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Entrevista | Agustín Peralt

«El WhatsApp es el primer 'robatiempos' del trabajador español»

«El WhatsApp es el primer 'robatiempos' del trabajador español»

¿Qué ocurre en España que los horarios de trabajo, por lo general, son más largos que en muchos otros países de Europa, donde, pese, a todo son mucho más productivos?

Efectivamente, no se trata de trabajar más horas sino de hacerlo con mayor eficiencia y eficacia. Estos dos términos, que la gente los confunde, son muy importantes. Trabajar con eficiencia es lograr trabajar sin distracciones. En la cultura española, que es muy abierta, hemos trasladado ese carácter al uso de los teléfonos móviles y, sobre todo, al WhatsApp, que se ha convertido en el primer «robatiempo» en la vida de muchas personas. La primera diferencia con países como Holanda, por tanto, es que el español, en el uso del tiempo es menos eficiente porque tiene peores hábitos. En Amsterdam hay una moda nueva en la que la gente, cuando entra a las reuniones, deposita el teléfono en unas bandejas para que no sea un elemento que genera interrupciones, algo que en España es impensable. Por otra parte, también hay muchas personas que, en vez de dedicar su tiempo a lo realmente importante y a lo que toca, lo dedican a lo que le apetece, por eso las jornadas se hacen tan largas. Si uno dedica tiempo a lo que le apetece y no a lo que debe, luego llegan las prisas, cuando a lo que debería habérselo dedicado cumple un plazo de tiempo. En definitiva, para ser más productivos no se trata de trabajar más horas, al contrario, se trata de trabajar menos horas pero hacerlo de una forma mucho más productiva.

Dice que el WhatsApp es una herramienta que roba tiempo a los profesionales en España pero antes no existía y también se estaba en la oficina muchas horas. ¿En qué se entretienen los empleados?

Lo primero, en interrupciones comunicativas entre nosotros sin un rigor y una sistemática. El español no es sistemático, es una persona que se deja llevar en el trabajo por la tarea que le llega y no por lo que debe, no planifica la semana y los días. Le gusta tomarse las cosas con calma y genera conversaciones en el trabajo que no son necesarias pero si estamos en el trabajo, es evidente que hay un tema de relaciones personales que hay que cuidar, pero no siempre esa conversación es necesaria. Hay otro factor que es muy importante en el que, por fortuna, empezamos a ver cambios. Existe una cultura empresarial que valora en exceso el número de horas que se trabaja. Hay que valorar el resultado de los profesionales y eso requiere que los jefes miren más por objetivos conseguidos y menos por horas de dedicación. Yo me fijo mucho en las madres que siguen siendo profesionales y ejecutivas con hijos pequeños y cómo logran combinar familia y trabajo mejorando mucho en productividad.

De hecho, las empresas tampoco ayudan a la flexibilidad con los horarios que imponen a los empleados.

Es que hay cosas que no tienen sentido. Por ejemplo, ¿qué sentido parar dos horas para comer cuando una persona puede hacerlo con mucha calma en 45 minutos. Los líderes de las organizaciones tienen también que realizar una reflexión sobre cuáles son los modelos de valoración de sus empleados, si de verdad existe una valoración por objetivos donde se evalúan los resultados logrados. Hay otro factor importante que deben tener en cuenta el empresario: El empleado, si logra disponer de más tiempo para su vida personal, va a ser una persona más feliz, que va a disfrutar más de su vida, y, consecuentemente, en su trabajo va a rendir mejor. Los horarios muy intensivos no permiten descansar ni cumplir con las responsabilidades familiares y eso tienen un coste de malestar del empleado que afecta a su productividad.

¿Por qué este tipo de medidas solo las aplican grandes empresas en España?

Por una parte porque, al ser muchas de ellas multinacionales, han copiado el modelo de otros países donde operan, pero también porque los horarios de comunicación con la matriz son mucho más europeos que los de España, entonces la filial se adapta. Percibo que con la incorporación de las nuevas generaciones en las empresas empiezan a haber voces que quieren que los trabajadores estén cada día más a gusto y comprometidos en las organizaciones y esto conlleva flexibilidad horaria, conciliación, no horarios de salir a las 9 de la noche del trabajo. ¿Si uno sale de lunes a viernes a las 8 de la noche del trabajo, cuándo tiene tiempo de ver a la familia? ¿En qué estado llega a su casa? ¿Qué tensión le genera eso en su vida profesional? Eso tiene un coste laboral.

Y esa nueva corriente, ¿necesita un empujón institucional o solo un cambio de chip cultural?

Si analizamos los grandes cambios que ha habido, al final, es la suma de las acciones de los actores que intervienen. Aquí tiene que intervenir todo el mundo, el Gobierno con sus políticas, las patronales, las voces sindicales. Debe ser una reflexión en conjunto y las organizaciones deben apostar por ayudas de externos especialistas que les ayuden.

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