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los jueves, milagro

EL EBRO INUNDA MEDIA ESPAÑA y LA OTRA MEDIA SE MUERE POR LA sequía

En este país milenario, troceado por diecisiete comunidades autónomas, parecidas a los antiguos reinos de taifas, los presidentes y sus conmilitones que ocupan ayuntamientos, diputaciones y todo tipo de organismos oficiales, ejercen el poder que les da su partido.

Si añadimos a estas autonomías las gobernadas por los nacionalistas, que armados con el artificio de las «señas de identidad» y los «hechos diferenciales» se rigen por diferentes leyes en la lengua, el comercio y la sanidad, no debe extrañar a nadie que la solidaridad en España brille por su ausencia.

Encastillados en unas fronteras que nunca existieron, las comunidades autónomas se han adueñado de los ríos que las atraviesan, y empeñadas en hacer imposible el reparto de los bienes entre todos los españoles, dicen: «Al enemigo, ni agua». Lo que nos recuerda aquellos los versos de Machado en los que decía: «Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón».

Mientras las gentes de bien contemplan horrorizadas como el río Ebro inunda media España y la otra media se muere de sed. Y sabiendo que todo esto seguirá repitiéndose año tras año, nadie se explica porqué todavía no se han realizado las obras para evitar tanta tragedia.

El Plan Hidrológico Nacional no es ningún invento del franquismo, nació en tiempos de la República de la mano de Joaquín Costa para equilibrar y repartir el agua de los ríos de España entre todos los españoles. El problema es que, ahora, los niños ya no conocen las historia y la geografía de España, porque desgraciadamente sólo estudian su comunidad. Y la Geografía y la Historia que conocen, se reduce a un localismo emprobrecedor.

En la última legislatura de Aznar se puso de nuevo en marcha el proyecto de la República para trasvasar las aguas sobrantes del Ebro. Es decir, trasvase cuando hubiera exceso de agua para garantizar que no afectaría a su caudal normal.

La Comunidad Europea aprobó en su día una importante ayuda económica, pero por desgracia, en cuanto Rodríguez Zapatero llegó al poder, no sólo suspendió el Plan, sino que tuvo la ocurrencia de sustituirlo por un conjunto de desaladoras que han supuesto un verdadero desastre ecológico y no han solucionado nada.

Pero lo más incomprensible ha sido que, con la llegada al poder de Mariano Rajoy, con mayoría absoluta, tampoco se ha puesto en marcha el Plan Hidrológico Nacional.

Al contemplar los desastrosos efectos que está produciendo el desbordamiento del río Ebro, conviene recordar que, solo en este mes, se ha arrojado al mar el agua equivalente a dos años de trasvase.

¿Hasta cuando seguirá así este despropósito?

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