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Los desprendimientos del Monestir de la Valldigna revelan años sin actuaciones

Los florones de la iglesia llevan diez años esperando ser recolocados

El imponente Portal Nou del Monestir de Santa Maria de la Valldigna, en Simat, en una imagen tomada esta misma semana.

El imponente Portal Nou del Monestir de Santa Maria de la Valldigna, en Simat, en una imagen tomada esta misma semana.

El cierre de gran parte del Monestir de la Valldigna debido a los desprendimientos que han sufrido algunos de los elementos arquitectónicos, como ha publicado Levante-EMV esta misma semana, ha sacado a la luz la verdadera situación de un espacio al que todos los gobiernos autonómicos consideran una joya cultural pero que nadie cuida como tal.

Y es que hace mucho tiempo que no se lleva a cabo ninguna actuación seria de mantenimiento en el recinto, con especial cuidado de aquellos puntos que precisen mayor atención. Es algo de lo que se quejaban tanto el alcalde de Simat de la Valldigna, Víctor Mansanet, como el presidente de la Mancomunitat y primer edil de Benifairó, Josep Antoni Alberola. Ambos coincidían en afirmar que el Consell «llega tarde» y que las actuaciones que ahora se llevarán a cabo de manera urgente tendrían que haberse ejecutado mucho antes para no tener que llegar a este punto.

Es la propia Generalitat quien reconoce que la situación del Monestir de la Valldigna no es la mejor. La Dirección General de Patrimonio, en respuesta este periódico, explicaba que se está tramitando la licitación de obras de «urgencia» porque, además de los desprendimientos que afectaron a un pedazo de unos arcos góticos situados entre la iglesia y la sala capitular, hay otros elementos que presentan problemas y riesgo de caída, y eso supone un peligro para los visitantes, de ahí que esté cerrado medio recinto. La medida es dramática, ya que afecta a los espacios más espectaculares del histórico conjunto, como son la sala capitular, el refectorio, la iglesia o el Palau de l’Abat, elementos en los que, además, se ha invertido muchísimo dinero en obras de restauración y consolidación.

Esa falta de actuaciones no es nueva. Hace ya una década la Generalitat compró a la parroquia de Sant Joan de Benifairó unos florones que pertenecían al Monestir de Santa María y que decoraban las claves de sus bóvedas. Retirados durante la desamortización, acabaron coronando el templo parroquial del municipio vecino. Estos elementos fueron adquiridos por un valor de 40.000 euros en 2010. Luego pasaron por un trabajo de restauración y en 2017 estaban listos para ser colocados. Sin embargo, en la bóveda de la iglesia del monasterio, donde van situados, se siguen viendo los huecos que dejaron al ser retirados y donde debían ser repuestos.

Según ha podido saber este periódico, los florones llevan al menos tres años, desde que en 2017 llegaron para ser instalados, guardados en cajas en una zona apartada y a merced de la humedad y de otras inclemencias, que pueden acabar por dañarlos. Los alcaldes, de hecho, se quejan de que el moho en las paredes interiores de la iglesia es evidente.

Otro de los aspectos que demuestran que la Generalitat no ha prestado atención al monumento es la falta de aplicación del Plan Director. Hace años que no se realiza ninguna excavación ni tampoco restauración ni obras de mantenimiento. El presidente de la Mancomunitat, Josep Antoni Alberola, considera que esta falta de iniciativa por parte del Consell ha hecho que «ahora se produzcan los desprendimientos».

Si las zonas ajardinadas ahora están más o menos arregladas es porque la brigada del Ayuntamiento de Simat se encargó de hacerlo tras comprobar que los hierbajos secos habían tomado el monasterio y que había un evidente abandono de esos trabajos que afeaba la vista a los visitantes.

Alberola lamenta que la Generalitat «no tiene un proyecto de qué quiere hacer» con el Monestir de Santa Maria de la Valldigna y de ahí esa falta de interés.

Por si esto fuera poco, los alcaldes denuncian la actual situación donde «el guardia de seguridad es el que más manda ahora en el monestir», lo que provoca situaciones en las que «los artistas que vienen a actuar no pueden utilizar los baños y tienen que ir al bar más próximo», además de que les han impedido acceder, incluso con un acto programado, teniendo que trasladarse de urgencia a la Casa de Cultura de Simat.

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