Opinión
La prevención de incendios forestales debe ser una prioridad en Alzira

Paco Martí Furió. / Levante-EMV
Paco Martí Furió
No podemos esperar al próximo gran incendio.
Las temperaturas que sufrimos cada verano ya no son una excepción. Año tras año los veranos son más calurosos, las olas de calor más prolongadas y el riesgo de incendios forestales aumenta de forma preocupante. Negar esta realidad o confiar en que la naturaleza resolverá por sí sola el problema no es una política ambiental; es una grave irresponsabilidad.

Un helicóptero realiza una descarga de agua en un incendio forestal junto el paraje la Murta en enero de 2024. / Perales Iborra
Ante esta situación, cabe preguntarse qué más necesita el Ayuntamiento de Alzira y, especialmente, su alcalde, Alfons Domínguez, para convertir la prevención de incendios en una auténtica prioridad política y destinar recursos económicos para la prevención. Gobernar también significa anticiparse a los problemas antes de que se transformen en una tragedia.
Lo cierto es que Alzira no parte de cero. Desde 2017 el municipio dispone de un Plan de Prevención de Incendios Forestales del Paraje Natural Municipal de la Murta y la Casella, un documento técnico elaborado para reducir el riesgo de incendios mediante actuaciones concretas de selvicultura preventiva, mejora de la red viaria forestal, optimización de infraestructuras hidráulicas, vigilancia, mantenimiento y planificación de prioridades.
Sería injusto afirmar que desde entonces no se ha hecho nada. Durante los últimos años el ayuntamiento, con la colaboración de la Generalitat Valenciana y otras administraciones, ha ejecutado tratamientos selvícolas, áreas estratégicas de gestión forestal, fajas auxiliares y diversos trabajos de prevención que merecen ser reconocidos.
Sin embargo, la cuestión no es si se ha actuado, sino si las actuaciones realizadas son suficientes para afrontar el enorme desafío que plantea el cambio climático. Y, desgraciadamente, todo indica que no lo son.
Las condiciones meteorológicas son hoy mucho más extremas que cuando se redactó el plan en 2017. Los veranos son más largos, las temperaturas más elevadas, las olas de calor más frecuentes y prolongadas, la vegetación acumula un mayor estrés hídrico y el combustible forestal aumenta su capacidad de propagación.
El propio plan no fue concebido como una actuación puntual, sino como una estrategia permanente que debía desarrollarse durante más de una década mediante inversiones continuadas en gestión forestal, mantenimiento de infraestructuras, mejora de caminos, creación de áreas estratégicas de defensa, optimización de los puntos de agua y revisión periódica de las prioridades de actuación.
Por ello, la pregunta que hoy debería responder el alcalde, Alfons Domínguez, no es únicamente qué actuaciones se han realizado, sino cuál es el grado real de ejecución del plan. ¿Qué porcentaje de las actuaciones previstas se ha completado? ¿Qué proyectos permanecen pendientes? ¿Qué inversiones continúan sin ejecutarse? ¿Se ha actualizado el plan para adaptarlo a una realidad climática mucho más adversa que la existente hace casi diez años?
Entre las actuaciones prioritarias sigue siendo imprescindible reforzar la gestión forestal responsable mediante áreas estratégicas de defensa, franjas auxiliares y cortafuegos técnicamente diseñados, así como recuperar y mantener la red de caminos forestales que permitan el acceso rápido de los medios de extinción.
Además de culminar las actuaciones previstas en el Plan de Prevención, existen propuestas concretas que deberían estudiarse técnicamente con urgencia. Una de ellas es la recuperación del camino existente en la partida de la Solana, en la Barraca d'Aigües Vives, que comunica con la Casella y que actualmente se encuentra parcialmente deteriorado. Su recuperación mejoraría notablemente la movilidad de los vehículos de emergencia y reforzaría una importante línea de defensa frente a un posible gran incendio.
Nuestro mayor patrimonio natural, los valles de la Murta y la Casella, constituyen el principal pulmón verde de Alzira y uno de los espacios naturales más valiosos de toda la Ribera. Su protección exige una gestión forestal continua y adaptada a las nuevas condiciones climáticas. No se trata únicamente de conservar el paisaje, ni prohibir su disfrute; se trata de proteger la seguridad de cientos de personas que visitan diariamente este entorno.
Quienes vivimos el devastador incendio de julio de 1983 sabemos perfectamente de qué hablamos. Sabemos la velocidad con la que un incendio puede propagarse cuando sopla un fuerte viento de levante o de poniente. Podemos disponer de helicópteros, hidroaviones y de los mejores profesionales de extinción, pero cuando el monte acumula demasiada carga de combustible y la prevención resulta insuficiente, el fuego puede hacerse incontrolable en cuestión de horas.
Precisamente por ello sería deseable que el ayuntamiento informara periódicamente a la ciudadanía sobre el grado de ejecución del Plan de Prevención de Incendios Forestales, las inversiones realizadas, las actuaciones pendientes y los objetivos previstos para los próximos años. La transparencia también forma parte de la prevención.
Señor alcalde, todavía está a tiempo de convertir la prevención forestal en una de las grandes prioridades de esta ciudad. La ciudadanía necesita que se tomen decisiones pensando en el interés general y en la protección del patrimonio natural y patrimonial.
Y conviene dejar clara una última reflexión. Defender una mayor inversión en prevención, ejecutar íntegramente el plan de 2017, recuperar caminos forestales, crear nuevas áreas de discontinuidad del combustible o mejorar los accesos para los equipos de emergencia. Significa aplicar una gestión forestal moderna, responsable y basada en criterios técnicos.
La mejor política contra los incendios no comienza cuando despega el primer helicóptero; comienza mucho antes, con una prevención constante, una planificación rigurosa.
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