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Entrevista

"De la pobreza se sale si entre todos damos oportunidades a las personas que caen en ella"

Mahiques destaca el papel que desempeña el CAI para ayudar a la reinserción de los «sin techo» en la sociedad

"De la pobreza se sale si entre todos damos oportunidades  a las personas que caen en ella"

"De la pobreza se sale si entre todos damos oportunidades a las personas que caen en ella"

Como director de Cáritas ha trabajado con dos presidentes de la entidad, dos arzobispos y dos alcaldes. La relación con todos ellos, según explica, ha sido inmejorable. Su sucesor, como ya informó este periódico, será Francisco Carrió. La entrevista transcurre en el CAI Sant Francesc de Borja, uno de sus proyectos predilectos.

Deja el cargo en medio de una epidemia mundial, y lo cogió en plena crisis económica. No han sido tiempos fáciles para Cáritas durante su mandato.

Lo primero que me tocó vivir en 2012 fue el cierre de la «escoleta» municipal de Santa Anna, que gestionaba Cáritas, cuando el Gobierno local de entonces decidió la privatización de todas las guarderías infantiles, ese fue un asunto muy difícil. Al mismo tiempo, seguíamos en plena crisis, que ya se había iniciado en 2008. Y, efectivamente, me voy con esta pandemia que nos deja una situación, ojalá me equivoque, bastante más complicada a efectos sociales que las crisis anteriores. Para muchas personas quedarse sin trabajo supone no tener ningún tipo de ingreso, esto está pasando aquí, en Gandia, no digamos ya en algunos países de Latinoamérica o en África, donde muchas familias viven prácticamente al día y el confinamiento agravó su situación.

Una de sus batallas ha sido contra la cronificación de la pobreza, evitar que segundas y terceras generaciones de una misma familia sigan pidiendo ayuda a Cáritas?

Siempre habrá sectores de la población a los que les resultará difícil la plena inserción social y laboral, pero lo fundamental es que todos tengamos las mismas oportunidades en la vida. Y para romper este círculo también es clave luchar contra el abandono escolar, que los jóvenes de esas familias más empobrecidas puedan seguir formándose, en Secundaria, en FP o incluso que accedan a la universidad.

¿Cómo cree que valora la sociedad gandiense a Cáritas?

Creo que de manera muy positiva. No tenemos una gran estructura, pero siempre que les hemos pedido su colaboración y generosidad ahí han estado. Lo pudimos comprobar también el año pasado, cuando conmemoramos el 50 aniversario de la entidad.

Ha tratado con numerosos concejales de Servicios Sociales, de todos los colores políticos. ¿Cómo ha sido esa relación?

Excelente, tanto concejales como alcaldes, porque nunca hemos antepuesto ni la ideología ni la religión, se trataba de ayudar a las personas, si bien yo nunca he escondido que Cáritas es la acción caritativa y social de la Iglesia católica. Y aquí acogemos a todos, con independencia de sus creencias, religión, o el color de su piel.

También se ha interesado estos años porque Cáritas comunique mejor sus acciones.

Así es, con la contratación de una periodista. Fue una apuesta arriesgada en su día, pero yo creo que ha resultado beneficioso y nos ayuda en esa labor de sensibilización, además de tener una memoria anual de actividades. Los medios de comunicación sois también voluntarios de Cáritas. La gente todavía piensa que repartimos bolsas de alimentos, y eso no es exactamente así. A finales del año pasado suprimimos el economato e implantamos una tarjeta prepago que permite comprar con autonomía en los comercios de alimentación. Evitamos así el estigma de las «colas del hambre», que dicen ahora, y ofrecemos a la persona la dignidad que merece, porque la dignidad es algo que nadie nos puede arrebatar.

¿Se puede salir de la pobreza? ¿Ha conocido casos de personas que han rehecho su vida?

Sí. Es difícil, pero sí. El empleo es muy importante para ello, y sobre todo que todos demos oportunidades a las personas que han caído en ella, sin prejuzgar su pasado. Ojalá todos nos aplicáramos aquella máxima de que no somos quiénes para juzgar a nadie. En Cáritas miramos a la persona en su integridad, no por sus circunstancias. Yo no trabajo con toxicómanos o con prostitutas, sino con personas que padecen una adicción o mujeres que no han tenido otra que caer en la prostitución. En este CAI he visto milagros, personas con todo tipo de adicciones y que decidieron no consumir nada tras entrar aquí.

¿De qué proyecto se siente más orgulloso?

Bueno, de todos en general, aunque destacaría dos. Uno es este centro en el que estamos, que ha ido evolucionando mucho, y fue un acierto del V Centenario, en 2010. Otro es el programa «En bona companyia», que ahora está parado por la epidemia, pero que consiste en poner en contacto a jóvenes estudiantes de institutos con mayores de residencias.

¿Qué retos plantea el Centro Hogar María Teresa Marqués, el edificio que se cedió a Cáritas?

De momento hemos trasladado los servicios de día del CAI, pero necesitamos que se involucre el ayuntamiento, porque en tiempos de crisis las personas más vulnerables buscan refugio en las grandes ciudades. Estamos atendiendo a 40 personas.

Y a partir de ahora, ¿a qué dedicará su tiempo libre?

Seguiré trabajando en mi empresa de consultoría social. Me gustaría abordar problemas que me preocupan y a los que no he podido dedicar tanto tiempo, como la prostitución o la cooperación internacional. También quisiera ser algo así como el defensor de los pobres, allí donde me necesiten estaré.

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