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El caqui multiplica por diez sus tratamientos para frenar la eclosión de plagas por el calor en la Ribera

Las olas de calor obligan a realizar los tratamientos de madrugada, merman la producción a la mitad y elevan el destrío hasta un 30 %

Agricultores de Benimodo realizan los tratamientos de madrugada paraevitar el calor.

Agricultores de Benimodo realizan los tratamientos de madrugada paraevitar el calor. / Agustí Perales Iborra

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La periodicidad de los tratamientos para controlar las plagas crece al mismo ritmo que lo hace el mercurio. Las altas temperaturas han elevado las labores para el control de las plagas en el campo que, además, han ganado resistencia y han generado un aumento del destrío. “En el caqui, hace veinte años, solo hacíamos como tratamiento la colocación de los mosqueros. En 2002 no se trataba, ahora hago entre diez y trece tratamientos al año. Es un desgaste importante”, explica Edu Martí Climent, secretario de La Unió Llauradora i Ramadera en la Ribera Alta.

Las olas de calor cada vez más constantes y el cambio climático han modificado de forma importante el calendario de tratamientos, que se han multiplicado por diez, al menos, en el caso de las plantaciones de caquis y que se han visto duplicados en el caso de los cítricos: “En cítricos se hacía en junio y en agosto y ahora hacemos mínimo 4 o 5 veces al año”, asegura Martí. La causa principal es el comportamiento de las plagas ante las altas temperaturas. Carles Peris, secretario general de La Unió, señala que el calor acorta los ciclos de reproducción de los insectos: “Hay más presión por la mayor generación de plagas”, porque el calor aviva las plagas en el campo, porque acelera su ciclo de reproducción, eleva su metabolismo y debilita las defensas de las plantas, que también se ven afectadas por el ambiente más seco, explica este agricultor de Benifaió. “Se hacen más tratamientos y hay también más resistencia a estos”, añade.

Además, “Europa cada vez es más restrictiva y tenemos menos productos para tratar más plagas. Sin embargo, se permite la entrada de fruta de fuera, tratada con productos que aquí no están autorizados. La gente está acobardada”, comenta Martí.

El coste se duplica

Esta proliferación incluye plagas como el cotonet y la mosca blanca en el caqui, y la mosca blanca y la araña roja en cítricos. El impacto económico es considerable. Peris detalla que el control de la araña roja supone “2.700 euros por hectárea en cítricos, es el doble que el año pasado”. A este gasto se suma un mayor consumo de agua de riego, más abonos y un incremento en las sueltas de fauna útil para complementar los tratamientos.

Cotonet en un fruto de caqui aún verde.

Cotonet en un fruto de caqui aún verde. / Agustí Perales Iborra

Además, el calor condiciona la aplicación de los productos, ya que por encima de los 28 o 30 grados pierden eficacia. Esto obliga a los agricultores a trabajar de noche. “Todos están haciendo tratamientos de noche. Anticipan los tratamientos, salen de madrugada y al atardecer. Por encima de los 28 o 28,5 grados no es óptimo hacer ningún tratamiento”, explica Peris. Martí coincide en el gran trastorno que supone: “El calor obliga a tratar más veces. Es más complicado porque por encima de los 30 grados no se puede. Esto nos obliga a ir a trabajar de noche. Los tratamientos los hacemos a las 2h de la madrugada y las 10 horas de la mañana”, algo muy difícil de “compaginar con la vida familiar y los horarios diurnos” y que acaba por generar una sobrecarga: “Hay un estrés muy alto en los productores”, constata Peris.

Sobremaduración de la fruta de verano

El calor dificulta también el cuajado de la fruta, lo que unido a las plagas eleva el destrío de la fruta. “Tendremos más destrío por las plagas. Se tendrá que tirar más fruta. No es comercial y se ha de destinar a industria”, señala Peris. Martí estima que este desperdicio crece “entre un 20 % y un 30 %”. Asimismo, en la fruta de verano el calor ha provocado una maduración acelerada: “Se está registrando una sobremaduración en la fruta de verano. La campaña ya está finiquitada. Con las altas temperaturas no podemos alargar en el tiempo las campañas porque la fruta se sobremadura. Con temperaturas normales iría más escalonada, ahora es más difícil de gestionarla en un momento óptimo”, lamenta Peris.

Todos estos factores desembocan en una pérdida de productividad del campo. “Las producciones están muy ajustadas: los aforos serán a la baja”, anuncia Peris. La producción habitual en el caqui de 50.000 kilos por hectárea ya se ha visto modificada: “Ahora estamos a la mitad de la producción: el cambio climático y las olas de calor constantes hacen que la fruta cuaje menos y que aumente el destrío. La productividad de los campos de caqui se ha reducido a la mitad en veinte años y el coste se ha duplicado”, dice Martí.

El calor ha disparado la proliferación de las plagas y disminuye la eficacia de los productos durante el día.

El calor ha disparado la proliferación de las plagas y disminuye la eficacia de los productos durante el día. / Agustí Perales Iborra

Incentivar el relevo generacional

A ello cabe sumar la falta de relevo generacional en la agricultura: “El otro día vi a un hombre de 75 años que se iba al campo a las 17 horas. Le dije: ‘¿Dónde vas con el calor que nace?”, y él me respondió que era el momento que le venía bien ir a trabajar el campo, pero esas no son horas para ir al campo… No hay relevo generacional. La gente joven no quiere estar en el campo por la noche”, describe Martí, quien lamenta el escaso apoyo de la Conselleria de Agricultura a la entrada de jóvenes agricultores: “En los últimos seis años no se han sacado las ayudas para la primera instalación. Este año sí ha salido la convocatoria, pero está claro que no se incentiva la entrada de jóvenes agricultores”, lo que agrava el futuro del sector.

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