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Cullera “salta” el escalón submarino: los bañistas están satisfechos con la playa regenerada

La mayoría de los veraneantes destacan que la actuación ha devuelto al Marenyet, el Estany y el Brosquil el espacio perdido en los últimos años a causa de la regresión costera

La Platja de l'Estany ha recuperado su zona de arenal tras meses sin apenas costa por la regresión.

La Platja de l'Estany ha recuperado su zona de arenal tras meses sin apenas costa por la regresión. / Joan Gimeno

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Joan Gimeno

Joan Gimeno

Cullera

Las playas de Cullera comienzan a recuperar la imagen que durante décadas las convirtió en uno de los rincones más tranquilos y apreciados del litoral valenciano. Apenas unas semanas después de concluir las obras de regeneración, los usuarios habituales del Marenyet, el Estany y el Brosquil coinciden en que la actuación ha devuelto a estos arenales el espacio perdido durante los últimos años a causa de la regresión costera.

"La verdad es que ahora mismo es un encanto poder disfrutar de tanta arena en un espacio en el que hace apenas un año era muy complicado poner la toalla porque prácticamente no había sitio. Con esta regeneración se ha conseguido que mucha gente podamos volver a disfrutar de la playa en un lugar realmente paradisíaco", explica Mari Carmen Ballet, vecina de Llaurí y habitual del Estany desde hace muchos veranos.

La recuperación del espacio útil para los bañistas es, precisamente, el aspecto más repetido entre quienes utilizan habitualmente estas playas, de ambiente familiar y con menor masificación que otros puntos del litoral valenciano.

Miguel Sánchez, vecino de Algemesí, lleva quince años disfrutando del Marenyet, donde decidió levantar una pequeña casa de aperos que con el paso del tiempo ha ido acondicionando. Considera que la regeneración era imprescindible para frenar la pérdida de arena, aunque reconoce que todavía queda margen para que el litoral recupere todas sus características tradicionales. "Hay que estar contentos por la regeneración y por haber recuperado la playa. Es verdad que muchos echamos de menos la arena fina que había antes, pero también somos conscientes de que esta arena más gruesa irá cambiando poco a poco con la acción del mar y de los temporales", señala.

Los bañistas alaban la gran superficie de arenal que han recuperado las playas regeneradas.

Los bañistas alaban la gran superficie de arenal que han recuperado las playas regeneradas. / Joan Gimeno

También María Luisa Gimeno, vecina de Cullera y propietaria de una vivienda en el Marenyet-L'Illa, considera que la actuación ha supuesto un cambio radical respecto al verano pasado. "Ahora es un placer disfrutar de la playa tan cerca de casa. El año pasado era prácticamente imposible instalar una sombrilla o poner una toalla porque apenas quedaba arena", recuerda. Sobre el desnivel que apareció tras la aportación de arena, resta dramatismo a la situación. "Es cierto que al principio había un escalón bastante pronunciado al entrar al agua, pero eso es algo que antiguamente también ocurría en playas de Cullera como el Brosquil o el Dosel. Poco a poco se ha ido suavizando y ahora la entrada al mar es mucho más cómoda", afirma.

En la misma línea se ha expresado Carlos A., propietario de una escuela de windsurf en la zona quien ha afirmado a Levante-EMV, que "en los últimos días el escalón se ha reducido de forma drástica. Al principio cuando entrabas en el agua sí que había un escalón de casi dos metros pero en la actualidad es prácticamente inexistente, puedes adentrarte más de 30 metros hacia el fondo del mar sin notar apenas desnivel".

Los usuarios destacan también el correcto funcionamiento de los servicios municipales durante toda la temporada: las pasarelas permiten acceder con comodidad hasta la orilla, los lavapiés funcionan con normalidad y el dispositivo de vigilancia y socorrismo ofrece cobertura durante toda la jornada, aspectos que consideran fundamentales para disfrutar de unas playas que han recuperado buena parte de su atractivo, reconocen. Para muchos de ellos, el Marenyet y el Estany vuelven a parecerse, poco a poco, a aquellas playas abiertas, tranquilas y familiares que durante décadas formaron parte de la memoria colectiva de varias generaciones de cullerenses y vecinos de la Ribera.

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