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RIBERA, LA CALLE DE LA AMARGURA

Dos imágenes del estado de la calle Ribera de Oliva.

Dos imágenes del estado de la calle Ribera de Oliva.

Aún hoy, mucha gente cree que lugares como San Fernando, Les Bassetes y la famosa Oliva Nova son lugares privados. Nada más lejos de la realidad. Para los derechos y obligaciones dependen de Oliva porque es núcleo urbano. Aunque la distancia sea de cuatro kilómetros, la totalidad de impuestos que se pagan en Oliva lo hacen también los de esa olvidada zona. Servicios tan básicos como limpieza, seguridad y alumbrado brillan por su ausencia. Los pagos no. Los pegolinos con segunda residencia allí están que se suben por las paredes. Calentitos pero bien calentitos?

Los accesos a ese término de Oliva por el norte y por el sur, a través del camino viejo de Dénia paralelo a la nacional 332, son una auténtica vergüenza. Baches, estrecheces y rastrojos campan a sus anchas y no digamos cuando viene una «Gloria» y no me refiero a las madalenas. Venecia en Italia, es de secano comparado con lo que allí ocurre. El ayuntamiento lo soluciona vallando por tierra, mar y aire los accesos y ¡almorzar que se hace tarde! Solo falta el cartel de «¡¡Sálvese quien pueda!!» La incomunicación es total.

El contaminado río Racons (Molinell) en el sur y el Bullent-Vedat en el norte, con puente romano incluido (dos metros), tampoco está para echar cohetes, son pruebas fehacientes de la basurería infecciosa que por aquel entorno anida. Y si faltaba algo, los dos desembocan en el mar. En la del río Racóns, para coger moreno sin riesgo dermatológico por el sol, hay algunos bañistas que no salen de la desembocadura. Ahora entiendo lo de la cercana playa de Aigua Morta. I ben morta!

En ese "idílico" lugar hay una calle (y repito calle) llamada Ribera, que todos los veranos es un avispero de conflictos, casi todos provocados por la Policía Municipal de Oliva con sus jefes a la cabeza. De las decenas de calles existentes sólo tienen fijación casi enfermiza, por la del famoso pintor de Xátiva. Día sí y otro también, salvo alguna excepción, se hartan de poner multas y además disfrutando. Sus caras les delatan. Por las demás pasan silbando; entre ellas, la calle Salvador Dalí con su faraónica obra y su valla metálica y de cemento, clavada en la calzada con sus casi cien metros de longitud. ¡Con un par¡

La Policía Local dice que multan en la calle del pintor xativí porque está prohibido aparcar o que es una vía de servicio. Ni una cosa ni la otra. No hay ninguna señal que lo acredite y las que hay para otros menesteres, hace 25 años que están descatalogadas o no se ven por rovellaes.

El otro día paró un carricoche playero delante de mi casa. Creo que era un policía juvenil. Se situó en medio de la calzada entorpeciendo el paso a otros vehículos. Me acerqué y le pregunté por qué multaban allí. Sin apartarse y holgadamente sentado, me contestó en varias ocasiones en plan vacile, que no entendía mis preguntas. Creo que deliberadamente me estaba grabando o transmitiendo mi enfado a través de su walkie talkie y miento si digo que no me puse un poquito nervioso, por lo que recurrí a la frase de: ¿Tú sabes quién soy yo? Saltó como un resorte del carricoche y me espetó: «le voy a multar por amenazas y desacato a la autoridad». En aquel momento, se me pasó por la cabeza pegarle un calbot y mandarlo a su casa a tomar su taza de Cola Cao matutino. Podría ser mi nieto. Me pidió la documentación. Le puse mi DNI en su asiento por aquello del «bicho», le di la vuelta como una chuleta, cogió su Samsung y lo fotografió. Creo que el agente juvenil entendió mal mi frase. Se lo dije un poco en plan coña porque al llevar la mascarilla es de cajón, que no podía saber quién era yo. La otra interpretación la dejo para mentes políticamente calenturientas.

En esa maldita calle se puede aparcar tranquilamente sin perjudicar a nadie. No cuela que es una vía de servicio porque no lo es. El María Moliner lo puede aclararlo mejor que yo. Tampoco cuela, que hay dos vecinas «locuelas» que lo denuncian y, mucho menos que aparcan delante de los vados. Ellas no tienen. Y de accidentes, ninguno. La calle es una más de las tantas que hay en el lugar pero con una pequeña diferencia: a las otras, salvo rarísimas excepciones, están exentas de papeletas rosas. A esta la siguen crujiendo viva. This is the question.

Por órdenes o por desórdenes, los eficientes policías se olvidan de lo más importante: controlar la fétida, y no sé si legal, «depuradora» o lo que sea que está al comienzo de la calle, a medio metro de la acera y Sanidad sin venir. Están más pendientes de si la ensaladilla de un bar está fuera de la vitrina que de ver lo que allí ocurre. Hay varias, ensaladillas, digo depuradoras. O informar de los sucios y horrorosos jardines que allí existen. Los bancos de cemento están todos mutilados. Eso, que es lo grave, no lo ven los señores agentes, ni tampoco la gran suciedad de las calles, ni la nula señalización de la calzada, hasta con tiza nos conformaríamos o la falta de basureros o el arreglo de los insalubres solares. ¡Tan poco cuesta informar a los superiores! Y por si faltaba poco, Correos tiene olvidadas las zonas. Dicen que les pilla lejos. La playa de Oliva está a un kilómetro y medio menos y les llegan las cartas sin ningún problema, ¿pagarán más impuestos?

Reconozco que están acabando con la pobre gente que viene a bañarse con sus coches invasores. La mayoría con matricula de dos letras (treinta años de antigüedad). Aún se ven neumáticos de Pegaso y sombrillas de Orangina. La fábrica cerró hace cuarenta años. No son Cayetanos ni tampoco Borjamaris. De esos cada vez quedan menos. Cinco jerséis al cinto, cuatro cocodrilos, dos o tres caballitos, algún que otro BOSS y poco más. Esto ya no es lo que parecía que era.

El Señor alcalde, al que no supongo informado de todo este despropósito, debería tomar buena nota. Me parece un buen tipo?

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