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El Bellreguard que soñó un emigrante

El espacio, ahora gestionado por dos de sus hijos, alberga especies animales en peligro de extinción y se han repoblado en otras zonas

El Bellreguard que soñó un emigrante

El Bellreguard que soñó un emigrante

En Bellreguard nunca se pone el sol. Mientras los vecinos y vecinas de esta localidad de la comarca de la Safor duermen, a la otra parte del Atlátinco, a más de doce horas en avión y en pleno estado de Veracruz, México, la vida vegetal y animal sigue su curso en las más de 640 hectáreas de superficie que forman la reserva natural llamada «Bellreguart de Sochiapa», y viceversa. Esta coincidencia en el nombre no es una casualidad geográfica. Su artífice es Miguel Ros Llopis, un ilustre bellreguardino que, pese a dejar el pueblo a una edad muy temprana para emigrar al país norteamericano para reunirse con sus padres, jamás olvidó unos orígenes que nunca escondió a sus trece hijos. Dos de ellos, Carlos y Rafael Ros Torres fueron quienes bautizaron aquel lugar en homenaje a su padre y actualmente lo gestionan.

Es Carlos quien, a través de videoconferencia, explica que «Bellreguart de Sochiapa», nombre que traducen como «Bello resguardo del río de las flores», se emplaza en el estado de Veracruz, a pocos kilómetros de la ciudad de Tenampa y de la costa del Golfo de México. Cuenta con 640 hectáreas de superficie, es decir, que podría caber dos veces y media todo el término municipal de la localidad saforense. Cuenta con desniveles que van desde los 350 a los 850 metros sobre el nivel del mar, una orografía que forma espectaculares barrancos de hasta 400 metros que son una gozada a la vista. Alberga infinidad de especies vegetales y animales, algunas de las cuales estaban en peligro de extinción hacía tiempo y han vuelto a expandirse por el país tras renacer en este entorno.  

La riqueza vegetal del espacio se debe en gran parte a esa estructura orográfica de grandes barrancos. Dadas estas diferencias de niveles en el rancho cohabitan el bosque de encino, vegetación de sabana, selva baja, selva mediana y vegetación de galería, que es la que está pegada a los ríos. «La fauna silvestre es muy diversa, muy variada», señala Carlos Ros. Así, la reserva de «Bellreguart de Sochiapa» cuenta con aves, mamíferos y reptiles. «Encontramos varias especies de loros de cabeza amarilla, cotorras cuchas, pericos verdes, tucanes, las chachalacas (gallina silvestre), hocofaisanes, pava, cojolita. También cocodrilos de pantano», señala Carlos Ros Torres.

Fue en el año 1996 cuando la familia adquirió los terrenos que se convertirían en la reserva natural. Entonces, Miguel Ros tenía 80 años. «Fue el último proyecto de su vida», explica su hijo. A mediados de los 90, a Miguel, que había dedicado sus últimos años a la explotación de granjas ganaderas y agrícolas en las que se dedicaba a la siembra, crianza y engorde de ganado, le ofrecieron comprar la finca. «Como yo soy ingeniero agrónomo me pidió que fuera a visitarlo y comprobar si era un buen rancho para la explotación de ganadería y agricultura», explica Carlos. Realmente, narra el hombre, no servía para tales menesteres. «Yo recorrí la propiedad y me di cuenta de que sus características no eran las más deseables para dedicarlas a la ganadería y la agricultura». Pese a ello, «me pareció un lugar muy bonito», señala el hijo. Por ese motivo, invitó a su padre y a uno de sus hermanos, Rafael, a visitarlo. «Ellos eran reticentes. Me decían que si a mí no me gustó para qué tenían que venir a verlo. Yo les insistí y finalmente vineron y se enamoraron de aquel lugar». El final ya es conocido: adquirieron los terrenos y se convirtieron en «Bellreguart de Sochiapa».

Una vez eran de su propiedad, «vimos enseguida que debíamos hacer un proyecto diferenciador, que no tuviera nada que ver con la ganadería ni la agricultura». Y así fue como «nos decidimos por la conservación de la vida silvestre, tanto en flora como en fauna», detalla quien hoy gestiona el espacio junto a su hermano Rafael.

La familia dedicó los primeros años a trabajos de refaunación y reintroducción de animales. Por una parte se buscaba reforzar las especies que ya habitaban en aquellas tierras y por otra se introdujeron algunas que no existían «pero que queríamos que estuvieran allí». Ros remarca que algunas de las especies animales «se encuentran en categoría de riesgo de extinción, de ahí el valor de la reserva como refugio de patrimonio animal. El propietario apunta que gracias al trabajo realizado en «Bellreguart de Sochiapa», algunas especies han repoblado otras zonas, como es el caso del cocodrilo de pantanos.

En la reserva natural, los animales viven de manera libre. La familia propietaria ofrece visitas guiadas, campamentos familiares observación de aves y, a muy pequeña escala, turismo cinegético. Carlos Ros se encarga de la parte técnica, mientras que su hermano, Rafael, se encarga de la gestión administrativa del parque.

Carlos recuerda que, a una edad avanzada, Miguel Ros Llopis aún recorría la finca a caballo. «Era muy fuerte, muy de campo y él sabia que todos estos miles de árboles que se estaban plantando y animales que se estaban introduciendo y cuidando en la reserva no los iba a ver producir». Pese a ello, «siempre fue muy entusiasta con el proyecto», relata su hijo. «Tenia un poco de prisa y desesperación por que ya se vieran muchos venados, porque sabía que no le quedaba tiempo para ver aquello, pese a ello lo impulsó y apoyó».

Un importante empresario

Miguel Ros Llopis nació en 1906 en Bellreguard y falleció a los 93 años. Pasó gran parte de su vida en México. Tenía quince años cuando, el 17 de octubre de 1921, se embarcó en el navío Antonio López Heredia para desplazarse hasta el país americano. Allí, tras cuarenta días de viaje, se encontró con sus padres, Juan Bautista Ros y Josefa Llopis. Estos llegaron al país cuando Miguel era muy pequeño, por loque que a él le dejaron en Bellreguard a cargo de una tía. «No quisieron desplazarle, consideraron que no era prudente», explica Carlos Ros Torres. El padre de Miguel era carpintero y realizaron un viaje en busca de maderas preciosas. Una vez allí fueron «pescados» por la revolución mexicana, lo que les impidió regresar a Bellreguard y, por tanto, poder criar a su hijo, que quedó a cargo de su tía.

Cuando Miguel llegó a aquel país solo hablaba valenciano, así que tuvo que aprender desde cero a expresarse en castellano. Esa cuestión, a la postre, fue positiva porque «no tenía nada de acento español, parecía un mexicano más y eso le favoreció a la hora de relacionarse y encontrar trabajo».

Lo primero que descubrió al llegar fue que tenía tres hermanos más: Salvador, Francisco y Guadalupe Ros Llopis. 

A Miguel Ros le fue bien. Se conviritió un empresario muy importante en México, donde gestionó empresas en distintos sectores. Se dedicó a la madera, a la industria forestal, fue comerciante de coches, con dos concesionarios de la marcha Crhysler. También abrió establecimientos de venta de maquinaria agrícola y fundó una de las empresas más importantes del país de molinos de ingenio para la industria azucarera, 3M. «Pero su gran pasión siempre fueron los ranchos y la ganadería», explica su hijo. Y a eso fue a lo que se dedicó los últimos años de su vida, antes de crear «Bellreguart de Sochiapa». 

Miguel Ros siempre tuvo presente a su municipio

Miguel Ros Llopis era muy pequeño cuando dejó Bellreguard para emigrar a México, pero nunca olvidó de dónde venía. Por eso, no dejó de visitar el municipio a lo largo de su vida. La última vez que lo hizo ya tenía 75 años. Ese amor por Bellreguard lo inculcó a su hijos, que también han visitado la localidad en alguna ocasión y que no dudaron en poner el nombre del municipio a la gran reserva natural que gestionan en Veracruz. Carlos Ros, uno de los gestores del rancho, por ejemplo, estuvo en la localidad de laSafor cuando tenía 19 años, hace cuatro décadas. Miguel, además, sufragó parte de la construcción de la actual iglesia de Bellreguard. En el municipio, según explica Carlos Ros, aún quedan algunos familiares de la parte de los Llopis. Miguel vivió con su tía durante más de una década hasta que pudo viajar con sus padres a México. 

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