investigación liderada por el catedrático del Departamento de Prehistoria, Arqueología e Historia Antigua de la Universitat de València, J. Emili Aura Tortosa, ha permitido además revelar la existencia de un paisaje muy distinto del que se puede contemplar actualmente, ya que hoy la antigua llanura que se abría entre este asentamiento y el mar está completamente sumergida en agua. Las evidencias apuntan a un territorio dominado por un clima mucho más frío y seco que el actual. El paisaje estuvo marcado por fuertes variaciones del nivel del mar. En las fases más frías, el Mediterráneo retrocedía decenas de kilómetros; en los periodos más templados, avanzaba de nuevo y transformaba el entorno. Esta dinámica explica que un punto hoy tan próximo al mar llegara a quedar muy alejado del litoral. La evidencia arqueológica confirma que esta situación debió provocar la ausencia de fauna marina en la zona, según se expone en las conclusiones del estudio publicas por la revista "Quaternay Sciencie Reviews".

Tramo final del Último Máximo Glacial

A partir de la revisión de una importante muestra de piezas arqueológicas halladas a lo largo de distintas excavaciones sobresale una particularidad de este yacimiento, según indica el responsable de la investigación, J. Emili Aura Tortosa. La "excepcionalidad" de la Cova d’Hort de Cortés-Volcà del Faro de Cullera es que la mayor densidad de los restos que ratifican la existencia de asentamientos humanos “se concentra al final del Último Máximo Glacial" (21.000-19.000 años antes del presente). Para obtener evidencias sobre estancias de ocupaciones humanas tan prolongadas en el tiempo, saber que la mayor densidad de los restos se agolpa durante el final del LGM es "clave", según el catedrático.

La divulgación de las conclusiones de esta investigación ha desenterrado una antigua polémica que permanecía latente derivada del enfrentamiento entre el Ayuntamiento de Cullera, propietario del yacimiento, y la Diputación de València, que a través del Servicio de Preshistoria coordinó con la Universitat de València las excavaciones y que actualmente es depositaria de los elementos patrimoniales recuperados por los arqueólogos en las diferentes campañas. El Ayuntamiento de Cullera no sólo ha condicionado la autorización a realizar nuevas excavaciones a que los posibles hallazgos se queden en el museo arqueológico de la ciudad sino que, como ha informado Levante-EMV, incluso a reclamado el regreso de la colección que custodia el Museo de Prehistoria de València.

Al margen de la polémica, nadie cuestiona el valor de este yacimiento del Faro de Cullera, que forma parte de las llanuras costeras y valles prelitorales situados entre el Golfo de València y el Cap de la Nau. Según el estudio, las áreas de mayor biodiversidad de toda la región mediterránea ibérica fueron estas, una hipótesis que explicaría la importante densidad de yacimientos paleolíticos que se registra en toda esta zona. El conjunto arqueológico de Cullera se excavó entre 1968 y 1984, pero la información conservada era escasa y fragmentaria. Ahora, tras analizar los restos encontrados, los investigadores han podido situar las ocupaciones humanas entre 35.000 y 19.000 años antes del presente. Aunque persisten dudas en parte de la cronología, el análisis confirma un rasgo excepcional: se utilizó como refugio climático y mantuvo actividad humana en los momentos de frío más intenso del Pleistoceno.

Actividades humanas en la Edad de Hielo

La muestra de materiales obtenidos en excavaciones previas han permitido aportar información relevante para identificar las fases y actividades humanas desarrolladas en el yacimiento durante el periodo de la Edad de Hielo. Se han obtenido datos de todo el yacimiento mediante el estudio de restos vegetales (carbones), restos de animales (mamíferos, aves, peces y moluscos terrestres y marinos), dataciones por radiocarbono que permiten conocer la antigüedad de los restos orgánicos del yacimiento, y los sistemas de producción lítica y ósea, que muestran cómo las comunidades prehistóricas fabricaban sus herramientas de piedra y hueso. También ha facilitado reconocer contactos a larga distancia entre los grupos humanos que habitaron estos entornos costeros y regiones más septentrionales del suroeste de Europa.

Uno de los aspectos más llamativos que destacan en el estudio es el cambio en los adornos personales. Durante el periodo del Último Máximo Glacial (LGM) aumentó la presencia de elementos de origen marino, pese a que la costa se encontraba a gran distancia. Los investigadores interpretan que estas piezas pudieron adquirir un importante valor simbólico para unas poblaciones que vivían lejos del Meditarráneo.  

Gracias al análisis de los carbones vegetales se ha descubierto que el enebro sustituyó casi completamente al pino como especie dominante, mientras que los restos faunísticos muestran la presencia habitual de ciervos y conejos, animales propios de biomas mediterráneos aunque adaptados a condiciones climáticas mucho más severas. Los científicos concluyen que este era un entorno que ofrecía agua, refugio natural y recursos suficientes para mantener ocupaciones humanas durante largos períodos incluso en uno de los momentos más extremos del Pleistoceno.

La investigación permite entender cómo las comunidades humanas del Paleolítico respondieron a los grandes cambios climáticos. Sin embargo, la posibilidad de estudiar con más detalle la zona para revelar más información sobre la vida de los humanos que habitaron allí durante una de las épocas más hostiles de la Edad de Hielo es muy limitada debido al hecho de que actualmente la zona está sumergida, lo cual dificulta reconstruir el paisaje original.

La investigación ha sido liderada por la Universitat de València en colaboración con el Museu de Prehistòria de València. En los trabajos también han participado investigadores e investigadoras del Instituto Geológico-Minero de España-CSIC, la Universidad Nacional de Educación a Distancia-Madrid, la Universidad de la Laguna, Oxford University y la University of New England.

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