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EL VOTANTE ANTI-WINDSOR

EL VOTANTE ANTI-WINDSOR

EL VOTANTE ANTI-WINDSOR

En uno de sus viajes por el planeta, el famoso escritor Bruce Chatwin recaló en una ciudad africana y, al preguntar dónde podía alojarse le recomendaron que fuese al centro, donde se encontraban los dos únicos hoteles del lugar. Uno, muy deteriorado, ostentaba el pomposo nombre de «Hotel Windsor». El otro, situado frente al primero y también destartalado, lucía un letrero aún más sofisticado: «Hotel Anti-Windsor».

Aunque la inclinación de los votantes por un partido u otro sea un misterio, si algo sabemos es que existe un número de electores desconocido pero intensamente «anti-Windsor» menos misterioso. Son los que votan no a favor de una candidatura sino contra otra, o contra varias, y no ocasionalmente sino siempre. No hay que confundir al votante anti-Windsor con el que decide elegir el mal menor como mejor opción, pues millones de votantes lo hacen, lo han hecho o lo harán. Eso suele ser lo habitual, y de ahí proviene el tópico de que las elecciones no se ganan sino que las pierde el partido derrotado.

El votante anti-Windsor es una figura totalmente distinta. No le importa el escenario político del momento, ni se detiene un solo minuto a considerar si unos partidos lo han hecho objetivamente bien y otros peor o pésimamente (en realidad ni siquiera se pregunta qué han hecho), ni tampoco está dispuesto a perder el tiempo distinguiendo entre políticos decentes o indecentes, eficaces o no, inteligentes o majaderos, porque él ya ha decidido su voto de antemano y la ley le ampara. El votante anti-Windsor tiene un elevado concepto de sí mismo, inversamente proporcional a su sentido de la equidad, de la justicia, de la decencia.

Pero si, a pesar de todo, el voto anti-Windsor es soportable en condiciones normales, en circunstancias en las que está en juego el propio funcionamiento del sistema resulta simplemente perverso. No es un secreto que en Gandia el votante anti-Windsor no escasea: es el que respaldará en las urnas a las derechas y a la ultraderecha, dispuestas a llegar a pactos postelectorales, y el mismo al que, desde la fanática pseudoizquierda residual, no le importará volver a sacrificar su papeleta en el altar de las derechas reaccionarias, como en 2015. Si esa izquierda residual acaba rascando algo, que no se equivoque: será gracias al votante Anti-Windsor.

Desde esta sección se ha pedido ya el voto útil para PSPV-PSOE y Compromís-Més Gandia y hoy lo volvemos a hacer. No por afinidades partidistas sino porque son los únicos que pueden impedir que la ciudad embarranque en un futuro delirante, inédito en 40 años de democracia local, que dejaría el funesto mandato de Torró en un juego de niños.

La situación es tan exótica que, de estar vivo Chatwin y de haber podido conocerla sobre el terreno, habría consultado sus mapas para comprobar si no se encontraba, otra vez, en la ciudad del hotel Anti-Windsor, en un extraño lugar de África.

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