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La eclosión descontrolada de garrapatas en la Ribera obliga a cubrirse de “pies a cabeza” para trabajar en el campo

Agricultores y cazadores cambian su vestimenta de faena, recurren a repelentes y se ven obligados a proteger a sus perros con productos antiparasitarios

La carrera de las garrapatas para llegar a un agricultor en Turís

Levante-EMV

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Alzira

“Las garrapatas son una peste”. Así de rotundo se muestra el presidente del Club Deportivo La Cinegética de Turís, Javi Pérez. Estos parásitos se han extendido por la práctica totalidad de la Ribera Alta y representan un gran quebradero de cabeza para los agricultores y también para los cazadores. La presencia de este tipo de ácaros en el campo no es nueva, pero sí lo es la abundancia que se registra este año. Ya el pasado mes de junio se alertó de la proliferación inusual de la población de garrapatas, alentada por las altas temperaturas. Se registró, incluso, el ingreso hospitalario de una niña de Carlet tras recibir una picadura mientras se encontraba en el patio de su colegio. La Generalitat Valenciana lanzó una campaña informativa a través de los ayuntamientos para dar recomendaciones en caso de detectar alguno de estos parásitos en la piel y se constató un aumento de atenciones sanitarias en los ambulatorios del área de salud de la Ribera, como adelantó Levante-EMV.

Dos meses después, la población sigue en aumento. “Yo paso 7 u 8 horas en el campo cada día, y cada día me quito entre diez y doce de la ropa”, asegura Fermín García, trabajador agrícola en la Vall de Càrcer. “Ha dejado de ser un problema agrario para convertirse en un problema social”, comenta Llorenç Capsir, de La Unió Llauradora de l’Alcúdia. “A mi padre, de 86 años, le quitaron una garrapata de la pierna. Esa garrapata la llevé yo a casa”, añade. Para Capsir, el abandono de campos, la falta de control de la fauna salvaje —que también va en aumento en los campos de la Ribera— y la baja carga insecticida de los productos autorizados en el campo son las principales razones de este incremento de la población de garrapatas. Esto se vuelve en una situación de riesgo en los pueblos rodeados de tierras agrícolas: “¿Dónde están el instituto de Alberic, o el de Castelló, o el CEIP Heretats de l’Alcúdia? Están a las afueras, rodeados de descampados y terrenos de cultivo, a un paso de la zona donde proliferan las garrapatas”, explica.

Una garrapata avanza por el cuello de un agricultor de Sumacàrcer.

Una garrapata avanza por el cuello de un agricultor de Sumacàrcer. / Fermín García

Carrera a por la presa

“Es impresionante, apenas pones un pie en el campo y ya las ves que salen disparadas a buscarte”, relata Juan Puchades, agricultor de Turís. Allí los trabajos de recogida de algarroba “se presentan complicados con tantos parásitos por el suelo”, apunta. Y es que, “la especie que más está protagonizando este repunte es la Hyalomma lusitanicum, una garrapata de gran capacidad de desplazamiento activo hacia su hospedador a diferencia de otras especies que esperan pasivamente sobre la vegetación, lo que explica en parte la facilidad con la que localiza y se fija a las personas que transitan por parcelas de cítricos, matorral o zonas con vegetación baja”, de acuerdo con la publicación Tierra de la Fundación Cajamar.

“En los pueblos pegados a zona de montaña hay más incidencia”, dice Fermín García. Trabaja en la poda de árboles en Sellent, Càrcer, Beneixida o Montesa, y en todos estos municipios las garrapatas son un problema. “Este verano estamos viendo muchos conejos y muchas liebres, y hay también más jabalíes que otros años, y todos estos animales son portadores de garrapatas”, indica. “Yo llevo mono todo el día, pero mis compañeros prefieren ir con pantalón corto para detectarlas cuando suben y retirarlas antes de que piquen”, cuenta. Sin embargo, también en la Pobla Llarga, l’Alcúdia o Alberic se ha apreciado un incremento de la población de garrapatas. “Nos llevamos más a casa de lo que era habitual”, dice Dani Carbonell, de La Unió de la Pobla Llarga. También en este municipio, se ha constatado un aumento de la presencia de jabalíes, “que por donde pasan van soltando garrapatas”, dice.

Imagen de archivo de una garrapata en la mano de un labrador de Turís.

Imagen de archivo de una garrapata en la mano de un labrador de Turís. / Levante-EMV

La solución pasa por protegerse: “Hace 30 años íbamos al campo casi desnudos y con alpargatas. Ahora tenemos que ir tapados de pies a cabeza: untados de cremas y repelentes, con manga larga, sombrero y zapato cerrado. Se nos están negando usos y costumbres de los labradores de siempre. Somos la última barrera para proteger a la población”, dice Llorenç Capsir.

También lo hacen así los cazadores: “Algunos llevan repelentes, pero yo me pongo Vicks Vaporub y no sube ni una”, reconoce Javi Pérez. El club de caza La Cinegética de Turís realiza en estas fechas la ‘veda del garrot’, que les prohibe salir con escopeta, “solo con los perros y un garrote”, para la caza del conejo. “Tenemos más problemas las personas que los animales, porque ellos casi todos están protegidos con una pastilla antiparasitaria. Es un tratamiento caro, pero así te aseguras que el animal no las coge”, detalla. “Cuando vas cazando, se te enganchan a la ropa, o caen de los árboles”, dice.

Problema de salud pública

La agrupación AVA-Asaja también ha llamado la atención sobre este problema y ha constatado un incremento del 7,8% respecto al año anterior en las atenciones médicas por picaduras, por lo que considera que se trata de un problema de salud pública. En el caso del área de salud de la Ribera, el pasado mes de junio sí se detectó un aumento de las atenciones. No obstante, en estos dos meses “la incidencia en centros de salud es igual que el año pasado”, han reconocido a este periódico. Las garrapatas son peligrosas, recuerdan, porque actúan como vectores biológicos capaces de inocular en el torrente sanguíneo bacterias, virus y parásitos causantes de graves enfermedades como el Lyme o la fiebre botonosa. Además, al poseer una saliva anestésica, sus picaduras pasan desapercibidas durante días, lo que incrementa notablemente el riesgo de desarrollar complicaciones neurológicas, articulares o sistémicas potencialmente mortales.

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