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La comarca registra su mayor número de muertes y agranda la brecha con los nacimientos

En 2017 hubo 363 decesos más que alumbramientos, un 16 % más de diferencia que el anterior En 2014 el saldo fue de apenas seis fallecidos más

Interior del cementerio municipal de Gandia. ximo ferri

El 80% del total de los municipios de la comarca de la Safor registraron el año pasado un mayor número de fallecimientos que de nacimientos. Esta situación no es nueva, ya que este cambio de tendencia que hace una década era impensable empezó a producirse durante los años de la crisis.

Lo que sí que llama la atención es cómo ha crecido la diferencia entre las dos magnitudes especialmente en los dos últimos ejercicios. En 2017, que es el último del que el Instituto Nacional de Estadística (INE) tiene registros, el indicador demográfico sufrió un desplome sin precedentes. No en vano, se produjo la brecha más grande entre muertes y alumbramientos desde que existen datos. A lo largo de ese ejercicio llegaron al mundo en la comarca de la Safor un total de 1.320 pequeños y se produjeron 1.683 decesos, lo que deja un saldo vegetativo negativo de 363 personas. Esta cifra supone un 16% más que en 2016, cuando el cómputo global se situó en 212 personas más fallecidas que nacidas.

En el último lustro esa brecha se ha ido agrandando de forma importante al pasar de los seis fallecidos más que se registraron en el 2014 a los 363 del pasado año.

El análisis pormenorizado de los datos permite una lectura que puede ser muy significativa para saber cómo se ha llegado a esta situación. En 2016 nacieron 1.321 niñas y niños. El año siguiente, la cifra prácticamente se mantuvo en el mismo nivel. Si bien, descendió en apenas una persona, hasta las 1.320. Por el contrario, el pasado año se produjeron 50 fallecimientos más que el 2016 al saltar de 1.633 a 1.683.

El pasado ejercicio, por tanto, hay que marcarlo en el calendario como nefasto para los indicadores demográficos, pues se registraron el mayor número de fallecimientos de las últimas décadas y, al mismo tiempo, la cifra más baja de nacimientos.

Oliva, el de mayor brecha

Por municipios destaca la estadística de Daimús, donde el saldo vegetativo fue de 18 a favor de las muertes, lo mismo que en Villalonga. En Bellreguard la diferencia fue de 15 y en Ador de 10. Estos municipios destacan por un alto índice de fallecimientos respecto a los nacimientos, por lo que, al tratarse de localidades pequeñas, esta estadística supone un buen pellizco al padrón. Como hace unas semanas publicó este periódico, la despoblación empieza a ser un motivo de preocupación.

Pese a ser Gandia la mayor ciudad de la comarca, hay dos municipios que la superan en el saldo vegetativo. Una es Oliva, que es el municipio con mayor diferencia entre defunciones y nacimientos con un total de 70, y el otro es Tavernes de la Valldigna, cuyo saldo vegetativo negativo asciende a 53. En lo que respecta a Gandia, el saldo es de 40.

Solo hay cinco municipios en los que el resultado es inverso al de la mayoría, es decir, donde en 2017 nacieron más vecinos de los que fallecieron. Son Beniflà, con seis alumbramientos por un fallecimiento, Almoines, con una diferencia de apenas una persona más que llegó al mundo (25 por 24), Guardamar de la Safor, con cuatro nacimientos por un deceso y un saldo positivo de tres y el Real de Gandia, con una diferencia de una persona. En Miramar fallecieron exactamente las mismas personas que nacieron, por lo que el saldo vegetativo es cero.

Esta situación unida a la marcha de miles de extranjeros está provocando una importante merma de población en la comarca.

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