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Diana Morant

Ximo Puig, Diana Morant y José Luis Rodríguez Zapatero, en el acto del Teatre Serrano del pasado 17 de febrero. natxo francés

h e esperado un cierto tiempo, tal vez mucho para el frenesí actual, antes de decidirme a escribir un puñado de ideas sobre la candidata del Partido Socialista a las elecciones locales en Gandia.

Confesar, en primer lugar, que el formato elegido para su presentación en el Teatro Serrano me pareció todo un acierto. Es posible que a alguien no le haya gustado, pero a la inmensa mayoría que asistimos al acto de presentación en el Teatro Serrano estimo que, como yo, se sintieron gratamente sorprendidos de que por fin se prescindiera de discursos a pie de atril, que la mayoría de veces tan solo pretenden solicitarnos adhesiones más o menos inquebrantables a un relato de la realidad y pedirnos nuestro apoyo y voto. Eso sí siempre bien intencionados pero, para mi gusto, muy transitados.

No fue así. La propuesta y su escenificación mediante un sofá y sillón en el escenario creaba una atmósfera de «comodidad» y, sobre todo, de intimidad que nos trasladó a todos al salón de nuestras casas y la sensación de que, en exclusiva para cada uno de nosotros, tanto el expresidente Zapatero como nuestro presidente de la Generalitat nos hablaran de sus ideas, experiencias de gobierno y creencias íntimas.

No he nombrado aún a nuestra candidata, y ello intencionadamente, porque si hubo alma en todo el acto se debió sin ningún tipo de dudas a la fuerza, calidez, firmeza de convencimiento y cadencia con que se expresó (sé lo que digo) Diana Morant.

Los temas elegidos, tal vez influenciada su elección por la presencia del expresidente del Gobierno, fueron de un hondo calado social, porque estoy de acuerdo con Diana en que Zapatero ha sido el presidente de la consagración de muchos derechos y, sin ningún reparo, profundamente feminista, lo cual le acerca mucho a Diana.

No quiero dejar pasar la oportunidad de rememorar el discurso e intervenciones de Zapatero en el Parlamento sobre la defensa y conveniencia del matrimonio entre personas del mismo sexo como uno de los discursos más difíciles y mejor fundamentados que el que suscribe haya escuchado. Pocas veces me sentí más identificado con las raíces de mi ser socialista.

Bien, la elección de los temas, digamos, fue muy acertada a mi modo de ver, pero ante la talla de los invitados el reto de conducir, exponer los temas etc, no era cuestión menor y he de admitir que en cuanto a su exposición, Diana lo bordó, sin paliativos, hasta el punto de que Zapatero, preso de su calidez y brillantez, confesó que no necesitaba hablar ante tal intervención. Se notaba que estaba más que sorprendido por las palabras que había escuchado de ella, como también lo estábamos todos.

Diana hizo de enlace delicado y siempre acertado entre los dos presidentes. Sus complicidades sobre los temas elegidos fueron aleccionadoras más que ilustrativas. Supo no solo conducir a sus invitados, sino a todos nosotros. Me sentí simplemente orgulloso.

Diana nos llevó de la mano por todos aquellos temas que forman parte de nuestro ser socialista. La cultura (recuperación de la gestión pública del propio Teatro Serrano), igualdad, educación (escoletes), referencia cálida a sus orígenes, violencia de género etc. y, sobre todo, realizó un llamamiento a todo lo que nos hace ser mejores personas.

La alcaldesa es, sin lugar a dudas, una gran candidata. Y lo es después de una de las legislaturas más difíciles y complicadas a las que se ha enfrentado la ciudad. Tenemos suerte los socialistas. Ya tuvimos y brindamos a la ciudad una formidable alcaldesa, como lo fue Pepa Frau, a la que citó varias veces como su referente, y con Diana creo que estamos repitiendo.

Diana, a mí no me cabe la menor duda, ha superado con una nota muy alta el duro examen de gobernar esta ciudad y cada vez más demuestra que es una persona de convicciones profundas y maravillosas. Además, no solo se le adivina, sino que demuestra que posee la fuerza de carácter que se necesita en estos tiempos. Le escuché decir dos adjetivos que me llamaron la atención, «valentía» (es tiempo para los valientes) y «coraje».

Vuelvo a confesarlo, me encantó. Tiene capacidad y lo ha demostrado, y en la presentación hizo un alarde de sensibilidad, profundidad, calidez (el orden no es casual) y si, además, como hizo y repito, efectúa un llamamiento al coraje y a la valentía, tenemos los socialistas una grandísima candidata y Gandia una gran alcaldesa que disfrutar.

Ah!, se me olvidaba. Quería compartir con ustedes que en uno de mis paseos a los que me someto en aras de mi salud, tropecé con un atardecer teñido de un azul melancólico, rota su visión tan solo por el vuelo de un ave rezagada que, apresurada, ansiaba encontrarse con sus compañeras de viaje. No pude evitar que un cúmulo de recuerdos de seres queridos me atropellaran y pensé que vivo en un lugar maravilloso. Espero que me disculpen la digresión, al tiempo que les recuerdo que a Diana no nos la podemos perder.

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