Esta vez no han sido restos de una villa romana, ni un yacimiento eneolítico, pero sin duda es una nueva aportación para conocer y divulgar la historia de Gandia. Las obras de construcción de la gran rotonda de acceso al polígono Alcodar desde la entrada norte han dejado al descubierto una calzada de adoquines de hace casi cien años. Se trata de la primera carretera moderna de la ciudad, trazada para poder soportar en aquellos tiempos el incipiente tráfico de vehículos a motor. Posiblemente fue construida dentro del plan nacional de carreteras que se puso en marcha durante la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), un gran proyecto modernizador con el que se pretendía mejorar el estado de unos 7.000 kilómetros de trazado de las carreteras de todo el país, aunque finalmente parece que solo se intervino en la mitad de la red viaria.

Los restos estaban debajo del asfalto de la antigua carretera nacional N-332, en un tramo que, a finales de los años 90, fue cedido al municipio tras construirse la ronda de Gandia que desvió el intenso tráfico de esta vía. «No conocemos la fecha exacta, pero su origen se remonta a los planes de carreteras que desarrollaron en la dictadura de Primo de Rivera y en la segunda República», señala el ingeniero municipal Josep Blasco. «Sabíamos que podríamos encontrar algo en esta zona», agrega.

El coche sustituyó al carro

A principios del siglo XX, el uso de vehículos a motor sustituyó rápidamente al tradicional transporte en carro. Se calcula que en 1900 solo había tres coches matriculados en España y veinte años después ya había más de 30.000 vehículos. Obtener un firme que pudieran usar tanto los carros de caballos como los cada vez más frecuentes coches fue una de las dedicaciones de los ingenieros de la época. «Les preocupaba la durabilidad del firme», apunta Blasco, ya que los herrajes de las ruedas de los carros perforaban con surcos el trazado, y esto suponía un problema para los vehículos a motor. «Tras numerosas pruebas, muchas carreteras comenzaron a cubrirse con adoquines de granito, muy gruesos y pesados». Elementos, por tanto, muy resistentes. Y el acceso a Gandia, como el de muchas ciudades del país, fue así forrado con estas piedras, testigo de las primeras carreteras modernas que existieron.

Vestigios a conservar

Los adoquines han sido descubiertos a unos 40 o 50 centímetros de profundidad, y el Ayuntamiento de Gandia ha decidido dejar a la vista dos tramos de esta antigua calzada, de 10 y 14 metros de anchura, en el interior de la gran rotonda, que, con unos 56 metros de diámetro, estará ajardinada. Por ella discurrirá un paso inferior descubierto para peatones y ciclistas, que podrán desplazarse entre el polígono Alcodar y Santa Anna salvando el tráfico. Los testigos de granito de la antigua calzada se podrán ver, pues, a ambos lados de este tramo interior de la rotonda.

Según señala el coordinador de Urbanismo del ayuntamiento, Vicent Mascarell, la conservación de estos adoquines supone «un ejemplo de que la obra pública de nueva planta es compatible con la protección del patrimonio». El ayuntamiento, añade, «se ha mostrado sensible» ante este tipo de hallazgos y ha acordado «que este nuevo acceso a la ciudad por el norte y al polígono Alcodar permita también poner en valor una de las primeras redes viarias de época moderna de la ciudad», concluye Mascarell.