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BIC

Gandia eleva a la máxima protección la iglesia símbolo de la apertura del Vaticano II

El templo de Sant Nicolau, en el Grau, que aparenta flotar sobre el puerto, es la última obra de Eduardo Torroja, fallecido un año antes de su conclusión - El uso vanguardista del hormigón, en la base de la declaración como Bien de Interés Cultural

Gandia eleva a la máxima protección la iglesia símbolo de la apertura del Vaticano II

Gandia eleva a la máxima protección la iglesia símbolo de la apertura del Vaticano II

El Ayuntamiento de Gandia, junto al Arzobispado de València, han iniciado el proceso administrativo que, previsiblemente, acabará con la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) para la iglesia de Sant Nicolau, situada junto a la dársena del puerto y que, desde ya mismo, constituye el elemento patrimonial más relevante del Grau.

El edificio, concebido en 1958 y construido hasta 1962, es obra de Eduardo Torroja, que falleció un año antes de su conclusión. En su diseño pensó en una enorme nave central que parece flotar, no solo entre el singular claustro y su lateral sur, sino también sobre la lámina de agua portuaria, que se sitúa a espaldas del altar mayor.

El uso de enormes planchas de hormigón, algo que nunca antes se había hecho en esta ciudad, ya es, de por sí, una singularidad mayúscula en la arquitectura de la época, pero ayer, al presentar el expediente de la declaración de BIC, el sacerdote titular de esa parroquia, Francisco Revert, que también es el representante del arzobispo de València en esta zona, aportó un argumento que hasta hora no había salido a la luz. Revert dijo que esa impresionante estructura que aparece abierta a sus espacios circundantes también constituye un símbolo de la Iglesia de su época. «Este templo responde a esa nueva concepción aperturista a la naturaleza y a la asamblea eclesial que supuso el Concilio Vaticano II».

El sacerdote se refería a aquel trascendental cónclave católico, engendrado desde 1959 e inaugurado por el papa Juan XXIII justo en 1962, que fue, por lo tanto, contemporáneo del diseño y construcción de la iglesia de Sant Nicolau. Los dos, concilio y templo, marcaron sus propios hitos. Un «aggiornamento» en el caso de la Iglesia, en palabras del propio Juan XXIII, y una revolución arquitectónica y vanguardista en el uso del hormigón, en el caso del templo grauero, que diseñaron, junto a Eduardo Torroja, técnicos e ingenieros del nivel de Gonzalo Echegaray y Jaime Nadal.

Estructura y entorno

La declaración de BIC, que tiene que ser aprobada por el Consell de la Generalitat, supone la máxima protección para un monumento, y, desde el punto de vista legal, afecta no solo a la estructura definida, que en este caso es la propia iglesia, su singular claustro y el campanario, sino también el entorno más inmediato. Porque la norma fija que un BIC no se tiene que preservar como una isla, sino que también hay que respetar y el conjunto de la imagen que traslada al exterior.

En ese sentido, la alcaldesa de la ciudad, Diana Morant, que anunció ayer la apertura del proceso administrativo, indicó que el ayuntamiento abordará actuaciones urbanísticas que permitan realzar la estructura, y añadió que, además del «prestigio» que para el Grau y Gandia supondría la culminación del proceso, el templo también se podría acoger, a partir de entonces, a ayudas económicas de administraciones que solo se destinan al catálogo de los BIC.

Junto a Morant y al sacerdote Revert estuvieron en la presentación el concejal presidente de la Junta de Distrito del Grau, Miguel Ángel Picornell, y la delegada de Patrimonio, Alícia Izquierdo. Ambos mostraron su satisfacción por el expediente elevado al Consell de la Generalitat, que es quien tiene la potestad de aprobar el BIC que reforzaría a Gandia como una ciudad de patrimonio que, en este caso, recae en un elemento no histórico, sino en una modernidad de apenas 70 años.

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