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opinión

El debate y sus consecuencias

El 26 de septiembre de 1960, el republicano Richard Nixon (presidente de los Estados Unidos) y el demócrata John Fitzgerald Kennedy (aspirante a la presidencia), protagonizaron el primer cara a cara en la historia de la televisión. Nixon no calculó la trascendencia del debate y permitió que el joven Kennedy le ganara la batalla. Poco después, Nixon perdería las elecciones. Desde entonces los políticos en el poder no suelen retar a los aspirantes por tener muy poco que ganar y mucho que perder. Algo de eso ocurrió en el famoso debate celebrado en los salones de Fomento el pasado viernes.

Si hacemos un poco de historia, comprobaremos los pasos en falso que ha dado el todavía alcalde de Gandia en las últimas semanas. Primero, una presunta encuesta que deja al PP al borde de la mayoría absoluta, situando al PSPV en mala situación, por debajo incluso de Més Gandia -que no se había formado todavía en el momento de realizar el estudio demoscópico-. Arturo Torró afirma entonces que Lorena Milvaques pasa a ser su rival política para los próximos comicios, ninguneando a Diana Morant. Pero las palabras van por un lado y los hechos por otro. El líder del PP local reta a la candidata socialista a un debate televisado, invitándola a resolver el problema económico que él ha creado y no sabe solucionar. La reacción de Diana Morant es inmediata: recoge el guante y acepta la realización de les deberes impuestos por el alcalde. Me consta que la preparación del debate de la aspirante es digna de quien va a presentarse a unas oposiciones.

Llega el esperado cara a cara. Torró entra en escena con ocho minutos de retraso. ¿Buscaba, quizás, poner de los nervios a su oponente? A ojos de todos aparece como el profesor dispuesto a dar una lección a la alumna. Diana Morant va a lo suyo, desgrana su relato y obliga a su adversario a tener que recordarle en cada intervención que resuelva el problema. Tal situación me recordó la famosa entrevista que Mercedes Milà realizó en Antena 3 -un ya lejano 21 de abril de 1993- a Francisco Umbral, cuando tras una batería de preguntas de la periodista, el poeta y novelista, con evidente enfado, le dijo que él había ido al programa a hablar de su libro.

Hacia el final del debate los periodistas encuentran el gran titular de boca del propio Torró: «els enxufats no estan a l'ajuntament, els enxufats estan en IPG». Entre tanto, a Diana Morant se le priva de un turno de palabra. No hacía falta. La suerte estaba echada. La posterior reacción del PP, tildándola de tramposa por falsear cifras o negándose a participar en un nuevo debate con ella, suena a excusa de mal pagador. Como la de otro destacado miembro del PP, Arias Cañete, cuando tras salir derrotado por Elena Valenciano en un debate previo a las Elecciones Europeas de 2014, reconoció haber sido benévolo para no parecer machista.

Torró -y el PP de Gandia- sabe que perdió el debate y que Diana Morant entró el viernes a Fomento con cara de aspirante y abandonó sus salones con semblante de alcaldesa.

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